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lunes, 27 de agosto de 2018

Querido Diario, 27 de agosto de 2018

Querido Diario:

Ayer domingo nos cambiaron de sala y no tuve que vigilar el Claustro de los Jerónimos. ¿A que no sabes dónde me pusieron? Pues no, esta vez no me tocó vigilar la sala 12, la de Las Meninas, sino las salas 7A a la 10A, que son las de Pintura Española del siglo XVII... Ribalta, Zurbarán, Naturalezas muertas de ese siglo, los cuadros del Salón de Reinos del antiguo Palacio del Buen Retiro y mi querido fray Juan Bautista Maíno. Sí, las salas de mi pintor preferido.

Y después de estar casi un mes entero vigilando el Claustro, ya se me había olvidado que la gente suele hacer fotografías que no están permitidas; se me había olvidado que la gente suele señalar los cuadros atravesando el límite de las catenarias; se me había olvidado que la gente suele señalar los cuadros con los planos, bolígrafos, patillas de las gafas,... ¡¡¡SOCORRO!!! Con lo a gusto que estaba en el Claustro, jejeje.

En fin, estaba en el mis salas, vigilando, cuando entró una mujer con sus dos hijos de unos diez y ocho años, más o menos, y la abuela. La madre llevaba el móvil encendido, en la opción "cámara", medio escondida entre las manos. Pero se nota perfectamente pues se veía que la pantalla estaba en movimiento, viéndose lo que enfoca. Y los vigilantes no somos tontos y nos damos cuenta al momento. Y ya que lo había detectado, me acerqué a ella...

-Perdone, pero como veo que lleva la cámara encendida, le informo que no se pueden hacer fotografías en el Museo.

-Ya. Es que estoy buscando una información.

-¿Con la cámara?

... bueno, esta última pregunta solo lo he pensado. Rápidamente se ha dado cuenta que tenía el móvil en modo "cámara" y lo ha apagado.

En este momento me quiero parar y hacer una reflexión seria. Ya sabes que no es mi estilo, querido Diario. No es mi estilo ni pretendo ponerme serio, pero ya no puedo más...

Lo que me preocupa es pensar en la educación que estamos dando a los hijos... qué sociedad estamos educando. Qué sociedad estamos preparando para el día de mañana...

Esta mujer estaba con sus hijos que ya se enteraban de todo y, al llevar la cámara tapada, seguro que más de un vigilante ya la habría informado que no se pueden hacer fotos en el Museo. Y aun así, sigue haciéndolas delante de sus hijos. Está dando a entender, está enseñando a sus hijos que se pueden saltar las normas de donde sea, si les apetece.

Y hay que saber, y por tanto entender, que una norma, por muy absurda que nos parezca, tendrá un porqué y, aunque no lo tenga, hay que respetarla y cumplirla.

Y si no lo hacemos, estamos educando a nuestros hijos que pueden hacer lo que quieran, saltándose toda norma si les da la gana, ya que es lo normal y lo correcto. Así nos va y así nos irá en un futuro no lejano. Sinceramente, me da pena la sociedad que estamos criando.

Pero, bueno, perdona, querido Diario, por ponerme serio, pero alguna vez lo tendría que soltar, para no reventar.

En fin, que estando delante del cuadro La rendición de Breda, también conocido por Las lanzas, que está en la sala con los cuadros del Salón de Reinos, un señor de unos cuarenta y cinco años, señalándolo, ha dicho a sus hijos...

-Mirad, el cuadro de las espadas.

Bueeeeno, si usted lo diiiice... espadas, lo que se dice espadas... va a ser que solo hay cuatro a simple vista, pero lanzas... más de sesenta, divididas en tres grupos, el de los vencedores, el de los vencidos y el del grupo del fondo.

Pero hoy no he venido a hablarte de este cuadro, querido Diario. Algún día lo haré, te lo prometo. Pero es que me gustaría hablarte de otro de mi "amigote" Maíno. Siento ser tan cansino con este pintor, pero es que es mi preferido y me puedo pasar horas y horas delante de sus cuadros, y no me cansaría.

¡Bueno! El cuadro del que te quiero hablar es San Juan Evangelista en Patmos, que lo pintó fray Juan Bautista Maíno entre los años 1612 y 1614.

Y es que en febrero del 1612 Juan Bautista Maíno firmó un contrato en Toledo para realizar las pinturas del retablo mayor de la iglesia del Convento de San Pedro Mártir, de esa ciudad. Es cierto que Maíno se comprometió a realizar el retablo en solo ocho meses, pero en su cabeza tenía otros planes, como era el ingresar en la Orden de Dominicos, en ese mismo convento, cosa que hizo en julio de 1613. Por eso se retrasó un poquiiiito... Terminó las pinturas del retablo en diciembre de 1614, con catorce meses de retraso sobre la fecha de entrega acordada. Supongo que por ser "de la casa" se lo perdonarían.

Para este retablo se dispuso que arriba, en lo que se llama "ático", flanqueando a un Cristo tallado, hubiera dos pinturas de medio cuerpo de santo Domingo de Guzmán y santa Catalina de Siena.

En el centro, presidiendo el retablo estaba, en una hornacina, la imagen de la Virgen del Rosario. Y el padre Antonio de Sotomayor, que era el Prior del convento, dijo que como la iglesia era de culto público, y por tanto tenía que ser didáctica, las calles laterales que bordeaban a la Virgen tenían que tener las cuatro fiestas más importantes del calendario litúrgico de la iglesia, también llamadas "las Cuatro Pascuas", que son la Natividad, representada por al adoración de los pastores, la Epifanía, también llamada adoración de los magos, la Resurrección el Señor y Pentecostés, que es la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y sobre los apóstoles.

Y abajo, en lo que se llama "predela", como era el retablo del templo de un monasterio, tenía que tener presencia santos que habían consagrado su vida al retiro y a la oración. Estos serían san Juan Bautista, san Juan Evangelista, santa María Magdalena y san Antonio Abad.

¿Sabes, querido Diario? Esas diez pinturas del retablo permanecieron en su su sitio original hasta el año 1836, que por la Desamortización eclesiástica, pasaron primeramente al Museo Nacional de Pintura y Escultura, más conocido por el Museo de la Trinidad, en Madrid, y posteriormente, al Museo del Prado.

Y uno de estos cuadros de la predela es el nuestro... San Juan Evangelista en Patmos.

Es relativamente pequeño. Mide, si bien recuerdo, 163 centímetros de ancho por 74 de alto. Es, por tanto, apaisado.

Si te fijas bien, querido Diario, Maíno llevó la figura de san Juan Evangelista al lado derecho de la composición, colocándolo en un rinconcito, y llenó casi todo el cuadro del paisaje, dejando que fuera la isla de Patmos, con su mar y su cielo, el auténtico protagonista.

¿Que dónde está Patmos? Buena, pregunta, querido Diario. Patmos es una isla griega muy pequeña y está en el mar Egeo, al sureste de Grecia, más cerca de Turquía que de la propia Grecia. Allí fue donde se retiró san Juan Evangelista y tuvo las visiones que luego escribió en el Apocalipsis.

Ahora quiero que te fijes en san Juan. Está sentado sobre una roca, con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda, mirando al cielo, a un punto indeterminado, absorto en una visión que luego escribirá en el libro que tiene encima de la pierna. Maíno era tan detallista que hasta pintó el tintero para mojar la pluma y escribir, que tiene el santo en la mano izquierda.

Y tenía tal precisión en los detalles que, aunque en la fotografía que te he pegado a un lado no se aprecie bien, en el cuadro original se ve perfectamente hasta las uñas del pie izquierdo, el que está apoyado en el suelo.

Ah, que se me olvidaba. Al lado del santo, agachada, hay un águila, que es el símbolo de san Juan Evangelista. Me explico...

Cada evangelista está representado por un símbolo, que se llaman tetramorfos. Fue una visión que tuvo san Juan Evangelista y que escribió en su Apocalipsis, que dice...

"Y en medio del trono y a su alrededor, había cuatro vivientes, llenos de ojos por delante y por detrás. El primer viviente era semejante a un león, el segundo a un toro, el tercero tenía cara como de hombre, y el cuarto viviente era semejante a un águila en vuelo". (Ap 4, 6-7)

Y según la tradición, cada uno de estos "cuatro vivientes" es un evangelista. El león representa a san Marcos, el toro se identifica con san Lucas, al hombre con san Mateo y al águila con san Juan. Me podía explayar y contarte el porqué de cada símbolo, pero, para no cansarte, hoy te diré, querido Diario, solamente que el evangelio de San Juan trata de caracterizar lo "más elevado" y profundo del pensar del Cristo. Por eso se centra en plasmar la visión de Dios, desde el Cielo. Y por tanto está representado por un águila, que ve todo desde el cielo.

En fin, para terminar, y como siempre he dicho, para gustos están los colores y los pintores... y mi preferido en el Museo del Prado es fray Juan Bautista Maíno.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro San Juan Evangelista en Patmos - 1612-1614, de fray Juan Bautista Maíno, que se puede contemplar en la sala 7A).

sábado, 18 de agosto de 2018

Querido Diario, 18 de agosto de 2018

Querido Diario:

Hoy una compañera me ha dado una noticia que no sé cómo tomármela... Me ha dicho que una academia que prepara la oposición para vigilantes de salas del Museo del Prado ha recomendado a sus alumnos que te lean. Ya ves, querido Diario, me consideraba "bloguero", por lo de escribir en un blog, pero ahora me tendré que considerar "influencer", jejeje. Para mí es un honor, cómo no, pero... como siempre en mí, hay un pero... es que son a los alumnos que estudian la misma oposición a la que me voy a presentar yo. No digo más... y lo digo todo.

Pero aunque me he pasado toda la tarde pensando si esa noticia era buena o mala, me he acordado que ayer me vino a visitar una cotilla que te lee a hurtadillas. Volvía del descanso cuando mi relevo me dijo que una pareja me estaba esterando...

-¿¿¿Ehhhh???

Pues, sí. Andrea, que es la cotilla, y su hijo querían conocerme y agradecerme mi trabajo por el diario. Ya ves, querido Diario, como si escribirte fuese para mí un trabajo. Si es todo lo contrario... un placer.

Gracias, Andrea.

Ah, que se me olvidaba... también la semana pasada se me presentó otra pareja que te lee. Bueno, si bien recuerdo era ella la cotilla. Pero tuve el fallo de no preguntarles su nombre. ¡¡¡Me cachis!!! Gracias, igualmente.

¿Sabes, querido Diario? Me encanta que se me presenten las cotillas y los cotillos que te leen a hurtadillas. Me hace mucha ilusión. Pobre de mí, con poca cosa se me contenta.

En fin, cambiando de tema, el mes sigue "enclaustrándome", jejeje. En un principio pensé que estar un mes entero vigilando en el Claustro de los Jerónimos iba a ser tedioso, pero, como te comenté el 8 de agosto, han puesto una pequeña cafetería y eso anima a la gente a subir para ver el claustro y ya de paso tomarse una café o una cerveza. Eso sí, como no se puede comer ni beber en el Museo, lo tienen que consumir en las mesas que han colocado al lado de la barra. Y algunos días suben más gente o otros días no sube casi nadie. Por eso le estoy cogiendo gustillo a vigilar en el Claustro.

Pero poco tengo que hacer... como en el Claustro se pueden hacer fotografías, no tengo que estar pendiente de eso. Solo tengo que estar vigilando para que no toquen las esculturas, que no pasaría nada, pues las esculturas son duras y no se estropean. Pero si la normativa dice que no se pueden tocar las esculturas, mi trabajo es hacer que se cumpla.

También tengo que estar pendiente que la gente no ande descalza, pero este mes solo me ha pasado dos veces... y por niños pequeños. La verdad, aunque lo barren y lo friegan todos los días, con el uso, el suelo se ensucia. Y con lo sucio que está, no entiendo como los padres dejan que, en este caso, una corra descalza y otra, u otro, porque no sé si era niño o niña, gateara... y encima, para más inri, descalza. Debe ser que "lo que no mata, fortalece".

Y otra cosa de la que tengo que estar pendiente es que no tiren nada al patio de luces que tiene el Claustro para dar luz a las salas de las exposiciones temporales que están en los pisos de abajo. No entiendo por qué la gente es tan guarra, con perdón. Echan de todo... monedas, planos, folletos, entradas troceadas como si fuera confeti,... Y lo hacen en décimas de segundo, que no te da tiempo a frenarles, solo a decirles que no se puede tirar nada... después de que ya lo han hecho, claro. Por suerte, en lo que llevo de mes solo han tirado tres planos, un folleto de una exposición temporal... y una carcasa de móvil. Y, orgulloso de mí, he de decir que no ha sido mientras yo he estado vigilando.

Eso sí, los visitantes me ven con cara de saber de todo, o con cara de guía turístico, pues no pasa un día que alguien me diga...

-¿Me puede explicar la historia de este Claustro?

La mayoría de las veces les indico dónde está la cartela explicativa, que se ve perfectamente, y otras veces, cuando veo que no hay nadie más, pues mi trabajo es vigilar, no explicar, se la medio comento en treinta segundos.

Y es que ese claustro formaba parte del Monasterio de San Jerónimo el Real. Esta institución religiosa se creó en 1464, pero se estableció en este paraje en 1503. El rey Felipe II, como ya te comenté el 11 de julio, pidió que se creara un "cuarto real" en torno a la iglesia de San Jerónimo, que más tarde ese cuarto quedó integrado en el Palacio del Buen Retiro.

Volviendo al claustro, éste no fue el original de principios del siglo XVI. EL actual se empezó a construir en 1672 y se terminó diez años más tarde, en 1682, sustituyendo al antiguo. Fue diseñado por el arquitecto agustino fray Lorenzo de San Nicolás.

¿Sabes, querido Diario? Está realizado con granito madrileño y en el estilo se nota que tuvo mucha influencia la arquitectura de El Escorial, ya que es clásico y austero.

Continuando con la historia, en la Guerra de la Independencia contra los franceses sufrió muchos daños y casi fue demolido en el año 1857. Menos mal que no lo hicieron, pues entonces no tendríamos esta obra de arte arquitectónica.

En 1925 fue declarado Monumento Nacional. Y en el año 2000, cuando el arquitecto Rafael Moneo hizo la ampliación del Museo, el Claustro de los Jerónimos fue desmontado, piedra a piedra, se numeraron, se limpiaron, se restauraron y se colocaron en su sitio... hasta ahora.

Imagínatelo, querido Diario... el claustro tiene casi tres mil bloques de piedras y menos mal que cuando lo montaron no sobró ninguno, jejeje.

Y como lo prometido es deuda, el 8 de agosto te dije que iba a hablar de la otra estatua de cuerpo entero que María de Hungría, la hermana de del emperador Carlos V,  mandó hacer a Leone Leoni en 1549, aparte de la de su sobrino. Bueno, le mando hacer diez, pero solo hizo dos... la de Felipe II y ésta, María de Hungría.

El destino de estas estatuas era la galería dinástica que María había proyectado en el Palacio de Binche, en Bélgica. Pero Leone Leoni demoró un poquiiiito su realización... por lo menos hasta 1553. Al final, el escultor entregó a María de Hungría su estatua en 1556, dos años después de que las tropas francesas arrasaran Binche. Ya ves, querido Diario, nunca llegó a ocupar el lugar para el que había sido diseñada.

Pero la historia no termina ahí. Sigo...

Ese mismo año, 1556, María se trasladó a España, y las esculturas siguieron el mismo camino, acompañadas por Pompeo Leoni, el hijo de Leone, que se trasladó a Madrid para completarlas... en 1564, ocho años después, realizando la basa, incluyendo en ésta la inscripción...

"Maria Austria Regina Ludovici Ungariae Regis" Reina María de Austria [esposa] del rey Luis de Hungría).

Y como nuestra María de Hungría falleció en Cigales, cerca de Valladolid, en 1558, dos años después de su llegada a España, nunca vio terminada su estatua.

En fin, la escultura de María de Hungría es de broce y mide 175 centímetros de alto. Supongo que sería la altura real de la hermana del rey Carlos I de España, viuda del rey Luis II de Hungría y gobernadora de los Países Bajos, o sea, María de Habsburgo, también conocida por María de Austria o María de Hungría.

En su condición de viuda, la estatua de María no podía llevar la vestimenta con mucha decoración. Y hay que reconocer que esta limitación fue positiva, ya que Leone tuvo que jugar con los pliegues de la ropa para darle el dinamismo y la majestuosidad que tiene la escultura.

¿Qué es lo que vemos? Pues a nuestra María de pie, vestida como te he dicho antes, de viuda. Tiene las manos juntas, sosteniendo un misal. En la cabeza lleva una toca que parece una monja.

¿No te has dado cuenta, querido Diario, que en el cuadro Las Meninas, detrás de Isabel de Velasco hay una monja? Pues no es una monja, sino una viuda. Es que en aquella época, las viudas se vestían con una toca en la cabeza, como las monjas.

Ah, por cierto, la viuda de Las Meninas se llamaba Marcela de Ulloa y era una dama de honor de la infanta Margarita.

Siguiendo con la estatua de María de Hungría, si te fijas bien, querido Diario, verás que lleva por el cuello una estola, que es una especie de bufanda que le llega casi hasta los tobillos. La verdad, esa estola era un tema que me "rallaba"...

-¿Cómo una viuda lleva una estola sacerdotal?

Es que la estola es una prenda litúrgica que utilizan los sacerdotes o los diáconos en la administración de los sacramentos. Es una prenda de tela que se pone alrededor del cuello. Los diáconos se la colocan en el hombro izquierdo y se la cruzan por el pecho y la espalda, ajustándola en el lado derecho de la cintura. Y los sacerdotes se la ponen en el cuello y los lados cuelgan sobre el pecho, por delante.

Entonces, si es una prenda litúrgica que utilizan los sacerdotes o los diáconos, ¿cómo es que la lleva nuestra María?

Tiene su explicación, y es que como la estatua se ve de abajo a arriba no se aprecia bien... la toca tiene unos extremos muy largos. Están anudados sobre la nuca, cosa que no se ve desde abajo, cayendo hacia delante, y están rematados con unas cruces, formando una especie de estola.

¡¡¡Bien!!! ¡¡¡Está solucionado!!! No es que sea una estola, sino los extremos de la toca que caen en forma de estola. Y se trata de una indumentaria que, según su biógrafo Alessandro Nogarola, se ponía cuando iba a la iglesia o cuando se presentaba como majestad.

Mañana me fijaré bien, a ver si se aprecia el nudo de la toca en la nuca, y te lo cuento después, querido Diario.

Ah, ¿sabes? Para realizar esta estatua, Leone Leoni partió de un busto que había hecho en terracota durante su primer encuentro que tuvo con María de Hungría en Bruselas, en el año 1549. Este busto sirvió también para otro busto que hicieron los Leoni, padre e hijo, de nuestra María, pero esta vez en mármol y que también lo conserva el Museo del Prado, aunque a día de hoy no está expuesto. Y lo realizaron entre los años 1553 y 1555.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía de la estatua en bronce María de Hungría - 1553-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que se puede contemplar en el Claustro de Jerónimos; escultura en mármol María de Hungría - 1553-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que a día de hoy no está expuesta; y detalle del cuadro Las meninas - 1656 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 12).

viernes, 27 de julio de 2018

Querido Diario, 27 de julio de 2018

Querido Diario:

Ya he vuelto al Museo después de las vacaciones. ¿Y a que no sabes qué sala he tenido que vigilar el primer día? ¡¡¡Bien!!! Has acertado... la sala 12, la de Las Meninas. Hacía mucho que no me mandaban allí.

Y después de las vacaciones, me he sentido como en casa...

Primero, porque he vuelto al trabajo, a ese trabajo que no me pesa. Es cierto que no se produce, pero me llena y me enorgullece saber que estoy cuidando un poco, o un mucho, de arte y que entre mis manos hay mucha historia y muchas historias.

Segundo, porque he vuelto a vigilar la sala 12, que es una de mis preferidas. Sé que es una de las salas menos deseadas por los vigilantes, pero debo ser masoquista... a mí me gusta. Si no fuera por la gente que se empeña en no respetar las normas del Museo, sea cual sea, aunque en este caso me refiero a la normativa de no hacer fotografías, sería la sala perfecta para vigilar.

Y tercero, porque he visto a un joven de unos 14 años bailando. Me explico, jejeje...

Me he pasado todas las vacaciones viendo como mi hijo jugaba a Fortnite. Este es un juego "de matar", como todos los famosos últimamente entre la juventud, por desgracia. Pero, bueno, quiero pensar que solo es un juego. Pues bien, en este juego, mientras se espera a que empiece la partida, ya que se tienen que unir cien jugadores, los personajes que ya se han apuntado al juego están juntos en un paisaje y cada uno hace lo que quiere. Unos se entrenan disparando, otros pintan graffitis en el suelo,... y mi hijo se suele poner delante de otro jugador y se pone a bailar... el personaje, no él, claro, jejeje. Y lo gracioso es ver a cuatro o cinco jugadores vestidos de soldados, bailando. Y hay varias clases de baile, como el Swish Swish, que  es el baile de los jóvenes que se ha puesto de moda actualmente, o el Justicia Naranja, que no sabría como explicártelo, querido Diario,... pero el que más me gusta es el baile por defecto del juego, que es el que suele hacer el personaje de mi hijo.

Y todo este rollo para decirte que un joven de unos 14 años se ha puesto a bailar, en la misma sala 12, delante de un cuadro, ese Baile por defecto. Me he quedado de piedra, pues lo he reconocido al instante. Y me ha recordado a mi hijo... como si estuviera en casa.

Y, cambiando de tema, ha pasado una cosa muy curiosa. Delante de Las Meninas estaban dos orientales, uno de unos cuarenta años y otro más joven, de unos treinta. Y el mayor le estaba explicando el cuadro al otro. Y no sé qué le habrá dicho, que el joven, de golpe y porrazo, se ha puesto a llorar... no sé si de emoción o de qué, pues, lógicamente, no entendía que le estaba contando. Y cuando más le hablaba, más lloraba. Luego se ha calmado y se han ido a otra sala.

Pero la historia no termina ahí, pues después del desalojo se lo he comentado a una compañera y me ha dicho que también se ha puesto a llorar delante de El lavatorio, de Tintoretto, del que te hablé el 6 de diciembre.

La verdad, no sé qué le contaría, pero puedo asegurar que el joven, de lágrima fácil, sí que era.

En fin, estando en la sala me he acordado de una anécdota que le pasó a un compañero, Jesús, y que me ha dado permiso para contártela, querido Diario.

Y es que él estaba vigilando la sala 12 cuando se le acercó una mujer y le dijo...

-¿Ese cuadro tiene sangre?

Imagínate el bote que pegó Jesús al oír a la mujer. Salió corriendo a comprobar el cuadro... pero no vio nada.

-Perdone, pero no veo ninguna gota de sangre en el cuadro.

-Sí, ahí, en el cuello del caballo.

-Me parece que eso no es sangre, sino pintura marrón rojiza.

-¡¡¡Ah!!! Es que como pone ahí que Velázquez se quedó con la cabeza, pensé que él quiso representarlo así, con sangre.

-¿¿¿Ehhhh???

Bueno, bueno, bueno. Verdaderamente para comprender esto, querido Diario, antes de nada tienes que leer lo que pone en la cartela. Dice así...

"... en su ejecución Velázquez se reservó zonas como la cabeza del caballo y se sirvió de ayudantes para pintar el vestido y algunas partes del paisaje".

Lógicamente la buena señora no entendió bien el texto. Si bien entendimos tanto mi compañero Jesús como yo, ella interpretó que Velázquez cortó la cabeza al caballo y se la quedó pare él. Y luego dejó el resto del cuerpo a sus ayudantes. Si fuese así... ¡¡¡Será bestia este Velázquez!!!

Si bien creo, la cartela pone claramente que Velázquez pintó la cabeza del caballo y, como era mucho trabajo, las demás partes del caballo las pintaron sus ayudantes.

Velázquez podría ser un hombre con una personalidad fuerte, pero no macabro... ¿o sí? Juzga tú el cuadro, querido Diario. Bueno, tú y todos los cotillas que te leen a hurtadillas... Lo que tiene el caballo en el cuello, ¿es sangre o pintura?

Anda, que no te he dicho qué cuadro era... se titula La reina Isabel de Borbón, a caballo, y lo pintó Diego Rodríguez de Silva y Velázquez hacia el año 1635.

Isabel de Borbón fue la primera mujer del rey Felipe IV, y llevaban veinte años casados cuando Velázquez pintó este cuadro más su compañero, el retrato ecuestre de Felipe IV, a caballo.

En el cuadro que nos ocupa hoy, se ve, querido Diario, a la reina Isabel de Borbón sobre un caballo blanco, dejándose llevar por el paso tranquilo del animal.

Y ahora la pregunta del millón... ¿cómo se sabe que fueron dos o más pintores los que trabajaron en este cuadro? Pues muy sencillo, querido Diario. El estilo que se le ha caracterizado a Velázquez es que pintaba con mano suelta, mal llamada por mi parte, lo reconozco, "a brochazos". Y esa era la grandiosidad de este pintor... para contemplar su obra hay que acercarse, para estudiar su técnica de pincelada, y alejarse, para maravillarse con su obra.

Pues se observa que la cabeza del caballo, el pecho del animal y los correajes que lo adornan son de la mano de Velázquez, con el trazo suelto. Pero el traje de la reina... eso ya es otra historia. Si te fijas bien, querido Diario, es un trabajo muy minucioso. Y no me imagino a Velázquez con el pincelito dibujando uno a uno todos los detalles repetitivos del vestido y de la gualdrapa que protege al caballo. Por eso se sabe que estos fragmentos textiles fueron ejecutados por una mano diferente a la de Velázquez.

Observa el vestido... verás que está compuesto por varios escudos y por el anagrama del nombre de la reina, una "I" envuelta con una "S" y una "B", todas mayúsculas, debajo de una corona real... Isabel de Borbón.

Otra pregunta... ¿en qué lugar estaba la reina? No se sabe, pero si se puede decir que estaba en la costa. Fíjate en el paisaje de delante del caballo... verás un camino que serpentea y llega a una población con una torre cuadrada en el lado derecho. Y detrás se vislumbra el mar.

¡Ah! Cambiando de tema, si te fijas bien, en la pata izquierda del caballo verás... ¿dos patas casi juntas? No, son los famosos "arrepentimientos" de Velázquez, es decir, las modificaciones que hacía cuando lo que había pintado no te gustaba. Bueno, esto no lo hacía Velázquez solamente, sino todos los pintores. Normalmente tapaban los "errores" con una capa de pintura gruesa y no se notaban, pero Velázquez los cubría con "veladuras", que eran capas muy delgadas de pintura, que con el tiempo han perdido fuerza y se han ido transparentado, mostrando así los arrepentimientos. Por eso nuestro caballo tiene dos cuartos delanteros izquierdos.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro La reina Isabel de Borbón, a caballo - hacia 1635 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, y otros, que se puede contemplar en la sala 12).

miércoles, 11 de julio de 2018

Querido Diario, 11 de julio de 2018

Querido Diario:

Voy a estar unos días de vacaciones, pero eso no quita para que te escriba sobre notas que tengo en mis papeles de cosas que me pasaron en otro momento, o sobre lo que se me ocurra, relacionada con el Museo, claro.

¿Y sabes, querido Diario? Aunque esté de vacaciones, mi puesto en las salas está asegurado porque el Museo prevé estos días de descanso y nos sustituyen otras personas. Ahí entra las personas que estamos en la bolsa. Y a mí me sustituye en estos días mi compañera Pilar.

Y hoy me tocaría vigilar la sala 39... es una sala de Pintura Francesa que suele ser muy muy muy tranquila, porque está en medio de la nada. Y suele ser una de las salas preferidas por los vigilantes de sala para descansar después de una jornada anterior ajetreada... bueno, creo que ya te hablé de ella el 26 de octubre.

Y pensando sobre esta sala, me acuerdo una discusión, sin sangre, claro, con un compañero, Jaime, sobre qué cuadro expuesto es el más largo. Yo decía que era el cuadro Alegoría de la donación del Casino a la reina Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid, que pintó Vicente López Portaña en el año 1818, que está en la sala 39. Y él decía que era el cuadro Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes, que pintó Bartholomäus Strobel el Joven entre los años 1630 y 1633, y que se puede contemplar en una sala que no tiene numeración oficial, pero que por su ubicación sería la 11B. Es la sala donde están los ascensores centrales, en la primera planta.

¿Que quién tenía razón? Buena pregunta, querido Diario. Tengo que reconocer que, en un principio, él tenía la razón... ¡¡¡Ohhh!!!

La pregunta era ¿qué cuadro expuesto es el "más largo"? Y la respuesta es Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes... pero por poco.

Mi cuadro, Alegoría de la donación del Casino a la reina Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid mide de largo 950 centímetros... nueve metros y medio de largo... casi "ná".

Y su cuadro, Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes, mide 952 centímetros... dos centímetros más que mi cuadro. ¡¡¡Me cachis!!!

Eso sí, si la pregunta fuese ¿que cuadro es el "más grande"? Ahí nos referiríamos a la extensión, no solo a la longitud. Entonces en ese caso ganaría yo. Mi cuadro, la Alegoría, mide 620 centímetros de largo x 950 de alto. En total son 58,9 metros cuadrados. Y su cuadro, la Degollación de San Juan Bautista, mide 952 centímetros de largo x 280 de alto... total, 26,66 metros cuadrados... ¡¡¡Ganaría yo!!!

Pero, claro, soy como soy y, lo siento, no puedo dar mi brazo a torcer, metafóricamente hablando... la pregunta era ¿qué cuadro "expuesto" es el más largo? No dijimos dónde tenía que estar expuesto. Vale, el cuadro tenía que pertenecer al Museo del Prado, eso está claro, pero no especificamos en qué edificio del Museo... podría estar en el edificio Villanueva, que es la parte del edificio más antigua, o en el edificio Jerónimos, que es la parte moderna... o podría estar en otro edificio del Museo, exento al Museo...

Y todo este rollo para decir que "ni pá ti ni pá mí"... el cuadro más largo del Museo no es ninguno de esos dos, de los que te hablé antes, querido Diario, sino que es la Bóveda con la Alegoría del Toisón o Apoteosis de la Monarquía Española, que pintó Luca Giordano hacia el año 1697. Y no está en el edificio que se conoce como Museo del Prado, sino que está en otro edificio, aunque perteneciente al Museo del Prado... en resumen, está en la bóveda del antiguo Salón de Embajadores del Palacio del Buen Retiro... lo que nosotros llamamos con el nombre del Casón del Buen Retiro. Es una pintura al fresco, por lo que no se puede mover de ahí... pero pertenece al Museo del Prado.

Este fresco mide, ni más ni menos, que 21 metros de largo x 14 de ancho... indiscutiblemente es la pintura más larga que tiene el Museo.

En fin, que ni mi compañero Jaime ni yo habíamos acertado.

¿Qué dices, querido Diario? ¿Que te estoy liando? ¿Palacio del Buen Retiro, Casón del Buen Retiro,...? Que quieres que te lo explique. Pues, empecemos...

Entre los años 1556 y 1559, el rey Felipe II pidió al arquitecto Luis de Vega que creara un "cuarto real" en torno a la iglesia de San Jerónimo, para que él, el monarca, pudiera retirarse durante los periodos de Cuaresma, penitencia o luto.

Unos setenta años después de la construcción de este Cuarto Real, en 1629, el rey Felipe IV, por sugerencia del Conde-Duque de Olivares, que era su Valido, decidió ampliarlo, utilizando los terrenos que le cedió el propio Valido junto al Convento de San Jerónimo.

Las obras comenzaron en 1630 bajo la supervisión del arquitecto Alonso Carbonell. En un principio solo se iba a dotar el Cuarto Real de habitaciones para la reina, pero en 1632 se decidió construir un gran palacio que sirviera de lugar de descanso y entretenimiento de los reyes, para que, según palabras del propio Felipe IV, "yo y mis sucesores pudiésemos, sin salir de esta corte, tener alivio y recreación".

Cuando se terminó de construir este palacio, este real sitio cambió su nombre... de Cuarto Real de San Jerónimo pasó a llamarse Casa Real del Buen Retiro.

Al final, el conjunto arquitectónico contó con más de veinte edificios, con jardines, estanques y fuentes.

Entre las distintas estancias de este palacio, las más significativas fueron la planta principal de la antigua ala norte, en donde se ubicaba el Salón de Reinos, el salón de baile o Casón y el teatro o Coliseo, que era de planta ovalada.

Esta Casa Real del Buen Retiro sirvió como residencia de recreo, o retiro, de ahí su nombre, de los reyes Felipe IV y Carlos II. Los dos primeros soberanos de la familia Borbón, es decir, Felipe V y Fernando VI, lo usaron como residencia oficial. Pero bajo los reinados de Carlos III y Carlos IV el palacio fue perdiendo importancia.

Durante la Guerra de la Independencia fue seriamente dañado, y en tiempos de Fernando VII casi todo el complejo palaciego fue demolido, quedando en pie solamente el Casón y el ala donde se ubicaba el Salón de Reinos. Así, el palacio del Retiro perdió su carácter de residencia regia, y sus terrenos se convirtieron en amplios jardines, que sirvieron de lugar de experimentación para los arquitectos que pudieron trabajar sobre ellos.

Finalmente, en 1868 un Decreto del Gobierno provisional transfirió el Real Sitio del Buen Retiro al Ayuntamiento. De todas formas, ya solo quedaban los jardines, muy modificados por los arquitectos experimentadores, el Casón y el ala del edificio que alberga el Salón de Reinos.

Y todo este rollazo, querido Diario, es solo para comentarte que la pintura al fresco de Luca Giordano está en la bóveda del antiguo Salón de Embajadores del Casón del Buen Retiro. Actualmente en este edificio se ubica la biblioteca del Museo del Prado, y en el Salón de Embajadores está la sala de lectura... impresionante.

Merece la pena ir a leer algo, aunque sea simplemente para ver la bóveda. Reconozco, querido Diario, que solo he ido una vez allí, a estudiar,... pero estudié poco... me quedé anonadado, y con tortícolis, mirando hacia arriba, hacia el techo, observando la preciosidad de obra de Giordano.

Sobre la decoración de la bóveda, te puedo decir que representa la apoteosis de la monarquía española.

Luca Giordano utilizó una iconografía repleta de símbolos, personajes históricos y mitológicos, todos relacionados con la monarquía hispánica. Quería mostrar así su antigüedad, su potencia militar y su primacía entre las casas reales europeas.

La escena más conocida es la que da nombre al conjunto. Si miras a la fotografía que te he puesto, querido Diario, está en el centro, abajo del todo... se ve a Hércules entregando el vellocino al Duque de Borgoña, Felipe el Bueno, para que lo coloque en el collar de la orden.

Esta escena se completa en su parte superior con un grupo de personas que representan el escudo de los territorios sometidos a la Casa de Austria: los reinos de Castilla y León, Aragón, Sicilia y Granada y, más abajo, Austria, Borgoña (antigua y moderna), Brabante, Flandes y Tirol.

Y si te fijas bien, querido Diario, encima de este grupo-escudo hay una especie de arco... representa la Corona Real, que acoge al sol en su interior. Y a ambos lados de esta corona, hay dos ninfas, una, la de la derecha, portando una diadema, que simboliza la Realeza, y la otra lleva una rama de olivo, que representa la Paz.

Encima de esta "corona" se ve un círculo, que representa la bóveda celeste, en la que se aprecian varias constelaciones: Géminis, Argos, Tauro, Leo, Draco,...

A continuación, se ve el Parnaso con los dioses del Olimpo, presididos por Júpiter. Y sobre él vuela un águila, que es el símbolo con el que se asocia.

Ahora, querido Diario, tendrías que dar la vuelta a la fotografía para ver bien lo que te voy a explicar. ¿Ya lo has hecho? ¡Bien! Continuo...

Luca Giordano representó a España a través de una figura femenina que tiene en su mano derecha los cuatro cetros de sus reinos. A sus pies, a la derecha, se ven unos señores con las manos atadas en la espalda... representan los pueblos de diversos orígenes y religiones que se someten "mansamente" a la autoridad de España.

Y aunque no se aprecian bien en la fotografía, la herejía, representada por un dragón, el poder temporal, por un león con cetro, los reinos sometidos, representados por armiños y coronas, y las riquezas ganadas en las campañas militares, por monedas, joyas y objetos de oro y plata, también están a los pies de España.

Y si te fijas bien, querido Diario, a la derecha de España hay un angelote que tiene una cartela entre sus manos. En ella se puede leer OMNIBUS UNUS, que quiere decir en español Uno para todos.

En fin, solo te he explicado la zona central, pero esta bóveda tiene muchos más detalles para comentar, pero creo que ya es suficiente por hoy. Espero que no te hayas mareado con tanta vuelta de fotografía.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía de la Bóveda con la Alegoría del Toisón o Apoteosis de la Monarquía Española - hacia 1697 -, de Luca Giordano, que se puede contemplar en la Sala Luca Giordano del Casón del Buen Retiro).

martes, 3 de julio de 2018

Querido Diario, 3 de julio de 2018

Querido Diario:

Cada día que pasa estoy más convencido que la inconsciencia de los visitantes de museos aumenta por momentos. Me explico... al hablar de inconsciencia quiero decir que las personas no son conscientes de sus actos respecto a la seguridad de las obras de arte, sin maldad, claro.

Por ejemplo, hoy una chica de unos veinte años estaba enfrente de un cuadro, tocando la cuerda de la catenaria con las rodillas, para más inri forzándola, a la vez que se estaba poniendo una rebeca. En un principio, ponerse una rebeca no es motivo de alarmarse, pero sí cuando ves que está moviendo los brazos sin control a diez centímetros del cuadro. Y cuando le he dicho...

-Por favor, apártese del cuadro para ponerse la rebeca.

... ella me ha mirado con cara de...

-Y, ¿por qué?

En fin, que con la mirada me ha perdonado la vida por momentos.

Pero esa persona no ha sido la única. Entiendo que una niña no tenga esa consciencia, pero los adultos... debería tenerla, digo yo.

Estando vigilando en una sala, ha entrado una familia que constaba de un padre que iba con la audio-guía a lo suyo. Me he dado cuenta que iba con la familia porque al final de la historia se han puesto a hablar. Sigo, la familia constaba también de una madre hablando con la abuela, sin estar pendientes de los cuadros, llevando un carrito de niño, con uno de unos tres años. Y remataba la familia una niña de unos nueve o diez años que, pasando de los cuadros, como su madre y su abuela, se ha puesto a hacer baile clásico en mitad de la sala. Lo cierto que lo hacía muy bien. Supongo que dentro de unos cinco o seis años será una muy buena bailarina de clásico. En un principio, como había muy poca gente en la sala, no he dicho nada, pero, claro, cuando cerca de un cuadro ha levantado una pierna hacia atrás y la suela la ha puesto encima del moño... oñe, qué flexibilidad... pero, qué peligro. En ese momento se ha desequilibrado y ha tenido que dar tres saltitos para estabilizase y no caerse mientras bajaba la pierna...

-Tenga cuidado, a ver si se va a caer encima de un cuadro.

En el Museo, yo siempre hablo de usted a todos los visitantes, aunque sean unos niños. Entonces la madre se ha girado y me ha dicho...

-¿La niña? Ella siempre tiene cuidado.

La he mirado con cara de pocos amigos y me he dado media vuelta para no contestarle...

-Señora, ya sabemos que su hija es perfecta, pero el Museo no es el mejor sitio para que se ponga a bailar. Váyanse al parque y ahí que dé todos los saltitos que quiera.

Pero, claro, si dices eso en voz alta, tienes una reclamación segura.

Pero no hay un dos sin tres...

Esto que te voy a contar, querido Diario, pasa mucho. En este caso era un joven de unos dieciséis años, pero me ha pasado con gente de todas las edades. Pues simplemente que llevaba colgada la audio-guía al cuello, como deber ser, pero en vez de escucharla, estaba balanceándola bruscamente de un lado a otro... inconscientemente. Eso, sí, solamente me he acercado y he puesto la palma de la mano en señal de "stop", lo ha entendido y ha parado... hasta otro momento de inconsciencia, claro.

Pero, bueno, cambiando de tema... andá, llevo un buen rato escribiéndote y no te he dicho qué salas me ha tocado vigilar. Pues hoy han sido desde la 7A a la 10A. ¿Que cuáles son? Pues son de Pintura Española del siglo XVII... Ribalta, mi querido Maíno, Zurbarán, Naturalezas muertas de ese siglo y los cuadros del Salón de Reinos antiguo Palacio del Buen Retiro.

¿Sabes, querido Diario? Hacía mucho tiempo que no me acercaba por esas salas y he descubierto un par de cuadros nuevos, ya que los han cambiado. Y uno de ellos es uno de mi pintor preferido... sí, has acertado... de Fray Juan Bautista Maíno.

Se titula San Juan Bautista, y lo pintó antes del año 1613, seguramente sobre el año 1610. ¿Que por qué saben la fecha, sin ser exacta? Pues por dos motivos.

El primero es porque está firmado por Juan Bautista Maíno, sin el "Fray" característico suyo. Eso significa que lo pintó antes de 1613 que es cuando ingresó como dominico en el Convento de San Pedro Mártir de Toledo. A partir de ese momento firmó con el "Fray" delante del nombre.

Y, segundo, seguramente lo pintó en el año 1610 porque es cuando volvió de su viaje a Roma al concluir su decisiva formación y la pintura tiene rasgos de este aprendizaje.

El cuadro es pequeño, pero no quita para ser impresionante... claro, es de Maíno, jejeje.

Bueno, solo mide 14,4 x 19,3 centímetros y está pintado sobre una plancha de cobre bañada en plata. Es que los cuadro sobre cobre de pequeñas dimensiones y muy bien ejecutados fueron muy demandados por algunos coleccionistas italianos de la primera mitad de ese siglo XVII. Según dicen los historiadores, estos coleccionistas disfrutaban de esos "caprichos de gabinete", ya que eran obras que requerían una atención detallada y, sobre todo, certera.

Te he dicho antes, querido Diario, que en la pintura se aprecia su aprendizaje de Roma. Pues no te he mentido... fíjate en san Juan Bautista. Si le observas bien, se nota que Maíno absorbió el arte del claroscuro de Caravaggio y lo plasmó en este mini cuadro.

Pero hay que decir que el estilo claro de Maíno se aprecia muy bien, que es el detalle minucioso de la pincelada. Yo siempre he dicho que muchos cuadros hay que verlos de lejos, porque de cerca solo se ven brochazos, bien dados, claro, pero brochazos... bueno, pinceladas. Con los cuadro de Maíno, eso no hace falta hacerlo... se ven igual de bien de cerca que de lejos. Eso es lo que me encanta de "mi" fraile pintor. Pero, claro, para gustos están los colores... y las pinceladas.

Fíjate en la cara de san Juan. Desde la barbilla al arranque del flequillo mide solamente 11 milímetros, poco más de un centímetro... y se aprecia perfectamente hasta las pestañas del santo. El ciervo que está bebiendo agua en el río mide seis milímetros de alto... y se distinguen perfectamente todas sus partes. Si se aprecia hasta la roña que tiene las uñas de los pies de san Juan Bautista... ¡¡¡IMPRESIONANTE!!! Y no es porque sea de fray Juan Bautista Maíno, sino porque es un muy buen pintor detallista. Si solo tienes que fijarte en el paisaje que está muy completo y que está lleno de muchos detalles realizados con una minuciosidad admirable, para quitarse el sombrero.

¡Ah! Que se me olvidaba... te voy a poner a prueba a ti, querido Diario, y a todos los cotillas que te leen a hurtadillas... Pregunto, ¿dónde está la firma? Pista... se ve perfectamente.

Venga, después de un tiempo prudencial, te lo digo... está en la piedra en la que se apoya san Juan, debajo de su brazo derecho.

Y, otra curiosidad, aunque pintó más, fray Juan Bautista Maíno solo plasmó su firma en cinco obras... una es ellas es ésta.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro San Juan Bautista - Antes de 1613 -, de Juan Bautista Maíno, que se puede contemplar en la sala 7A).

sábado, 30 de junio de 2018

Querido Diario, 30 de junio de 2018

Querido Diario:

Hoy me ha tocado hacer el relevo a los compañeros en las salas nuevas, las que te comenté el 26 de junio.

Pues estando en una de las salas, observé que allá a lo lejos estaban un abuelo con su nieta de unos diecisiete años mirando un cuadro cuando, de repente, la nieta alargó peligrosamente la mano señalando el cuadro, dejando el dedo a unos cinco centímetros del lienzo, más o menos. Mientras me acercaba lo más deprisa que podía, ella bajó la mano y en ese mismo momento su abuelo empezó a señalar el cuadro...

-Perdone, no puede pasar del límite.

... a la vez que le señala la cuerda de la catenaria.

-Abuelo, que te eches para atrás.

A lo que contesté...

-Y la nieta, que también ha acercado la mano.

Lo reconozco, no sé si es políticamente correcto en un vigilante, pero me salió del alma. En ese momento ella dio un paso hacia atrás...

-No, ustedes pueden estar junto a la cuerda, pero lo que no pueden es pasar la mano más allá del límite que marca la cuerda.

Es que siempre que digo que no acerquen la mano al cuadro, todos tiene la misma reacción... dar un paso atrás, pero siguen alargando el brazo, atravesando el límite, como no.

El dedo señalador me martiriza más que mil fotografías hechas a escondidas.

Pero, bueno, eso es lo único que pasó interesante que me pasó en este día. ¡¡¡No!!! Te he mentido, querido Diario, que se me olvidaba...

También estuvieron por las salas un grupo de filmación de una cadena de televisión que, la verdad, no sé muy bien qué están haciendo. Ya llevan varios días por las salas del Museo grabando, con autorización, claro.

Y ha sido muy gracioso porque han hecho varias tomas de las salas y por las salas, andando y grabando a la vez. Y eso parecía más bien una procesión... delante estaba el cámara con un estabilizador SteadyCam; detrás iba un señor que tenía pinta de ser el director que a la vez ayudaba al cámara para que no tropezara y se cayera; la tercera persona era un hombre que llevaba un especie de mesa de realización pequeñita donde se veía lo que grababa, aunque no estoy muy seguro si lo que veía era lo de la cámara o que ese aparato era una segunda cámara; detrás había una chica joven que llevaba un pie soporte que servía para colocar la cámara mientras no se grababa, pues debía pesar bastante. Y detrás de ellos... yo. Primero iba en la procesión para vigilarlos, para que no diesen ningún golpe a los cuadros, aunque ella me dijo que ya tenían estudiada la distancia. Pero mi trabajo es prevenir todo accidente y, la verdad, no me fiaba de ellos. Bueno, de ellos y de nadie.

Y el segundo motivo de estar detrás de ellos es para no salir en la grabación, aunque creo que me grabaron en un momento de "descuido" cuando filmaban en el Tesoro del Delfín.

Y hablando de procesiones, hoy he descubierto un cuadro nuevo del Museo. Bueno, no es nuevo porque se pintó en el año 1616 y procede de la Colección Real, pero el Museo no lo tenía expuesto últimamente. Pero, ahora, con la apertura de estas salas nuevas, lo han colocado en la sala 80.

Se titula Fiestas del Ommegang en Bruselas: procesión de Nuestra Señora de Sablón, y lo pintó el flamenco Denis van Alsloot, como te he acabo de decir, en el año 1616.

La historia empezó en 1348 cuando la Virgen María pidió en sueños a la joven Beatrice Soetkens, esposa de un trabajador de la industria textil, que debía recuperar una imagen de Onze-Lieve-Vrouw op t Stocksken, que en español sería Nuestra Señora de la Rama, que se encontraba en Amberes, a donde había sido trasladada tras ser robada, y llevarla de vuelta a Bruselas, para colocarla en la capilla del Sablón, como patrona del gremio de ballesteros que había construido esa capilla en su honor.

Beatrice y su esposo llevaron la imagen de la Virgen en barco, pero su esposo se cansó de remar y milagrosamente la embarcación flotó, sin viento, hasta Bruselas y apareció justamente en el lugar donde los ballesteros estaban practicando tiro. Este milagro hizo que los ballesteros prometieran a la Virgen hacer una procesión anual para celebrar la llegada a Bruselas de su patrona: el Ommegang.

La procesión del Ommegang se realizaba tradicionalmente el domingo anterior a Pentecostés y era a la vez religiosa y popular, ya que la ciudad había contribuido generosamente a los gastos de edificación de la iglesia.

La fiesta tuvo un gran apogeo en el siglo XVI, especialmente con ocasión de la visita de Carlos V y su hijo Felipe.

¿Pero, sabes, querido Diario? El 15 de mayo de 1615, la archiduquesa Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos españoles junto con su marido Alberto, participó en estos festejos, más concretamente en el campeonato anual de tiro del Grand Serment, y logró abatir el pájaro, que era un papagayo, que habían colocado sobre la aguja de la torre de Nuestra Señora de Sablón. Por eso fue proclamada como Reina de la Cofradía, y las fiestas continuaron durante varios días.

Y para dejar constancia de los sucedido se le encargó a Denis van Alsloot, que era uno de los  pintores de corte de los archiduques, la realización de ocho pinturas para recordar estas fiestas, seis de ellas dedicadas al Ommegang, una al tiro de la infanta al papagayo y otra a la fiesta de Nuestra Señora del Bosque.

Y de las ocho se conservan cinco:

  • La primera es El desfile de los gremios en la Gran Plaza, que también se conserva en el Museo del Prado.
  • La segunda es El desfile de los Serments.
  • La quinta es El triunfo de Isabel.
  • La sexta es La procesión de las órdenes religiosas y el clero, que actualmente tiene otro título y es de la que te estoy hablando... bueno, de la que te hablaré.
  • Y la octava es Fiesta de Nuestra Señora del Bosque.
La séptima es La infanta Isabel abatiendo el pájaro en el tiro del Grand Serment, y solamente la conocemos por dos copias atribuidas a Antoon Sallaert y a su taller.

Bien, vamos al tajo sobre la obra... como te dije, actualmente se titula Fiestas del Ommegang en Bruselas: procesión de Nuestra Señora de Sablón, y es muy curiosa, sobre todo por su tamaño. Mide 386 x 132 centímetros... casi cuatro metros de largo por casi un metro y medio de ancho.

Y representa a las diferentes órdenes religiosas y miembros de la Iglesia en procesión en la plaza del Sablón, donde cada uno de ellos ocupa una posición concreta.

Si te fijas bien, querido Diario, primero están los burgueses y la magistratura municipal, que se dirigen hacia una calle al fondo, a la derecha del cuadro. Y después están las órdenes religiosas. No lo tengo muy claro, pero creo reconocer que primero van los agustinos, que van vestidos completamente de negro; luego siguen los dominicos, con el hábito blanco y la capa con esclavina, es decir, con capucha, negras; después están los carmelitas, con el hábito marrón y la capa con esclavina blanca; y al final de las órdenes religiosas están los franciscanos, con el hábito marrón y el cordón blanco con los tres nudos característicos, que simbolizan sus tres votos: la pobreza, la obediencia y la castidad.

Y después van los diferentes miembros del clero de Santa Gúdula, los abades de Dileghem, Grimberghe y Ninove, clero de la Chapelle, de Santa Juliana de Nicomedes y clero de la Iglesia de los Juramentos.

Casi al final de la procesión va la imagen de la Virgen de Nuestras Señora de Sablón. Pero, si te fijas bien, querido Diario, delante de la Virgen hay otra imagen en andas. No es una imagen de la Virgen, sino un relicario, el de Santa Juliana de Nicomedes, cuyas reliquias reposaban en la iglesia del Grand Serment.

Este cuadro me ha hipnotizado, como otros muchos del Museo, lo reconozco. Pero esta vez me ha costado mucho el no pararme constantemente delante de la pintura, pues en el fondo estaba trabajando y mi misión no es "atontolinarme" delante de un cuadro. Pero es para quedarse así...

Si te fijas bien, tiene muchísimos detalles... primeramente, las casas adornadas con ramas de árboles, ya que la Virgen tiene por advocación Nuestra Señora de la Rama. Luego están los feligreses en las ventanas y balcones de las casas... curiosísimos todos.

Y las capas publiales de los sacerdotes, con sus bordados en oro. No se aprecia bien en la fotografía que te he puesto, pero en el cuadro se ven perfectamente los santos dibujados en las capas.

¡Ah! Una cosa curiosa... fíjate bien, querido Diario. Verás que el suelo por donde pasa la procesión está alfombrado con ramitas y hojas verdes. Pero hay "calvas", donde por lo menos dos mujeres están rellenando. ¿Que dónde están? Pues en la primera fila de la procesión, al fondo... primero están los burgueses y luego las órdenes religiosas. Pues entre la primera orden, que son los agustinos y la segunda, que son los dominicos, delante del tercer estandarte, está la primera mujer, vestida de azul con un gorro blanco. Y la segunda está en la curva de arriba, a la izquierda. Esta va vestida de rojo con el delantal blanco. El problemilla es que la tapa un poco el cuarto estandarte.

Pero lo que más me encanta son los monaguillos pequeños. Observa. Detrás de todas las órdenes religiosas va el clero de Santa Gúdula. Pues los primeros de todos son los monaguillos, que van vestidos con la sotana roja y el roquete blanco. Y si te fijas bien bien bien, los dos primeros de la fija de la izquierda son más pequeños... unos niños.

En fin, podía pasarme horas y horas sacando detalles de este cuadro. Pero no me quiero hipnotizar... aunque, sinceramente, lo consigue.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro Fiestas del Ommegang en Bruselas: procesión de Nuestra Señora de Sablón - 1616 -, de Denis van Alsloot, que se puede contemplar en la sala 80).

jueves, 21 de junio de 2018

Querido Diario, 21 de junio de 2018

Querido Diario:

Hoy he tenido que vigilar algunas salas de Velázquez y de Murillo, entre otros autores. Y eso me ha recordado una anécdota que me contó ayer mismo mi compañera Gema sobre un cuadro de estas salas. Te cuento...

Estaba Gema vigilando las salas cuando, delante de un cuadro, un grupo de cuatro personas de raza negra se le acercaron y uno le dijo, señalando al cuadro...

-¿Cuánto?

-Perdone, ¿¿¿???...

-¿Cuanto?

-Disculpe, pero no sé qué quiere decir.

-¿Cuánto? Comprar.

... y según me contó mi compañera, en ese momento llegó otra persona más al grupo y, en perfecto inglés, les dijo...

-Aquí no se compra. Esto es un museo.

Yo me imagino que pensarían que el Museo del Prado es una galería de arte, digo yo. Porque si no, no se entiende el afán de saber cuánto costaba el cuadro.

Y esto me hace recapacitar sobre lo que tenemos entre nuestras manos. Los vigilantes de salas, como estamos tan acostumbrados a estar entre estas obras de arte, no las valoramos... y no valoramos nuestro trabajo. Qué importante es nuestro día a día... y qué importante es la labor que nos encomiendan. Si lo piensas bien, querido Diario, da vértigo. Saber que en nuestras manos está la seguridad de miles... no... millones de euros. ¡¡¡Qué orgullo y a la vez qué responsabilidad!!! Me siento el rey del mundo, orgulloso de mí mismo, y a la vez me siento insignificante... si solo vigilo. ¡Qué paradoja!

En fin, dejemos de ponernos metafísicos, querido Diario, y vayamos a lo nuestro, que es hablarte de un cuadro... ¿Que cuál? Pues el que querían comprar estas personas.

Se titula Vista de Zaragoza, y lo pintó Juan Bautista Martínez del Mazo en el año 1647.

No, si el buen hombre no tenía mal ojo para elegir un cuadro para comprarlo. Es hermoso, sobre todo en proporciones. Mide, si bien recuerdo, 331 x 181 centímetros... más de tres metros de ancho por casi dos de alto. ¡¡¡Hermosote!!!

Y como su propio nombre indica, es una vista de la ciudad de Zaragoza desde la orilla opuesta del río Ebro. Pero no representa un día cualquiera, sino uno de los días en que entró el rey Felipe IV a la ciudad. Si te fijas bien, querido Diario, se ve la comitiva, muy diminuta, al otro lado del río, en el centro del cuadro. Verdaderamente ese acontecimiento es una simple y llana excusa para crear esta magnífica vista de la ciudad que, sobre todo, los protagonistas son el río, el cielo y los distintos grupos de personas.

¿Sabes? Juan Bautista Martínez del Mazo era el yerno de Velázquez ya que éste se casó en 1633 con Francisca Velázquez, hija del pintor sevillano. Y según los expertos, solo Juan Bautista supo asimilar muy bien el estilo de su suegro, ya que estaba dotado de grandes recursos técnicos.

Es más, en este cuadro, en la esquina inferior derecha hay una inscripción en la que se aclara la autoría por parte de Martínez del Mazo, pero a pesar de esto, durante muchísimos años se consideró que este cuadro lo habían pintado los dos en colaboración. Según se creía, al yerno le correspondía la parte urbana y al suegro el primer plano con los grupos de figuras. Se ha estudiado a fondo y a día de hoy nadie pone en duda que la obra es íntegramente de Juan Bautista Martínez del Mazo.

¿Quieres que te cuente un secreto que muy pocos conocen? Escucha, escucha...

Durante uno de los estudios técnicos y proceso de limpieza y restauración de la obra, se comprobó que debajo de los barnices y de unos repintes hay tres motivos ocultos en la parte superior del cuadro, en el cielo. A la izquierda está el escudo de la Corona de Aragón. En el centro, la imagen de la Virgen del Pilar y a la derecha el escudo de la ciudad de Zaragoza. Según me han dicho, los escudos están rodeados por una corona de laurel, cada uno, claro, y la Virgen lleva un manto que cubre gran parte de su cuerpo y deja ver la parte inferior de la columna... del pilar.

¿Que quién los tapó y por qué? Según dijeron los restauradores, los escudos fueron suprimidos a base de un lijado de la pintura y luego se hizo el repinte del cielo. No saben en qué momento se hizo, pero lo que sí saben seguro es que esas modificaciones formaron parte del cuadro final. Es decir, que las hizo el propio Martínez del Mazo.

Mas, mas... te cuento más... según dicen los que analizaron el cuadro, estos escudos y la Virgen fueron acabados por completo. No fueron simples bocetos que luego el pintor rectificó y los borró. No. Estaban terminados. Y lo más curioso es que trabajó mucho en su elaboración. Incluso los restauradores pudieron ver las huellas que hizo el compás que utilizó Martínez del Mazo para hacer el trazado de la corona y del círculo de ángeles que rodeaban la cabeza de la Virgen.

Entonces, ¿por qué ocultó estos escudos y la Virgen? La verdad... pues no se sabe qué cosas pasaron por la cabeza del pintor para ocultar estos detalles. Se cree, y te repito, querido Diario... los expertos creen que fue por razones de composición y de descripción, ya que los escudos y la Virgen eran de un tamaño considerable, casi llenando todo el cielo, y dejaban a toda la composición inferior muy empequeñecida. Al final lo que quiso resaltar fue solamente el ciudad de Zaragoza, sin añadidos superiores. Pero, claro, es una suposición de los expertos.

¿Que por qué ocultó estos escudos y la Virgen? La verdad... a saber.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro Vista de Zaragoza - 1647 -, de Juan Bautista Martínez del Mazo, que se puede contemplar en la sala 15).

domingo, 17 de junio de 2018

Querido Diario, 17 de junio de 2018

Querido Diario:

Hoy nos han puesto a prueba... o eso pensamos. Te cuento...

Me ha tocado de relevo en algunas salas de Velázquez, Murillo, Van Dyck,... Estaba llegando a la sala 12, para hacer el relevo a mi compañero y amigo Juan Pablo cuando una chica, que pensábamos que era americana, nos ha preguntado...

-Where is the Garden of the Delights of Goya? (¿Dónde está el Jardín de las Delicias de Goya?)

Yo, la verdad, como mi inglés es como es, con escuchar "where" (dónde) y "Goya" me he conformado y la he preguntado...

-Where is Goya? (¿Dónde está Goya?)

- No, where is the Garden of the Delights of Goya?

En ese momento Juan Pablo, que estaba a mi lado, me ha dicho...

-No. Está preguntado por el Jardín de las Delicias...

Y le ha dicho a la joven...

-No es de Goya. Es de El Bosco.

Y ella ha contestado...

-Ah, ¿no?

Juan Pablo ha continuado...

-Está en el piso de abajo, en la sala 56A.

Y en ese momento ella ha preguntado...

-¿Y por dónde bajo?

... en perfecto castellano. Se lo hemos explicado en español, lógicamente, y ella nos ha dado las gracias, también en nuestro idioma, y se ha ido. Y Juan Pablo y yo nos hemos mirado con cara de circunstancia... ¿Por qué nos preguntó en inglés, si hablaba perfectamente en español?

En fin, hay misterios de la vida que nunca tendrán explicación.

Pero, bueno, no pasa nada. Cambiando de tema, cuando estaba vigilando por estas salsas, pensando sobre qué obra de arte te podía hablar, he visto un cuadro que tiene gran relevancia para mí. Y me he dicho...

-Este para mi Diario.

Me explico...

Como ya te he dicho alguna que otra vez, yo nací y vivo en Alcalá de Henares, una ciudad que está a treinta kilómetros de la villa y corte de Madrid. Y en esta ciudad, el cardenal Cisneros fundó una universidad que se equiparó con las de Valladolid o Salamanca, pero con una salvedad, y era que Cisneros dejó los estudios "civiles" para esas universidades y dedicó a la Universidad de Alcalá a los estudios sobre Dios. Es decir, en esta nuestra universidad se estudiaba Teología, Derecho canónico y Medicina. Por eso muchas órdenes religiosas vinieron a Alcalá y fundaron Colegios-Convento, para que sus frailes estudiaran, sobre todo, Teología y Cánones.

¿Y a qué viene todo este rollo? Seguro que te lo preguntarás, querido Diario. Pues es porque los conventos, y sobre todo sus templos, tenían cuadros de pintores de la época.

Y con la desamortización del siglo XIX, expulsando a los religiosos de sus conventos, el gobierno se quedó con los edificios y con las obras artísticas que habían dejado abandonadas los frailes. Los edificios se vendieron o se los quedó el gobierno para, por lo menos en Alcalá, crear cuarteles militares.

Pero, ¿qué pasó con las obras de arte? Esto es más apasionante, querido Diario...

El Museo del Prado abrió sus puertas el 19 de noviembre de 1819, pero no se llamó desde sus orígenes así. En aquella época, como las obras de arte expuestas eran del rey Fernando VII, el museo se le denominó Real Museo de Pintura y Escultura.

Llegó la desamortización... bueno, las desamortizaciones, porque fueron varias, pero la más famosa fue la de Medizabal en octubre de 1835, ya fundado el Real Museo, e incautaron todas las obras de arte de los conventos abandonados. Pero, ¿qué hacer con ellas?

Solución... crear un museo para exponerlas.

Como ya existía el Real Museo de Pintura y Escultura, propiedad del rey, a este nuevo museo se le llamó Museo Nacional de Pintura y Escultura, ya que eran obras "de la nación" y así se distinguían entre ellos. Se creó el 31 de diciembre de 1837, aunque abrió sus puertas el 24 de julio de 1838. Y el edificio donde se albergó este segundo museo fue el antiguo Convento de la Trinidad Calzada, en Madrid. Y desde su inauguración, más o menos, lógicamente, se le conoció más por el Museo de la Trinidad.

Las obras de este museo nacional eran las procedentes de los conventos desamortizados de las provincias de Madrid, Toledo, Ávila y Segovia más las obras incautadas al infante don Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza, que había abrazado la causa carlista. También se destinaron a este museo las obras contemporáneas adquiridas por el Estado, sobre todo las obras premiadas en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.

Siguiendo con la historia, falleció el rey Fernando VII y le sucedió en la Corona su hija Isabel II. Pero tras la Revolución de 1868, que se conoció como La Gloriosa, se destronó a Isabel II, que ocasionó su exilio. Entonces, ¿qué pasó con el Real Museo? Pues que pasó a ser propiedad de la Nación.

Oh... "Houston, tenemos un problema"... un gran problema... el Real Museo deja de ser "Real" y pasa a ser "Nacional"... Pero ya hay otro nacional... ¿Dos iguales y a la vez distintos? Tiene poco sentido, por no decir ninguno, la existencia de dos museos nacionales de pinturas y esculturas.

Solución... en 1872 se suprimió el Museo de la Trinidad y sus fondos se unieron al Real Museo, que desde ese momento se le denominó como el disuelto... Museo Nacional de Pintura y Escultura.

Y todo esto para decirte, querido Diario, que estando vigilando por estas salsas, pensando sobre qué cuadro te podía hablar, vi un cuadro que tiene gran relevancia para mí. Y no es ni más ni menos que El triunfo de san Agustín, que pintó Claudio Coello en el año 1664.

¿Y por qué es importante para mí? Pues muy sencillo, querido Diario... esta obra la realizó Claudio Coello cuando tenía veintidós años de edad para el Convento de Agustinos Recoletos de Alcalá de Henares, y permaneció en el convento, en el lugar para la que fue pintada, hasta 1836, en que, con motivo de la desamortización, fue destinada al Museo de la Trinidad.

¿Y qué vemos en el cuadro? Pues en él aparece San Agustín, uno de los Padres de la Iglesia, que fue obispo de Hipona, elevándose sobre una nube, ante un fondo de cielo de un azul frío e intenso. Si te fijas bien, querido Diario, está señalando con su mano derecha el camino del Cielo, a la vez que dirige su mirada hacia dos de las amenazas contra las que combatió: el infierno, representado por el dragón, y el paganismo, en este caso representado por el busto de un dios clásico.

Según los experto, que no son palabras mías, "el espacio juega un papel fundamental en la construcción de esta obra pictórica: las columnas y las nubes dan solidez a la composición; el cielo actúa como telón de fondo luminoso y enfático; la zona inferior, aunque reducida, abunda en elementos de gran poder estético y significativo: las personificaciones del mal, el paisaje suave y jugoso, y las basas de las columnas o la cartela en la que un jovencísimo pintor afirma ser el autor de esta obra maestra".

Este cuadro es grande. Mide, para ser exactos, 203 x 271 centímetros... más de dos metros de ancho por casi tres de alto. Y estaba ubicado en el altar mayor del templo del convento de Alcalá. Por su tamaño y su composición de lectura clara, dinámica y heroica, el pintor buscó impresionar a los fieles. Claudio Coello podía haber hecho varios cuadros más pequeños, repartidos en el retablo, para crear una narración de la historia de San Agustín, pero prefirió hacer una única y colosal imagen destinada a impresionar.

A mí, aparte de por ser una obra de Alcalá, me encanta... Impresiona.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro El triunfo de san Agustín - 1664 -, de Claudio Coello, que se puede contemplar en la sala 18A).

miércoles, 16 de mayo de 2018

Querido Diario, 16 de mayo de 2018

Querido Diario:

Hoy no he trabajado pero ha sido un día muy importante para mí... y para ti, querido Diario. ¿Que por qué? Pues porque en el programa Esto de suena de Radio Nacional de España me han hecho una entrevista... por ti.

Se enteraron de tu existencia y han querido saber más sobre los vigilantes de sala del Museo del Prado, y, claro, hemos hablado de ti. Si me quieres oír, bueno, tú y todos los "cotillas" que te leen a hurtadillas, lo pueden hacer haciendo clic en las palabras... "Esto me suena".

La verdad es que me lo he pasado genial. Al principio estaba nervioso... no, muy nervioso... no, súper nervioso... no, mega nervioso... y más. Eso sí, los presentadores José Antonio García Muñoz, al que llaman Ciudadano García, y David Sierra me lo han hecho muy fácil. Con las bromas a micrófono cerrado me han relajado... lo justo y necesario para que no me diera un infarto. El problema... mejor dicho, mi problema es que no me gusta escucharme... entre otras cosas porque tartamudeo sin darme cuenta. Quiero buscar la palabra más correcta y se me traba la lengua mientras pienso. ¡¡¡Que mal me sueno!!! Pero, bueno, lo he hecho lo mejor posible y con mucha ilusión. Espero haber estado a la altura.

Y, claro, como no he ido a trabajar no puedo contarte ninguna "batallita" del Museo. Bueno... sí.

He estado buscando un cuadro que hablase de una entrevista y que estuviese expuesto en el Museo, y he encontrado uno que justamente está en una de mis salas que me toca vigilar este mes. Y encima es una "batallita".

Se titula La rendición de Bailén (de la tradición y de la historia), y lo pintó José Casado de Alisal en el año 1864.

Este cuadro representa uno de los momentos cruciales de la Guerra de la Independencia contra Francia, que duró desde 1808 al 1814. Para ser más exactos, representa la capitulación del ejercito francés ante las tropas españolas tras la derrota sufrida por los franceses en las cercanías de Bailén, en la provincia de Jaen. Si bien recuerdo fue el 19 de julio de 1808.

La escena inmortaliza la "entrevista", de ahí el hablar de este cuadro, que tuvieron pocos días después Francisco Javier Castaños, que era el Capitán General de Andalucía y Jefe de las tropas españolas, y Pierre-Antoine Dupont de l`Étang, que era el Comandante en jefe del Cuerpo de Observación de la Gironda y uno de los estrategas de Napoleón. En esa reunión se fijaron las condiciones de la rendición.

Si te fijas ahora en el cuadro, querido Diario, en el lado de la izquierda está el ejercito ganador, el español, que está compuesto por militares regulares y guerrilleros del pueblo. Y en la parte de la derecha, el francés.

En el centro, vestido de rojo y blanco, está el general Castaños, el español, que está saludando respetuoso y con gesto afable, quitándose el bicornio, mientras hace una cortés reverencia. Por otra parte, el Comandante Dupont, el francés, que está vestido de negro y blanco, con una actitud orgullosa y seria, responde abriendo los brazos en señal de rendición, declarándose prisionero tras entregar su espada.

¿Sabes, querido Diario? A pesar de la veracidad histórica que Casado quiso infundir en esta narración de la escena, la verdadera rendición de Bailén no tuvo lugar en el mismo campo de batalla, sino que fue firmada en una casa de postas de Andújar tres días después, el 22 de julio de 1808.

Me imagino que te preguntarás entonces por qué Casado de Alisal lo pintó de esta manera. La respuesta es muy sencilla... ¿no te suena a otro cuadro, que también está en la Museo? Pues sí, querido Diario, este nuestro pintor Casado quiso rendir un homenaje a Velázquez y a su cuadro La rendición de Breda. Si te fijas bien, los grupos de los dos ejércitos están distribuidos de forma muy semejante, aunque los ejércitos están invertidos. En este cuadro los vencedores están en el lado izquierdo y en el de Velázquez están en el derecho.

Y los mástiles de los banderines y enseñas de ambos bandos ayudan aún más a recordar el cuadro velazqueño. ¿No te parece?

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía de los cuadros La rendición de Bailén - 1864 -, de José Casado de Alisal, que se puede contemplar en la sala 61B; y La rendición de Breda - hacia 1635 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 9A).

miércoles, 18 de abril de 2018

Querido Diario, 18 de abril de 2018

Querido Diario:

Hacía mucho tiempo que no me tocaba vigilar la sala 12, la sala de Las Meninas... pues hoy ha sido.

Y me he sentido como si estuviera en el parque... un chico comiendo frutos secos tirándolos hacia arriba y cazándolos con la boca, una chica joven peinándose mirándose en el móvil, una mujer delante de Las Meninas pintándose los labios, otra dándose crema en las manos, niños corriendo alrededor de los padres y estos mirándolos divertidos, un oriental haciendo estiramientos o tai chi,  no sé muy bien, delante de un cuadro,... lo normal en un Museo, digo yo. No sé si se me nota el tono irónico. En fin, no hablo de normativa, sino de sentido común.

Pero, bueno, no todo ha sido ver cosas "curiosas"... también las he oído...

-¿Me puede decir dónde están los aseos más cercanos?

-Saliendo por esa sala, a la derecha hay una escalera. Tiene que bajar dos tramos y ahí están los aseos más cercanos.

-Tengo que subir dos tramos.

-No, no. Tiene que bajar dos tramos.

-Ya, si le he entendido. Pero luego tengo que subirlos para volver aquí.

Y me he dado media vuelta, riéndome por adentro... por no llorar.

Además, hoy he descubierto que también tenemos que saber de historia. Te cuento...

Estando en la sala 12, la sala de Las Meninas y de muchos cuadros relacionados con la familia de Felipe IV, se me ha acercado un señor de unos cincuenta y cinco años y me ha preguntado...

-¿Dónde está la sala de los Borbones de Velázquez?

-Bueno... es esta sala, la 12, pero no son Borbones, sino Austrias. Los Borbones llegaron a España en el año 1700 con Felipe V, y Velázquez era el pintor de Felipe IV, de la familia de los Austria.

No sé si ha sido una pedantería por mi parte, pero es que me ha salido así. Soy así de "especialito". De todas formas, los cuadros de la familia real pintados por Velázquez estaban en esa sala.

Y hablado de esta sala 12, la de Las Meninas, ¿de qué cuadro te crees que te voy a hablar? ¡¡¡PUES NO!!! Hoy voy a cambiar, jejeje. Hoy te quiero hablar del "hermano gemelo" del rey Felipe IV.

Y es que Velázquez pintó a Felipe IV en 1623. Y entre los años 1626 y 1627 pintó a El infante don Carlos y no, no era el hermano gemelo del rey, sino que era hermano menor... dos años menor. Eso, sí, tienen tanto aire familiar que podrían pasar por gemelos... es más, durante mucho tiempo se pensó que este cuadro representaba al propio monarca.

Don Carlos, como infante, no tenía asociada ninguna responsabilidad de gobierno. Por eso, como no tenía atributos con qué pintarle, Velázquez aprovechó para resaltar su elegante indumentaria a la vez que pintó detalles que en un principio podrían ser insignificantes, pero que dan al retrato, y al retratado, una distinción, como por ejemplo, la mano derecha, que sostiene un gran sombrero, o la mano izquierda, que apenas sujeta el guante que está a punto de caerse.

Pero, claro, no te puedo hablar del infante don Carlos, querido Diario, sin hablar de su hermano mayor, el rey Felipe IV.

Velázquez le pintó en 1623, cuando tenía dieciocho años. Y le retrató en una imagen austera, vestido de negro, de pie junto a un bufete. La mano izquierda se apoya sobre el pomo de una espada. Y detrás, en el bufete, descansa un sobrero de copa. Estos dos artilugios, la espada y el sombrero, según los entendidos, "aluden a la administración de justicia y a la defensa de sus reinos". Y si te fijas bien, querido Diario, a la altura de la cintura le cuelga el Toisón de oro, que es el símbolo de su linaje. Y en la mano derecha sostiene un papel, que hace referencia a sus responsabilidades administrativas.

Pero la historia de este cuadro no terminó en 1623... después de pintar a su hermano don Carlos, Velázquez volvió a trabajar en este cuadro del rey en 1628, cambiándole la cara al monarca, actualizándolo a su edad, veintitrés años.

Y me imagino que te habrás dado cuenta, querido Diario, que el rey tiene "tres piernas"...

Bueno, eso se llama "arrepentimientos" del pintor, es decir, las modificaciones que se hacían si lo que habías pintado no te gustaba. Normalmente se tapaban con una capa de pintura gruesa y no se notaban, pero Velázquez los cubría con "veladuras", que eran capas muy delgadas de pintura, que con el tiempo han perdido fuerza y se han ido transparentado, mostrando los arrepentimientos. Por eso se ve la "tercera pierna" del rey.

Es más, no solo la pierna derecha era un arrepentimiento... si te fijas bien, también modificó el vuelo de la capa.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografías de los cuadros El infante don Carlos - 1626-1627 - y Felipe IV - 1623 y 1628 -, los dos de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se pueden contemplar en la sala 12).

jueves, 12 de abril de 2018

Querido Diario, 12 de abril de 2018

Querido Diario:

Hoy ha sido un día raro. Por un lado me ha dado un bajón, pero luego me ha dado un subidón. Te cuento...

Me ha tocado vigilar las salas de El Greco, y he comprobado que algunas obras de arte estaban prestadas para una exposición temporal en Nueva York. Por eso el Museo ha tenido que añadir a estas salas otras obras, pero esta vez de Maíno... sí, mi querido fray Juan Bautista Maíno, y de Luis Tristán.

Bueno, a lo que iba... el bajón me lo han dado un grupo de jóvenes de unos 17 años. Y me ha dado bajón por su ignorancia. ¿Esta es la juventud que estamos formando? Te tengo que decir, querido Diario, que no era un grupo español, pero no te puedo ni quiero dar más información sobre ellos. La profesora estaba explicando, en perfecto español pero lento para que la entendieran, el cuadro Pentecostés, que pintó El Greco hacia el año 1600. Y la profesora ha preguntado...

-En la parte de arriba hay una paloma. ¿Qué significa la paloma?

Y un joven contestó...

-La paz.

Bueeeeno... síííí... la paloma puede representar la paz. Pero en este caso va a ser que no. ¿¿¿No sabían que la paloma representa a Dios Espíritu Santo???

Siguieron...

-¿Y por qué tienen una llama encima de la cabeza?

-Para hacer un ritual y quemarse todos juntos.

¡¡¡EHHH!!! Te lo prometo, querido Diario. Eso es lo que dijo. Lo apunté en el papel que llevo siempre en el bolsillo de la chaqueta para que no se me olvidara. No sé si estaba de cachondeo o lo ha dicho porque lo sentía, pero... ¡¡¡Esta es la juventud que nos precede!!! Miedo me da.

Pero la cosa continuó...

-Estos cuadros estaban en el retablo mayor de la iglesia del Colegio de la Encarnación, de Madrid. ¿Sabéis lo que es un retablo?

-No...

Sin comentarios... sobre los estudiantes. Y digo esto porque la culpa no es solo de la juventud, sino también la tenía la profesora. Me explico...

Ya no estaban con el Pentecostés, sino que se habían ido a ver la Adoración de los pastores, que pintó El Greco entre los años 1612 y 1614. Como bien podrás comprobar en la fotografía que he pegado al lado, querido Diario, la luz que alumbra a los personajes del cuadro "nace" del Niño Jesús. Y la profesora se explayó de lo lindo...

-Cuando tenemos una idea decimos que "se me ha encendido la bombilla". Por eso El Greco pintó al Niño como una lámpara que ilumina a los demás personajes. Es porque significa "la sabiduría"...

¡¡¡Ay, Dios mío!!! Ya lo entiendo todo... si así son las explicaciones que da en clase, ya entiendo el porqué los jóvenes no saben nada de nada.

Primero, en la época de El Greco no existían las bombillas. Por tanto no podría existir esa expresión. Y me imagino que tampoco existiría la idea. Aunque a lo mejor se decía "se me he encendido la vela". No lo sé. Pero lo que sí sé es que la luz que sale del Niño Jesús significa otra cosa. Es una alusión al Evangelio del San Juan, cuando dice...

"Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida»". (Jn 8, 12)

Por tanto, la luz no significa "sabiduría" sino "la luz que alumbra al mundo".

Menos mal que se marcharon al poco tiempo de oír estas barbaridades y me pude tranquilizar, pero poco... En la sala había un matrimonio mayor, jubilados, y una chica de unos veinte años con una cámara buena. Yo estaba paseando cuando oigo el típico "clic" de una fotografía. Me giro y mientras me voy acercando a ella voy diciendo...

-No fotos, por favor... No pictures, please... No fotos, por favor.

Tres veces, dos en español y una en inglés. Claro, se le empezó a funcionar el tímpano cuando yo estaba a un metro de ella...

-¿Es a mí?

Miré a los lados y dije...

-Estamos cuatro personas en la sala y solo usted está haciendo fotos... Sí, es a usted.

-Ah, vale.

Reconozco que no sé si ha sido la contestación más políticamente correcta, pero me ha salido del alma... y seguro que los chicos de antes tampoco sabrán lo que es el alma.

Pero, bueno, al principio te he dicho que me ha dado un bajón, pero también me he animado después. Y es que, estando en mis salas, ha entrado un religioso carmelita. En el Museo he visto sacerdotes con clériman, que es una camisa con el cuello especial para sujetar el "alzacuellos", que a su vez es una tira blanca, normalmente de plástico, que es el distintivo de su condición sacerdotal. También he visto sacerdotes con sotana, a monjas, a religiosos franciscanos con su hábito,... pero nunca había visto a un carmelita. Y es que tengo que reconocer que tengo devoción por los carmelitas, porque de pequeño fui monaguillo en un monasterio de carmelitas descalzos y tengo muy buenos recuerdos de aquella época.

Pues el carmelita iba mirando cuadro a cuadro con mucha devoción. Es más, yo diría que incluso estuvo rezando delante de más de uno.

Estaba yo expectante para que se fijara en un cuadro en especial, pero cuando acabó de ver los cuadros de la segunda sala, en vez de entrar a la tercera, se empezó a dirigir hacia la puerta de salida de las salas de El Greco. Y ni corto ni perezoso me abalancé sobre él...

-Perdone, ¿es usted carmelita?

Se miró de arriba a abajo y me contestó...

-Sí, claro.

-Es que me gustaría enseñarle un cuadro que creo que le va a gustar.

Y le dirigí a la tercera sala y le puse delante del cuadro en cuestión.

-Muchas, muchas, muchas gracias.

Y se quedó ensimismado durante unos diez minutos contemplando la pintura.

Me imagino que te preguntarás que qué cuadro es, ¿verdad, querido Diario? Si ya lo sabía... es el Retrato de un carmelita, que pintó Luis Tristán hacia el año 1620.

Poco te puedo decir sobre este cuadro, querido Diario. Simplemente que desde finales del siglo XVI a las órdenes religiosas les dio por solicitar retratos de los religiosos más afamados por sus virtudes o por su actividad intelectual.

El problema sobre este cuadro es que no se sabe quién es el retratado. El hábito nos revela solamente que era un carmelita, y que los libros que se ven abiertos sobre la mesa nos puede dar a entender que era un escritor de la orden o un estudioso.

Sobre el retratado no te puedo contar más, pero hay que decir que Luis Tristán lo pintó con gran expresividad, ya que logró transmitir los rasgos del rostro de manera muy eficaz. Además, jugó con la creación de dos grandes superficies de color que contrastan mucho entre sí... el oscuro del fondo y los blancos de la capa del hábito. Y además, el contraste actúa como marco de las zonas de mayor valor expresivo... las manos y la cara.

Sin más que poder decirte... ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografías de los cuadros Pentecostés - hacia 1600 -, de El Greco, que se puede contemplar en la sala 9B; Adoración de los pastores - 1612-1614 -, de El Greco, que se puede contemplar en la sala 10B; y Retrato de un carmelita - hacia 1620 -, de Luis Tristán, que se puede contemplar en la sala 8B).

sábado, 7 de abril de 2018

Querido Diario, 7 de abril de 2018

Querido Diario:

Siempre he dicho que nos tendrían que pagar un plus por adivinos. Anthony Blake sería un buen vigilante de sala. Te cuento...

-Where is The Fourth of May?... of Goya! (¿Dónde está El cuatro de mayo?... ¡de Goya!)

Me dieron ganas de contestar...

-En el calendario, porque en el Museo, no.

Pero, bueno, me imaginé que era un visitante de Estados Unidos y pensé que había relacionado su 4 de julio con los sucesos en Madrid del 3 y 4 de mayo de 1808.

-Downstairs, in room 64. (En el piso de abajo, en la sala 64)

Se lo comenté a mi compañera Rocio y me comentó que un día a ella le preguntarnos...

-¿Dónde está El jardín de las tres delicias?

En fin, verdaderamente el cuadro se titula El jardín de las delicias, y es de El Bosco, no de un pintor chino.

Y también le preguntaron por dos pintores...

-¿Dónde están los cuadros de Rubén y Soraya?

Como bien me dijo Rocio, esos deben ser el dúo de moda... pero seguro que no pintan mejor que Rubens y Sorolla.

Y no solo tenemos que ser adivinos, sino que además tenemos el poder de influir en la gente. Dos jóvenes de unos veinte años me preguntaron...

-La Última Cena, ¿dónde está?

-¿De qué pintor? Es que hay varios cuadros con ese título.

-Uhm... el que más te guste.

-Pues entonces, La Última Cena de Juan de Juanes, en la sala 51.

... para qué romperme más la cabeza, jejeje.

Lo bueno de ser adivinos y de tener el poder de influir en la gente es que nos ven como gente muy, muy, muy importante. Me han llamado de todo, como "Jefe", "Oiga", "Eh, tú",... pero ayer un chico de unos 13 años me dijo...

-Señor del Prado, ¿dónde está The Bosch?

Me recuerda a la película El señor de los anillos... En este caso sería El señor del Prado... es mío, jejeje.

Bueno, hoy me ha tocado vigilar las salas donde está Las hilanderas, entre otros cuadros. Y en la sala de al lado, en la 16A, hay un cuadro que me llama poderosamente la atención. No sé si es para bien o para mal. Se titula Auto de Fe en la plaza Mayor de Madrid, y lo pintó Francisco Rizi en 1683.

Está catalogado dentro del grupo de "Pintura de historia" y plasma el auto de fe que sucedió tres años antes, el 30 de junio de 1680, y que presidió el rey Carlos II.

La Corte no solía realizar autos de fe. El último se había celebrado en 1632, por lo que a este acontecimiento se le dio mucha solemnidad. Se celebró en la Plaza Mayor de la villa de Madrid y duró toda una jornada.

Si te fijas bien, querido Diario, en el centro del fondo de la plaza hay una tribuna real y en ella está Carlos II, su mujer María Luisa y su madre. Y en los balcones del fondo están las personas distinguidas de la corte.

A ambos lados del cuadro se ven unas gradas llenas de cargos públicos, distinguiéndose perfectamente la de la izquierda que está llena de religiosos dominicos, que era la orden que dirigía la Santa Inquisición. Y detrás de estos, está el solio del Inquisidor General, que por cierto no está en él, sino que está al lado de la tribuna de los Reyes, y se aprecia que se va hacia su solio.

¿Que qué es el solio? Pues es una tribuna con dosel, que es el mueble que a cierta altura cubre o resguarda un altar, un sitial, una tribuna,...

Y justamente a los pies de las gradas de los religiosos dominicos puedes apreciar, querido Diario, una rica alfombra. Y sobre esta hay un altar con la cruz verde, que simboliza la esperanza de perdón de los reconciliados, y el estandarte del Santo Oficio.

En el centro del cuadro y en la parte inferior se pueden ver varios reos con coroza, que es un cono alargado de papel que se ponía en la cabeza a los condenados y que llevaba pintadas figuras alusivas al delito. También llevan un sambenito, que era una especia de capa o escapulario que se ponía a los reos.

Y si te fijas bien, querido Diario, en la grada de la derecha, entre los asistentes, hay figuras de reos, algunos con unas cajas. Estas figuras no eran personas de carne y hueso sino que eran estatuas de los reos muertos o huidos. En el pecho, en el sambenito, se leería una inscripción con los delitos del condenado y en la caja estarían los huesos de los muertos.

Y ya, en el primer plano, se ve a los soldados de la fe y los asnos que llevan a los condenados a muerte a las afueras de la villa para ser ejecutados por la justicia "secular". Y pongo entre comillas la palabra "secular" para marcarla bien, ya que tenemos, y yo el primero, una idea errónea de la Inquisición española.

Primero, cuando condenaban a muerte, el ejecutor era la justicia civil, la secular, y no la religiosa. La Santa Inquisición condenaban, pero no ajusticiaban.

Y, segundo, en España hubo sentenciados a muerte, no lo niego, pero no tantos como se dice. Eso ha sido una leyenda negra inventada y exagerada por los ingleses para atacar la imagen de los españoles... y lo han logrado... y con creces. Hasta los españoles no la creemos. Y lo que es peor, la seguimos difundiendo, aun sabiendo que se ha comprobado que la Inquisición española fue mala, cierto, pero no tanto como se cuenta.

Pero, en fin, cambiando de tema, al principio he dicho que este cuadro me llama poderosamente la atención y no sé si es para bien o para mal. Bueno... sí lo sé. Es para mal. Me explico...

Soy delineante de profesión y en mi vida laboral he tenido que dibujar muchas perspectivas. Y esta deja mucho que desear. No niego que Francisco Rizi fuese un buen pintor, pero como dibujante de perspectivas... va a ser que no.

Pero lo que más me raya, y perdona la expresión, es el centro, donde están los condenados, los relatores, que eran los lectores de las causas y de las sentencias, en los púlpitos, y a unos dominicos con el predicador en el púlpito central. Pero... la tarima, o lo que sea eso, ¿está elevada sobre el suelo, hacia arriba o está en un hueco, hacia abajo?

A ver si me sé explicar...

En la parte de abajo del cuadro vemos a unos soldados con banderas y caballos. A su izquierda se aprecia una escalera que "sube" a lo que se entiende como el suelo de toda la plaza. Por tanto, el suelo como tal está algo elevado. Si te fijas bien, querido Diario, todo el "suelo" de la plaza está al mismo nivel. Pero... aquí está el pero... detrás del grupo de gente que llevan a los condenados a ser ejecutados hay una especie de pared como de frontón con una barandilla arriba. Pero la gente que está detrás de esa barandilla está al mismo nivel que los soldados que llevan al reo. Por tanto, ¿qué es esa pared? Luego, enfrentada a esta pared hay lo que puede ser un hueco sujetado por cuatro columnas de madera con su capitel. La gente que está dentro, ¿estarían debajo de la tribuna de los reyes?

Con tu permiso, querido Diario, me dirijo a los cotillas que te leen a hurtadillas...

Queridos Cotillas:

Si alguno de vosotros ve con claridad lo que hay en el centro del cuadro, que me escriba, sea por el medio que sea, pero que me escriba. Desde que vi por primera vez este cuadro y empecé a analizarlo... ¡¡¡Esto es un sin vivir!!!

Gracias.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro Auto de Fe en la plaza Mayor de Madrid - 1683 -, de Francisco Rizi, que se puede contemplar en la sala 16A).

PD: "Si me queréis... y quereis, votadme".
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