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sábado, 18 de agosto de 2018

Querido Diario, 18 de agosto de 2018

Querido Diario:

Hoy una compañera me ha dado una noticia que no sé cómo tomármela... Me ha dicho que una academia que prepara la oposición para vigilantes de salas del Museo del Prado ha recomendado a sus alumnos que te lean. Ya ves, querido Diario, me consideraba "bloguero", por lo de escribir en un blog, pero ahora me tendré que considerar "influencer", jejeje. Para mí es un honor, cómo no, pero... como siempre en mí, hay un pero... es que son a los alumnos que estudian la misma oposición a la que me voy a presentar yo. No digo más... y lo digo todo.

Pero aunque me he pasado toda la tarde pensando si esa noticia era buena o mala, me he acordado que ayer me vino a visitar una cotilla que te lee a hurtadillas. Volvía del descanso cuando mi relevo me dijo que una pareja me estaba esterando...

-¿¿¿Ehhhh???

Pues, sí. Andrea, que es la cotilla, y su hijo querían conocerme y agradecerme mi trabajo por el diario. Ya ves, querido Diario, como si escribirte fuese para mí un trabajo. Si es todo lo contrario... un placer.

Gracias, Andrea.

Ah, que se me olvidaba... también la semana pasada se me presentó otra pareja que te lee. Bueno, si bien recuerdo era ella la cotilla. Pero tuve el fallo de no preguntarles su nombre. ¡¡¡Me cachis!!! Gracias, igualmente.

¿Sabes, querido Diario? Me encanta que se me presenten las cotillas y los cotillos que te leen a hurtadillas. Me hace mucha ilusión. Pobre de mí, con poca cosa se me contenta.

En fin, cambiando de tema, el mes sigue "enclaustrándome", jejeje. En un principio pensé que estar un mes entero vigilando en el Claustro de los Jerónimos iba a ser tedioso, pero, como te comenté el 8 de agosto, han puesto una pequeña cafetería y eso anima a la gente a subir para ver el claustro y ya de paso tomarse una café o una cerveza. Eso sí, como no se puede comer ni beber en el Museo, lo tienen que consumir en las mesas que han colocado al lado de la barra. Y algunos días suben más gente o otros días no sube casi nadie. Por eso le estoy cogiendo gustillo a vigilar en el Claustro.

Pero poco tengo que hacer... como en el Claustro se pueden hacer fotografías, no tengo que estar pendiente de eso. Solo tengo que estar vigilando para que no toquen las esculturas, que no pasaría nada, pues las esculturas son duras y no se estropean. Pero si la normativa dice que no se pueden tocar las esculturas, mi trabajo es hacer que se cumpla.

También tengo que estar pendiente que la gente no ande descalza, pero este mes solo me ha pasado dos veces... y por niños pequeños. La verdad, aunque lo barren y lo friegan todos los días, con el uso, el suelo se ensucia. Y con lo sucio que está, no entiendo como los padres dejan que, en este caso, una corra descalza y otra, u otro, porque no sé si era niño o niña, gateara... y encima, para más inri, descalza. Debe ser que "lo que no mata, fortalece".

Y otra cosa de la que tengo que estar pendiente es que no tiren nada al patio de luces que tiene el Claustro para dar luz a las salas de las exposiciones temporales que están en los pisos de abajo. No entiendo por qué la gente es tan guarra, con perdón. Echan de todo... monedas, planos, folletos, entradas troceadas como si fuera confeti,... Y lo hacen en décimas de segundo, que no te da tiempo a frenarles, solo a decirles que no se puede tirar nada... después de que ya lo han hecho, claro. Por suerte, en lo que llevo de mes solo han tirado tres planos, un folleto de una exposición temporal... y una carcasa de móvil. Y, orgulloso de mí, he de decir que no ha sido mientras yo he estado vigilando.

Eso sí, los visitantes me ven con cara de saber de todo, o con cara de guía turístico, pues no pasa un día que alguien me diga...

-¿Me puede explicar la historia de este Claustro?

La mayoría de las veces les indico dónde está la cartela explicativa, que se ve perfectamente, y otras veces, cuando veo que no hay nadie más, pues mi trabajo es vigilar, no explicar, se la medio comento en treinta segundos.

Y es que ese claustro formaba parte del Monasterio de San Jerónimo el Real. Esta institución religiosa se creó en 1464, pero se estableció en este paraje en 1503. El rey Felipe II, como ya te comenté el 11 de julio, pidió que se creara un "cuarto real" en torno a la iglesia de San Jerónimo, que más tarde ese cuarto quedó integrado en el Palacio del Buen Retiro.

Volviendo al claustro, éste no fue el original de principios del siglo XVI. EL actual se empezó a construir en 1672 y se terminó diez años más tarde, en 1682, sustituyendo al antiguo. Fue diseñado por el arquitecto agustino fray Lorenzo de San Nicolás.

¿Sabes, querido Diario? Está realizado con granito madrileño y en el estilo se nota que tuvo mucha influencia la arquitectura de El Escorial, ya que es clásico y austero.

Continuando con la historia, en la Guerra de la Independencia contra los franceses sufrió muchos daños y casi fue demolido en el año 1857. Menos mal que no lo hicieron, pues entonces no tendríamos esta obra de arte arquitectónica.

En 1925 fue declarado Monumento Nacional. Y en el año 2000, cuando el arquitecto Rafael Moneo hizo la ampliación del Museo, el Claustro de los Jerónimos fue desmontado, piedra a piedra, se numeraron, se limpiaron, se restauraron y se colocaron en su sitio... hasta ahora.

Imagínatelo, querido Diario... el claustro tiene casi tres mil bloques de piedras y menos mal que cuando lo montaron no sobró ninguno, jejeje.

Y como lo prometido es deuda, el 8 de agosto te dije que iba a hablar de la otra estatua de cuerpo entero que María de Hungría, la hermana de del emperador Carlos V,  mandó hacer a Leone Leoni en 1549, aparte de la de su sobrino. Bueno, le mando hacer diez, pero solo hizo dos... la de Felipe II y ésta, María de Hungría.

El destino de estas estatuas era la galería dinástica que María había proyectado en el Palacio de Binche, en Bélgica. Pero Leone Leoni demoró un poquiiiito su realización... por lo menos hasta 1553. Al final, el escultor entregó a María de Hungría su estatua en 1556, dos años después de que las tropas francesas arrasaran Binche. Ya ves, querido Diario, nunca llegó a ocupar el lugar para el que había sido diseñada.

Pero la historia no termina ahí. Sigo...

Ese mismo año, 1556, María se trasladó a España, y las esculturas siguieron el mismo camino, acompañadas por Pompeo Leoni, el hijo de Leone, que se trasladó a Madrid para completarlas... en 1564, ocho años después, realizando la basa, incluyendo en ésta la inscripción...

"Maria Austria Regina Ludovici Ungariae Regis" Reina María de Austria [esposa] del rey Luis de Hungría).

Y como nuestra María de Hungría falleció en Cigales, cerca de Valladolid, en 1558, dos años después de su llegada a España, nunca vio terminada su estatua.

En fin, la escultura de María de Hungría es de broce y mide 175 centímetros de alto. Supongo que sería la altura real de la hermana del rey Carlos I de España, viuda del rey Luis II de Hungría y gobernadora de los Países Bajos, o sea, María de Habsburgo, también conocida por María de Austria o María de Hungría.

En su condición de viuda, la estatua de María no podía llevar la vestimenta con mucha decoración. Y hay que reconocer que esta limitación fue positiva, ya que Leone tuvo que jugar con los pliegues de la ropa para darle el dinamismo y la majestuosidad que tiene la escultura.

¿Qué es lo que vemos? Pues a nuestra María de pie, vestida como te he dicho antes, de viuda. Tiene las manos juntas, sosteniendo un misal. En la cabeza lleva una toca que parece una monja.

¿No te has dado cuenta, querido Diario, que en el cuadro Las Meninas, detrás de Isabel de Velasco hay una monja? Pues no es una monja, sino una viuda. Es que en aquella época, las viudas se vestían con una toca en la cabeza, como las monjas.

Ah, por cierto, la viuda de Las Meninas se llamaba Marcela de Ulloa y era una dama de honor de la infanta Margarita.

Siguiendo con la estatua de María de Hungría, si te fijas bien, querido Diario, verás que lleva por el cuello una estola, que es una especie de bufanda que le llega casi hasta los tobillos. La verdad, esa estola era un tema que me "rallaba"...

-¿Cómo una viuda lleva una estola sacerdotal?

Es que la estola es una prenda litúrgica que utilizan los sacerdotes o los diáconos en la administración de los sacramentos. Es una prenda de tela que se pone alrededor del cuello. Los diáconos se la colocan en el hombro izquierdo y se la cruzan por el pecho y la espalda, ajustándola en el lado derecho de la cintura. Y los sacerdotes se la ponen en el cuello y los lados cuelgan sobre el pecho, por delante.

Entonces, si es una prenda litúrgica que utilizan los sacerdotes o los diáconos, ¿cómo es que la lleva nuestra María?

Tiene su explicación, y es que como la estatua se ve de abajo a arriba no se aprecia bien... la toca tiene unos extremos muy largos. Están anudados sobre la nuca, cosa que no se ve desde abajo, cayendo hacia delante, y están rematados con unas cruces, formando una especie de estola.

¡¡¡Bien!!! ¡¡¡Está solucionado!!! No es que sea una estola, sino los extremos de la toca que caen en forma de estola. Y se trata de una indumentaria que, según su biógrafo Alessandro Nogarola, se ponía cuando iba a la iglesia o cuando se presentaba como majestad.

Mañana me fijaré bien, a ver si se aprecia el nudo de la toca en la nuca, y te lo cuento después, querido Diario.

Ah, ¿sabes? Para realizar esta estatua, Leone Leoni partió de un busto que había hecho en terracota durante su primer encuentro que tuvo con María de Hungría en Bruselas, en el año 1549. Este busto sirvió también para otro busto que hicieron los Leoni, padre e hijo, de nuestra María, pero esta vez en mármol y que también lo conserva el Museo del Prado, aunque a día de hoy no está expuesto. Y lo realizaron entre los años 1553 y 1555.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía de la estatua en bronce María de Hungría - 1553-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que se puede contemplar en el Claustro de Jerónimos; escultura en mármol María de Hungría - 1553-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que a día de hoy no está expuesta; y detalle del cuadro Las meninas - 1656 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 12).

viernes, 27 de julio de 2018

Querido Diario, 27 de julio de 2018

Querido Diario:

Ya he vuelto al Museo después de las vacaciones. ¿Y a que no sabes qué sala he tenido que vigilar el primer día? ¡¡¡Bien!!! Has acertado... la sala 12, la de Las Meninas. Hacía mucho que no me mandaban allí.

Y después de las vacaciones, me he sentido como en casa...

Primero, porque he vuelto al trabajo, a ese trabajo que no me pesa. Es cierto que no se produce, pero me llena y me enorgullece saber que estoy cuidando un poco, o un mucho, de arte y que entre mis manos hay mucha historia y muchas historias.

Segundo, porque he vuelto a vigilar la sala 12, que es una de mis preferidas. Sé que es una de las salas menos deseadas por los vigilantes, pero debo ser masoquista... a mí me gusta. Si no fuera por la gente que se empeña en no respetar las normas del Museo, sea cual sea, aunque en este caso me refiero a la normativa de no hacer fotografías, sería la sala perfecta para vigilar.

Y tercero, porque he visto a un joven de unos 14 años bailando. Me explico, jejeje...

Me he pasado todas las vacaciones viendo como mi hijo jugaba a Fortnite. Este es un juego "de matar", como todos los famosos últimamente entre la juventud, por desgracia. Pero, bueno, quiero pensar que solo es un juego. Pues bien, en este juego, mientras se espera a que empiece la partida, ya que se tienen que unir cien jugadores, los personajes que ya se han apuntado al juego están juntos en un paisaje y cada uno hace lo que quiere. Unos se entrenan disparando, otros pintan graffitis en el suelo,... y mi hijo se suele poner delante de otro jugador y se pone a bailar... el personaje, no él, claro, jejeje. Y lo gracioso es ver a cuatro o cinco jugadores vestidos de soldados, bailando. Y hay varias clases de baile, como el Swish Swish, que  es el baile de los jóvenes que se ha puesto de moda actualmente, o el Justicia Naranja, que no sabría como explicártelo, querido Diario,... pero el que más me gusta es el baile por defecto del juego, que es el que suele hacer el personaje de mi hijo.

Y todo este rollo para decirte que un joven de unos 14 años se ha puesto a bailar, en la misma sala 12, delante de un cuadro, ese Baile por defecto. Me he quedado de piedra, pues lo he reconocido al instante. Y me ha recordado a mi hijo... como si estuviera en casa.

Y, cambiando de tema, ha pasado una cosa muy curiosa. Delante de Las Meninas estaban dos orientales, uno de unos cuarenta años y otro más joven, de unos treinta. Y el mayor le estaba explicando el cuadro al otro. Y no sé qué le habrá dicho, que el joven, de golpe y porrazo, se ha puesto a llorar... no sé si de emoción o de qué, pues, lógicamente, no entendía que le estaba contando. Y cuando más le hablaba, más lloraba. Luego se ha calmado y se han ido a otra sala.

Pero la historia no termina ahí, pues después del desalojo se lo he comentado a una compañera y me ha dicho que también se ha puesto a llorar delante de El lavatorio, de Tintoretto, del que te hablé el 6 de diciembre.

La verdad, no sé qué le contaría, pero puedo asegurar que el joven, de lágrima fácil, sí que era.

En fin, estando en la sala me he acordado de una anécdota que le pasó a un compañero, Jesús, y que me ha dado permiso para contártela, querido Diario.

Y es que él estaba vigilando la sala 12 cuando se le acercó una mujer y le dijo...

-¿Ese cuadro tiene sangre?

Imagínate el bote que pegó Jesús al oír a la mujer. Salió corriendo a comprobar el cuadro... pero no vio nada.

-Perdone, pero no veo ninguna gota de sangre en el cuadro.

-Sí, ahí, en el cuello del caballo.

-Me parece que eso no es sangre, sino pintura marrón rojiza.

-¡¡¡Ah!!! Es que como pone ahí que Velázquez se quedó con la cabeza, pensé que él quiso representarlo así, con sangre.

-¿¿¿Ehhhh???

Bueno, bueno, bueno. Verdaderamente para comprender esto, querido Diario, antes de nada tienes que leer lo que pone en la cartela. Dice así...

"... en su ejecución Velázquez se reservó zonas como la cabeza del caballo y se sirvió de ayudantes para pintar el vestido y algunas partes del paisaje".

Lógicamente la buena señora no entendió bien el texto. Si bien entendimos tanto mi compañero Jesús como yo, ella interpretó que Velázquez cortó la cabeza al caballo y se la quedó pare él. Y luego dejó el resto del cuerpo a sus ayudantes. Si fuese así... ¡¡¡Será bestia este Velázquez!!!

Si bien creo, la cartela pone claramente que Velázquez pintó la cabeza del caballo y, como era mucho trabajo, las demás partes del caballo las pintaron sus ayudantes.

Velázquez podría ser un hombre con una personalidad fuerte, pero no macabro... ¿o sí? Juzga tú el cuadro, querido Diario. Bueno, tú y todos los cotillas que te leen a hurtadillas... Lo que tiene el caballo en el cuello, ¿es sangre o pintura?

Anda, que no te he dicho qué cuadro era... se titula La reina Isabel de Borbón, a caballo, y lo pintó Diego Rodríguez de Silva y Velázquez hacia el año 1635.

Isabel de Borbón fue la primera mujer del rey Felipe IV, y llevaban veinte años casados cuando Velázquez pintó este cuadro más su compañero, el retrato ecuestre de Felipe IV, a caballo.

En el cuadro que nos ocupa hoy, se ve, querido Diario, a la reina Isabel de Borbón sobre un caballo blanco, dejándose llevar por el paso tranquilo del animal.

Y ahora la pregunta del millón... ¿cómo se sabe que fueron dos o más pintores los que trabajaron en este cuadro? Pues muy sencillo, querido Diario. El estilo que se le ha caracterizado a Velázquez es que pintaba con mano suelta, mal llamada por mi parte, lo reconozco, "a brochazos". Y esa era la grandiosidad de este pintor... para contemplar su obra hay que acercarse, para estudiar su técnica de pincelada, y alejarse, para maravillarse con su obra.

Pues se observa que la cabeza del caballo, el pecho del animal y los correajes que lo adornan son de la mano de Velázquez, con el trazo suelto. Pero el traje de la reina... eso ya es otra historia. Si te fijas bien, querido Diario, es un trabajo muy minucioso. Y no me imagino a Velázquez con el pincelito dibujando uno a uno todos los detalles repetitivos del vestido y de la gualdrapa que protege al caballo. Por eso se sabe que estos fragmentos textiles fueron ejecutados por una mano diferente a la de Velázquez.

Observa el vestido... verás que está compuesto por varios escudos y por el anagrama del nombre de la reina, una "I" envuelta con una "S" y una "B", todas mayúsculas, debajo de una corona real... Isabel de Borbón.

Otra pregunta... ¿en qué lugar estaba la reina? No se sabe, pero si se puede decir que estaba en la costa. Fíjate en el paisaje de delante del caballo... verás un camino que serpentea y llega a una población con una torre cuadrada en el lado derecho. Y detrás se vislumbra el mar.

¡Ah! Cambiando de tema, si te fijas bien, en la pata izquierda del caballo verás... ¿dos patas casi juntas? No, son los famosos "arrepentimientos" de Velázquez, es decir, las modificaciones que hacía cuando lo que había pintado no te gustaba. Bueno, esto no lo hacía Velázquez solamente, sino todos los pintores. Normalmente tapaban los "errores" con una capa de pintura gruesa y no se notaban, pero Velázquez los cubría con "veladuras", que eran capas muy delgadas de pintura, que con el tiempo han perdido fuerza y se han ido transparentado, mostrando así los arrepentimientos. Por eso nuestro caballo tiene dos cuartos delanteros izquierdos.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro La reina Isabel de Borbón, a caballo - hacia 1635 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, y otros, que se puede contemplar en la sala 12).

miércoles, 16 de mayo de 2018

Querido Diario, 16 de mayo de 2018

Querido Diario:

Hoy no he trabajado pero ha sido un día muy importante para mí... y para ti, querido Diario. ¿Que por qué? Pues porque en el programa Esto de suena de Radio Nacional de España me han hecho una entrevista... por ti.

Se enteraron de tu existencia y han querido saber más sobre los vigilantes de sala del Museo del Prado, y, claro, hemos hablado de ti. Si me quieres oír, bueno, tú y todos los "cotillas" que te leen a hurtadillas, lo pueden hacer haciendo clic en las palabras... "Esto me suena".

La verdad es que me lo he pasado genial. Al principio estaba nervioso... no, muy nervioso... no, súper nervioso... no, mega nervioso... y más. Eso sí, los presentadores José Antonio García Muñoz, al que llaman Ciudadano García, y David Sierra me lo han hecho muy fácil. Con las bromas a micrófono cerrado me han relajado... lo justo y necesario para que no me diera un infarto. El problema... mejor dicho, mi problema es que no me gusta escucharme... entre otras cosas porque tartamudeo sin darme cuenta. Quiero buscar la palabra más correcta y se me traba la lengua mientras pienso. ¡¡¡Que mal me sueno!!! Pero, bueno, lo he hecho lo mejor posible y con mucha ilusión. Espero haber estado a la altura.

Y, claro, como no he ido a trabajar no puedo contarte ninguna "batallita" del Museo. Bueno... sí.

He estado buscando un cuadro que hablase de una entrevista y que estuviese expuesto en el Museo, y he encontrado uno que justamente está en una de mis salas que me toca vigilar este mes. Y encima es una "batallita".

Se titula La rendición de Bailén (de la tradición y de la historia), y lo pintó José Casado de Alisal en el año 1864.

Este cuadro representa uno de los momentos cruciales de la Guerra de la Independencia contra Francia, que duró desde 1808 al 1814. Para ser más exactos, representa la capitulación del ejercito francés ante las tropas españolas tras la derrota sufrida por los franceses en las cercanías de Bailén, en la provincia de Jaen. Si bien recuerdo fue el 19 de julio de 1808.

La escena inmortaliza la "entrevista", de ahí el hablar de este cuadro, que tuvieron pocos días después Francisco Javier Castaños, que era el Capitán General de Andalucía y Jefe de las tropas españolas, y Pierre-Antoine Dupont de l`Étang, que era el Comandante en jefe del Cuerpo de Observación de la Gironda y uno de los estrategas de Napoleón. En esa reunión se fijaron las condiciones de la rendición.

Si te fijas ahora en el cuadro, querido Diario, en el lado de la izquierda está el ejercito ganador, el español, que está compuesto por militares regulares y guerrilleros del pueblo. Y en la parte de la derecha, el francés.

En el centro, vestido de rojo y blanco, está el general Castaños, el español, que está saludando respetuoso y con gesto afable, quitándose el bicornio, mientras hace una cortés reverencia. Por otra parte, el Comandante Dupont, el francés, que está vestido de negro y blanco, con una actitud orgullosa y seria, responde abriendo los brazos en señal de rendición, declarándose prisionero tras entregar su espada.

¿Sabes, querido Diario? A pesar de la veracidad histórica que Casado quiso infundir en esta narración de la escena, la verdadera rendición de Bailén no tuvo lugar en el mismo campo de batalla, sino que fue firmada en una casa de postas de Andújar tres días después, el 22 de julio de 1808.

Me imagino que te preguntarás entonces por qué Casado de Alisal lo pintó de esta manera. La respuesta es muy sencilla... ¿no te suena a otro cuadro, que también está en la Museo? Pues sí, querido Diario, este nuestro pintor Casado quiso rendir un homenaje a Velázquez y a su cuadro La rendición de Breda. Si te fijas bien, los grupos de los dos ejércitos están distribuidos de forma muy semejante, aunque los ejércitos están invertidos. En este cuadro los vencedores están en el lado izquierdo y en el de Velázquez están en el derecho.

Y los mástiles de los banderines y enseñas de ambos bandos ayudan aún más a recordar el cuadro velazqueño. ¿No te parece?

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía de los cuadros La rendición de Bailén - 1864 -, de José Casado de Alisal, que se puede contemplar en la sala 61B; y La rendición de Breda - hacia 1635 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 9A).

miércoles, 18 de abril de 2018

Querido Diario, 18 de abril de 2018

Querido Diario:

Hacía mucho tiempo que no me tocaba vigilar la sala 12, la sala de Las Meninas... pues hoy ha sido.

Y me he sentido como si estuviera en el parque... un chico comiendo frutos secos tirándolos hacia arriba y cazándolos con la boca, una chica joven peinándose mirándose en el móvil, una mujer delante de Las Meninas pintándose los labios, otra dándose crema en las manos, niños corriendo alrededor de los padres y estos mirándolos divertidos, un oriental haciendo estiramientos o tai chi,  no sé muy bien, delante de un cuadro,... lo normal en un Museo, digo yo. No sé si se me nota el tono irónico. En fin, no hablo de normativa, sino de sentido común.

Pero, bueno, no todo ha sido ver cosas "curiosas"... también las he oído...

-¿Me puede decir dónde están los aseos más cercanos?

-Saliendo por esa sala, a la derecha hay una escalera. Tiene que bajar dos tramos y ahí están los aseos más cercanos.

-Tengo que subir dos tramos.

-No, no. Tiene que bajar dos tramos.

-Ya, si le he entendido. Pero luego tengo que subirlos para volver aquí.

Y me he dado media vuelta, riéndome por adentro... por no llorar.

Además, hoy he descubierto que también tenemos que saber de historia. Te cuento...

Estando en la sala 12, la sala de Las Meninas y de muchos cuadros relacionados con la familia de Felipe IV, se me ha acercado un señor de unos cincuenta y cinco años y me ha preguntado...

-¿Dónde está la sala de los Borbones de Velázquez?

-Bueno... es esta sala, la 12, pero no son Borbones, sino Austrias. Los Borbones llegaron a España en el año 1700 con Felipe V, y Velázquez era el pintor de Felipe IV, de la familia de los Austria.

No sé si ha sido una pedantería por mi parte, pero es que me ha salido así. Soy así de "especialito". De todas formas, los cuadros de la familia real pintados por Velázquez estaban en esa sala.

Y hablado de esta sala 12, la de Las Meninas, ¿de qué cuadro te crees que te voy a hablar? ¡¡¡PUES NO!!! Hoy voy a cambiar, jejeje. Hoy te quiero hablar del "hermano gemelo" del rey Felipe IV.

Y es que Velázquez pintó a Felipe IV en 1623. Y entre los años 1626 y 1627 pintó a El infante don Carlos y no, no era el hermano gemelo del rey, sino que era hermano menor... dos años menor. Eso, sí, tienen tanto aire familiar que podrían pasar por gemelos... es más, durante mucho tiempo se pensó que este cuadro representaba al propio monarca.

Don Carlos, como infante, no tenía asociada ninguna responsabilidad de gobierno. Por eso, como no tenía atributos con qué pintarle, Velázquez aprovechó para resaltar su elegante indumentaria a la vez que pintó detalles que en un principio podrían ser insignificantes, pero que dan al retrato, y al retratado, una distinción, como por ejemplo, la mano derecha, que sostiene un gran sombrero, o la mano izquierda, que apenas sujeta el guante que está a punto de caerse.

Pero, claro, no te puedo hablar del infante don Carlos, querido Diario, sin hablar de su hermano mayor, el rey Felipe IV.

Velázquez le pintó en 1623, cuando tenía dieciocho años. Y le retrató en una imagen austera, vestido de negro, de pie junto a un bufete. La mano izquierda se apoya sobre el pomo de una espada. Y detrás, en el bufete, descansa un sobrero de copa. Estos dos artilugios, la espada y el sombrero, según los entendidos, "aluden a la administración de justicia y a la defensa de sus reinos". Y si te fijas bien, querido Diario, a la altura de la cintura le cuelga el Toisón de oro, que es el símbolo de su linaje. Y en la mano derecha sostiene un papel, que hace referencia a sus responsabilidades administrativas.

Pero la historia de este cuadro no terminó en 1623... después de pintar a su hermano don Carlos, Velázquez volvió a trabajar en este cuadro del rey en 1628, cambiándole la cara al monarca, actualizándolo a su edad, veintitrés años.

Y me imagino que te habrás dado cuenta, querido Diario, que el rey tiene "tres piernas"...

Bueno, eso se llama "arrepentimientos" del pintor, es decir, las modificaciones que se hacían si lo que habías pintado no te gustaba. Normalmente se tapaban con una capa de pintura gruesa y no se notaban, pero Velázquez los cubría con "veladuras", que eran capas muy delgadas de pintura, que con el tiempo han perdido fuerza y se han ido transparentado, mostrando los arrepentimientos. Por eso se ve la "tercera pierna" del rey.

Es más, no solo la pierna derecha era un arrepentimiento... si te fijas bien, también modificó el vuelo de la capa.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografías de los cuadros El infante don Carlos - 1626-1627 - y Felipe IV - 1623 y 1628 -, los dos de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se pueden contemplar en la sala 12).

sábado, 31 de marzo de 2018

Querido Diario, 31 de marzo de 2018

Querido Diario:

Una vez, un cotilla que te lee a hurtadillas me dijo...

-Cuántas cosas curiosas debéis oír los vigilantes de los visitantes.

Y es verdad, querido Diario. Apunto muchas anécdotas en papeles que siempre llevo en el bolsillo de la chaqueta, para que no se me olviden y poder contártelas luego. Pero son tantas, y a veces repetidas, que no tendría tiempo material para contar.

Ahora, ya que estamos en Semana Santa, me estoy acordando de un comentario que hizo una chica de unos veinte años a una amiga. No recuerdo bien en qué sala estaba, pero me acuerdo perfectamente, palabra por palabra, de lo que dijo...

-No, por aquí no, que es pintura religiosa.

Debían ser personas que, con todos mis respetos, les da urticaria ver cuadros de temática religiosa. Pues... lo llevaban claro. No he hecho la estadística pero creo que el cincuenta por ciento de la pintura expuesta en el Museo es de temática religiosa.

Insisto que todas las persona tienen derecho a creer o no. Todas son respetables, lógicamente. Pero el hecho de ir al Museo del Prado y pretender no ver pintura religiosa es meramente complicado.

Y ya que te he hablado de la pintura religiosa, te tengo que decir, querido Diario, que el cuadro que más me gusta sobre esta temática... bueno, para ser más preciso sobre la Pasión de Jesucristo, ya que estamos en esta Semana, es el Cristo crucificado que pintó Diego Rodríguez de Silva y Velázquez hacia el año 1632.

Hay muchos cuadros que podría haber elegido, como El Lavatorio, de Jacopo Robusti Tintoretto, La Última Cena, de Juan de Juanes, La Oración en el Huerto, de Giandomenico Tiepolo, El Prendimiento, de Antonio van Dyck, La Flagelación de Cristo, de Corrado Giaquinto, La Coronación de espinas, de Leandro Bassano, Cristo, Varón de Dolores, de Antonio de Pereda y Salgado, Cristo camino del Calvario, de Juan de Valdes Leal, Cristo abrazado a la Cruz, de El Greco, El Expolio, de Jorge Manuel Theotocopuli, Cristo muerto, sostenido por un ángel, de Antonello de Messina,... pero he elegido este Cristo crucificado, de Velázquez.

Y lo he elegido por su sobriedad y a la vez elegancia. Se ve a Cristo crucificado sobre un fondo neutro, color verde oscuro, tirando a negro. Nada más.

Velázquez estudió la anatomía masculina y la plasmó a la perfección en este cuadro, a la vez que investía a la figura de Cristo de una belleza divina e inefable, plasmando en Él la lectura del Salmo 45...

"Eres el más bello de los hombres,...". (Sal 45, 3)

Es más, el suegro de Velázquez, Francisco Pacheco escribió sobre la belleza física de Cristo...

"Cristo, Señor nuestro, como no tuvo padre en la tierra, en todo salió a su Madre que, después del Hijo, fue la criatura más bella que Dios crió...".

Si te fijas bien, querido Diario, se ve que Cristo está clavado a la cruz con cuatro clavos, en vez de tres. Es que siguió la fórmula pictórica que su suegro Pacheco sostuvo con una batería de argumentos históricos y religiosos, resumidos al final de su libro Arte de la Pintura, publicado en 1649.

Y en la parte de arriba de la cruz está el texto que pusieron en tres idiomas: hebreo, griego y latín...

"Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”». Pilato les contestó: «Lo escrito, escrito está»". (Jn 19, 19-22)

Y, exacto, lo escrito, escrito está... pero mal. Según los entendidos, Velázquez no acertó con ninguno de los tres idiomas y cometió errores en las transcripciones. Pero, en fín, todos somos humanos.

También puedes apreciar que tiene una herida en el costado, que se la hicieron cuando ya había expirado, es decir, que que ya estaba muerto. Pero, es curioso, no parece que lo esté, sino que esté sumido en un dulce sueño... lo dicho, sobriedad y a la vez elegancia.

¡Ah! ¿Sabes, querido Diario? Muy poca gente lo sabe pero Diego Rodríguez de Silva y Velázquez pintó otro Cristo en la Cruz un año antes, en 1631. En este caso todavía está vivo, mirando hacia el Cielo, con un fondo de paisaje... pero este cuadro te lo explicaré otro día.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro Cristo crucificado - hacia 1632 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 14).

PD: Como dijo la cantante Lola Flores... "Si me queréis, votadme". Bueno, no era "votadme", pero es lo mismo.
Para identificarse en el concurso
Para votar a Diario de un vigilante de sala del Museo del Prado
Para votar a Efemérides Complutenses
Gracias por todo.

lunes, 26 de marzo de 2018

Querido Diario, 26 de marzo de 2018

Querido Diario:

Ay, qué bonito es el amor.

Este trabajo no es solo informar una y otra vez a los visitantes sobre las normas del Museo. No es solo desesperarse cuando te quieren tomar el pelo y hacer la fotografía aun cuando saben que no está permitido. No es solo llegar a punto del infarto cuando ves que acercan los dedos, los planos, los bolígrafos, las patillas de las gafas, las botellas de agua,... a los cuadros. No es solo aburrirte en los momentos de soledad en la sala. No son solo cosas negativas.

También tiene sus momentos buenos. Y, a veces, muy buenos. Te cuento...

Hace unos días estando de charla con un buen amigo mío me comentó...

-Estás este mes en las salas 7-11, ¿verdad?

-Sí, claro, todo el mes.

-¿Y trabajas el día "x" o libras?

-Trabajo, como no.

-Pues te voy a pedir un favor.

-Lo que tú quieras.

-¿Sabes? El cuadro que más le gusta a mi novia es La fragua de Vulcano y está en tu sala 11. Pues el día "x" voy a ir con ella al Museo y la voy a llevar a ver su cuadro favorito. Y cuando estemos allí, te pido que le des este sobre. Y nada más.

Y así, sin más, me dio un sobre cerrado.

-Pero no lo leas.

-Cómo lo voy a leer si me lo das cerrado. Y, por cierto, eso se pide de rodillas y con un anillo de por medio.

Y él, con una sonrisa de oreja a oreja, no me dijo nada más.

La verdad es que yo no sabía qué decía la carta y el último comentario se lo dije de broma. Pero me quedaba el runrun de si iban por ahí los tiros o no.

Y llegó el día "x" y me metí el sobre en el bolsillo de la chaqueta, a espera de la llegada de la pareja. La verdad, no sé si me hicieron muchas fotos o no en las demás salas, pero en la de La fragua de Vulcano, no, porque me pasé mucha tarde en ella, esperando. No fuese que llegasen los novios y que yo no estuviese preparado.

Eso, sí, al final del día, cuando hice la requisa a los cuadros, comprobé que todos estaban intactos, que es lo más importante de nuestro trabajo. Fotografiados, seguro, pero en perfecto estado.

Volviendo a la espera... llegaron en el momento que había un grupo de orientales en la sala. Ella, me acuerdo perfectamente, primeramente su puso a un lado y poco a poco fue granando terreno hasta que se quedó en medio de la sala. En ese momento fue cuando yo me acerqué...

-Perdone, ¿es usted Pepita Jiménez?

Como podrás entender, querido Diario, lo de "Pepita Jiménez" me lo acabo de inventar. Si te das cuenta no he dicho ni el nombre de mi amigo ni el de su novia, por el secreto profesional y personal. Si él me lo autoriza decir sus nombres cuando le vea otra vez, tacharé estas palabras y te modificaré.

-Sí, soy yo.

Y se puso a reír. No sé el motivo, pero me imagino que de puro nervio... ¿qué hace este tipejo llamándome por mi nombre y cómo lo sabe?

-Pues entonces creo que este sobre es para usted.

Y me marché... bueno, me quedé entre las dos salas y me hice el "despistado", vigilando las salas pero con el rabillo del ojo echado en la pareja. Ella miraba al sobre, me miraba, miraba a su novio,... él, buen actor, decía que no sabía nada y que abriera el sobre. Bueno, eso se lo leí en los labios, pues estaba, y quería estar, lo bastante lejos para no oír nada.

Y después de la lectura de la carta y de unas palabras que le dijo él... que ya no leí sus labios, se abrazaron... y ya no quise "cotillear" más. Me marché a vigilar las demás salas, que era lo que me pedía el cuerpo y mi mente me decía que era lo que ya tenía que hacer a partir de ese momento.

Al cabo de un rato él me presentó a su novia...

-Ehm... no sé qué decir... aquí... de cómplice... espero que te haya alegrado algo la tarde.

Y ella me dijo...

-Un poco, no, un mucho.

Y luego se marcharon.

Al día siguiente, cuando le vi, no pude contenerme más...

-A ver, me tienes que decir qué era lo que ponía la carta, si se puede, claro, que esto es un sinvivir.

-¿No te fijaste en la mano?

-No. Cuando le pusiste la mano en el culo ya me marché.

Tengo que decir que eso era una broma. Lógicamente no vi nada de eso. Pero tengo la confianza suficiente como para decírselo.

-No, en su dedo. ¿No viste el anillo?

¡¡¡Me cachis!!! Me perdí la entrega del anillo. Bueno, no me importa. Lo importante es que yo fui partícipe de algo muy importante para sus vidas. Espero que sean tan felices en su unión como yo lo soy con mi mujer.

Y espero que su novia se acuerde de mí toda su vida... para bien, claro.

En fin, querido Diario, como verás no todo es negativo en este trabajo. Tambien nos sucenden cosas bonitas.

Y cambiando de tema, ¿de qué cuadro crees que te voy a hablar hoy? ¡¡¡Sí, bien!!! De La fragua de Vulcano. Acertaste.

Este cuadro lo pintó Diego Rodríguez de Silva y Velázquez en el año 1630. Y según cuenta Ovidio en sus Metamorfosis (IV), Apolo, el dios del sol, fue al taller de su amigo y herrero de los dioses del Olimpo, Vulcano, para darle la desagradable y humillante noticia de que su mujer, Venus, estaba cometiendo adulterio con el dios guerrero Marte.

En este cuadro, Velázquez quiso dar a la escena un tratamiento realista y no divino. Quiso representar las reacciones del estupefacto y airado esposo y de sus ayudantes, los míticos cíclopes, que, por cierto, en este caso, les "concedió" un segundo ojo.

Velázquez quiso captar el momento con más contenido emocional... cuando Apolo le da la noticia. Así le permitió desplegar toda una variedad de actitudes y gestos en la misma escena.

Pero lo que más me llama la atención, querido Diario, es que, además de querer contar una historia, Velázquez quiso hacer un estudio del cuerpo humano como si fuese una escultura grecorromana. Me explico... si te fijas bien, dibujó la anatomía del hombre desnudo por todos sus lados. Apolo muestra el lado derecho; Vulcano, que es el señor mayor con un pañuelo en la cabeza, muestra el frente; el tercer personaje muestra la espalda y el cuarto, el lado izquierdo. Y el último cíclope, el que está más a la derecha, está dibujado en escorzo, que es representar una figura, en este caso el cuerpo de un hombre, en sentido perpendicular al plano del lienzo.

Resumiendo... Velázquez era un genio.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro La fragua de Vulcano - 1630 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 11).

miércoles, 21 de marzo de 2018

Querido Diario, 21 de marzo de 2018

Querido Diario:

Me da miedo pensar cómo será mi inglés para un nativo. Reconozco que ese idioma lo estudié en mis tiempos mozos y no lo he vuelto a practicar en toda mi vida profesional, excepto ahora, en el Museo. Y, claro, de inglés, lo justo para defenderme. En casa mis hijos se ríen de mi pronunciación, pero no debe ser tan mala porque los visitantes me entienden... o por lo menos eso me dicen. A lo mejor me "regalan los oídos" y después se van a preguntar a otro vigilante que sepa más inglés que yo.

¿Que por qué te cuento esto? Porque hoy me han pasado varias cosas con unos visitantes extranjeros y su español...

Estaba vigilando mis salas cuando se me han acercado dos chicas de unos 16 años y una me ha preguntado...

-¿Dón... de está... un cuadro... de... Francisco Hjola?

El "H" es aspirada, como si fuese una "J". Por eso lo he escrito así... "Hjola". Rápidamente me he dado cuenta que me preguntaban por Francisco de Goya.

Y luego otras dos chicas, esta vez de unos 20 años, americanas, me han preguntado...

-¿El Grüeco?

Y un tercer episodio... se me han acercado una madre con dos niños, de unos 8 y 5 años. Y el niño mayor, con acento extranjero muy marcado, me ha preguntado en un, más o menos, correcto español...

-Quiero ver el cuadro de España que da una llave a Holanda.

Uhm... sé que se refería a La rendición de Breda, de Velázquez, aunque fue al revés, Holanda da la llave a España. Pero, bueno, no estoy aquí para hacer patria, jejeje.

¡Ah! Te cuento esto, querido Diario, no para quejarme de su "mal" español, sino todo lo contrario, para agradecerles que por lo menos se esfuerzan. Porque valoro mucho que, por lo menos lo intenten, al igual que hago yo, más o menos... aunque reconozco que mi inglés es más menos que más.

Y hablando de otros idiomas, hoy se me han acercado cuatro señoras de unos 60 o 65 años y me han empezado a preguntar, las cuatro a la vez, en perfecto inglés. Y yo, lo único que les podía decir era...

-I don't understand you. (No les entiendo)

Y ellas, erre que erre, seguían preguntándome en inglés. Lo único que les entendía era "Velascues"...

Bien, por lo menos sabía que preguntaban por algún cuadro de Velázquez. Hasta que me han enseñado un papel que tenían en varios idiomas y que ponía...

-The pope Barber.

Tal cual. Te lo escribo, querido Diario, como estaba escrito. Y yo pensando...

-¿El papa Barber? En la época de Velázquez los papas se llamaban Clemente, Urbano, Inocencio... pero, ¿Barber?

Hasta que me he rendido y les he tenido que decir...

-I'm sorry. I don't know. (Lo siento. No lo sé)

Luego se lo he preguntado a una compañera y amiga, Ana. Y ella me lo ha aclarado...

-¿The pope Barber? ¡¡¡Noooo!!! Sería "The pope's Barber", El barbero del papa. Pero ya no se llama así...

Y es verdad, querido Diario. Ese cuadro ha cambiado de nombre. Antes se le conocía como El barbero del papa, pero ahora se le denomina Ferdinando Brandani, y lo pintó Diego Rodríguez de Silva y Velázquez en el año 1650.

Es un cuadro pequeño, de 50,5 x 47 centímetros. Y es un retrato que fue pintado durante el segundo viaje que hizo Velázquez a Italia, entre los años 1649 y 1651. Durante muchos años se desconoció la identidad del personaje, y por eso se pensaba que podría ser el barbero del papa Inocencio X. Pero recientemente se ha identificado a este buen hombre como el banquero Ferdinando Brandani, que era una persona cercana a Juan de Córdoba, el agente español que se encargó de Velázquez mientras estuvo en Roma.

Y, claro, su amistad con Juan de Córdoba y su empleo en la corte papal lo convertían en un buen candidato para ser retratado por Velázquez. También hay que decir que Ferdinando Brandani estaba muy interesado por la pintura, ya que también era comerciante y coleccionista de obras de arte.

Ya ves, de barbero a banquero, comerciante y coleccionista.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro Ferdinando Brandani - 1650 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 15).

jueves, 1 de marzo de 2018

Querido Diario, 1 de marzo de 2018

Querido Diario:

Hoy ha empezado marzo y me ha tocado vigilar, como era de esperar, las mismas salas todo el mes. Como te vas a cansar de escuchar cosas de esas salas, he decidido contarte otras cosas que me han pasado en estos días anteriores y que no te he escrito, siempre y cuando que no pase nada importarte y urgente que comentar, claro.

Y es que hacía mucho tiempo que no me tocaba vigilar la sala 12, la sala de Las Meninas... y hace unos días me tocó, y lo disfruté.

Y lo disfruté porque, estando vigilando, se me acercaron dos señoras con tres niñas. Y una de las madres insistía a una de las niñas, de unos 8 o 9 años a que me hiciera una pregunta. Y ella, cortada...

-No, pregúntaselo tú.

-Venga, pregúntame lo que quieras, que aunque esté serio, no lo soy.

-No, pregúntaselo tú...

Que al final no conseguimos, ni la madre ni yo, que me hiciera la pregunta. Al final fue la mujer la que preguntó...

-Que quiere saber qué estaba pintado Velázquez en ese lienzo del cuadro.

¡¡¡MEEEEGGGG!!! Alarma activada... pregunta sin respuesta...

-La respuesta es la d) No sé, no contesto. Mira, te lo explico... No se sabe qué estaría pintando Velázquez. Unos dicen que podría ser el mismo cuadro de Las Meninas. Otros, que podría ser un retrato de los reyes, y por eso se refleja en el espejo del fondo. Otros dicen que esa escena nunca existió y que Velázquez pintó un lienzo por detrás, pero que podría haber pintado otra cosa... La verdad es que nadie lo sabe.

-¡Ah! Gracias.

Estos hechos animan, porque parece que estamos solamente para reprender con el...

-No fotos, por favor.

... pero esa no es nuestra intención. Nos gusta que de vez en cuando nos pregunten algo de arte, de los cuadros, aunque no sea nuestro cometido el responderles. Porque así nos sentimos más humanos... bueno, más cercanos con los visitantes.

¡Ah! Que se me pasaba contártelo. No sabes lo que oí, querido Diario, de la boca de una profesora. Te cuento...

Llegó un grupo de alumnos de unos 12 o 13 años, con una profesora. Y ésta hizo una pregunta que, horror, preferí no escuchar. Pero lo peor fue la respuesta.

-La menina del centro, la pequeña, ¿quién es?

Al no contestar ninguno de sus alumnos, siguió luciéndose...

-Era la heredera del trono, que se casó con 15 años.

¡¡¡AHHHGGG!!! De tres cosas que ha dicho, solo ha acertado en una.

Primero, la infanta Margarita Teresa de Austria era eso, infanta, y no menina. Las meninas eran damas de compañía que se dedicaban a servir y distraer a la infanta.

Segundo, la infanta Margarita Teresa de Austria no era la heredera del trono. En aquella época el heredero solía ser un varón. Por eso los reyes, sobre todo él, se empecinaba en tener hijos hasta que naciera el varón... y que no se muriese de niño. Y en el año en que se pintó Las Meninas, en 1656, la infanta Margarita tenía una hermana mayor, por parte de padre, que se llamaba María Teresa de Austria, y que en ese caso hubiese sido ella la heredera al trono.

Eso, sí, todo en su justa medida, hay que decir que la profesora acertó en que la infanta Margarita Teresa de Austria se casó con 15 años, con Leopoldo I de Habsburgo, que, por cierto, era tío suyo y, sobre todo, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Y como veo que la profesora no lo tenía muy claro sobre los personajes, por si ella es una de las cotillas que husmean en este nuestro Diario, he decidido hacerte un repaso rápido de los personajes del cuadro. ¿Te apetece?

Iré de izquierda a derecha...

El primero que vemos es Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, el pintor. ¡Ah! Por cierto, un cotilla... ¿o era una cotilla? No me acuerdo... Bueno, sea quien fuere, me dijo que explicase lo de la cruz roja que tiene Velázquez pintada en el pecho. Pues, bien, es la cruz de la Orden de Santiago. El hecho es que Velázquez no era caballero de esa Orden cuando pintó el cuadro, sino que ingresó tres años después, en 1659. Y dicen las malas lenguas que fue el propio rey Felipe IV el que pintó en el cuadro la cruz en el pecho del pintor, «para aliento de los profesores de esta nobílisima arte». Pero, lógicamente, no está documentado. Seguramente sería el propio Velázquez quien la pintase y otro pintor allegado a él.

Después de Velázquez está María Agustina Sarmiento de Sotomayor, una de las dos meninas que aparecen en el cuadro. Es la que está ofreciendo agua en un búcaro a la Infanta. ¿Que qué es un búcaro? Pues es muy sencillo, querido Diario... es una vasija pequeña de arcilla porosa que refrescaba el agua. Y si te fijas bien, verás que está haciendo un gesto de reclinarse ante la infanta Margarita.

Lógicamente, la siguiente en la lista el la propia infanta Margarita Teresa de Austria, hija de Felipe IV y su segunda esposa, Mariana de Austria, que, por cierto, era sobrina del Rey.

Después está Isabel de Velasco, la otra menina. Se la ve que está haciendo una reverencia. Eso está indicando que está ante los Reyes, que se ven reflejados en el espejo del fondo.

Detrás de la menina Isabel está Marcela de Ulloa, que era la "dueña", es decir, la encargada de cuidar y vigilar a todas las doncellas que rodeaban a la infanta Margarita.

A su lado hay un personaje que no se sabe muy bien quien es. Se dice que es un "guardadamas". Sííííí, ya sé que no lo sabes... un guardadamas era el que iba a caballo al lado del coche de las damas para que nadie les llegase a hablar ni molestar. El dramaturgo Antonio Buero Vallejo escribió una obra de teatro titulada Las Meninas, que no se rompió la cabeza buscando un título más original, y puso nombre a este personaje. Decía que se llama Diego Ruiz de Azcona.

Al lado de la menina Isabel, algo más adelanta, está Mari Bárbola, que era una enana que entró en Palacio en 1651, el año en que nació la infanta Margarita, y le acompañaba siempre en su séquito.

Y a su lado, pisando a un perro mastín español, está Nicolasito Pertusalo, otro enano, que llegó a ser Ayuda de cámara en Palacio.

Y solo me queda un personaje, el que está al fondo, en el dintel de una puerta, en unas escaleras. No se sabe si está entrado o saliendo de la sala. Es José Nieto Velázquez, aposentador de la Reina, que era, más o menos, el responsable de las habitaciones del Palacio y, en los viajes, el responsable de buscar el hospedaje de los Reyes. Parece ser que José Nieto era primo del pintor.

Bueno, después de tanto rollo, ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro Las Meninas - 1656 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 12).

lunes, 4 de diciembre de 2017

Querido Diario, 4 de diciembre de 2017

Querido Diario:

Hacía mucho... ¿a que no sabes que sala me a tocado vigilar hoy? ¡¡¡Sí!!! La sala 12, la de Las meninas. Me imagino que desde que dije que me gustaba la sala 12, me la dan de vez en cuando para contentarme y, sobre todo, para contentar a los demás vigilantes. Si me toca a mí, no les toca a ellos... y todos felices.

Pues hoy me ha pasado algo que nunca había visto. Y es que estaba tan tranquilo, bueno, tranquilo relativamente pues en la 12 nunca se está tranquilo, cuando aparecen unos alemanes con una cámara de televisión y un micrófono de ambientación, estilo jirafa. Menos mal que venían con una compañera. Eso significa que estaban autorizados a grabar... y dicho y hecho, se han puesto a grabar al cuadro de Las meninas. Luego han llegado tres niñas españolas, las han puesto un micrófono, las han sentado en el suelo y las han estado grabando hablando sobre el cuadro. Ellas solo tenían que mirar al cuadro y dar su opinión sobre él.

Menos mal que han ido cuando menos gente había, pues si no hubiese sido muy difícil controlar a los demás visitantes.

Luego me he enterado que eran del Canal Arte, un canal de televisión franco-germano, y que estaban haciendo un documental sobre este cuadro. Por lo visto se emitirá en Francia, Alemania, Suiza... y por internet.

Ya lo buscaré.

Bueno, querido Diario, esa ha sido la anécdota del día. La verdad que cuando he empezado a vigilar la sala he estado pensando sobre qué cuadro hablarte hoy. Y, sinceramente, tenía pensado hacerlo de dos, pero en honor a esas tres niñas, me voy a sentar mentalmente con ellas y voy a hablarte sobre Las meninas.

Ya lo sé. Ya recuerdo que te hablé de este cuadro cuando te comenté el porqué no se pueden hacer fotografías. Creo que fue el 27 de octubre. Y también te hable de los cuadros que hay al fondo de la sala en Las meninas. Ese día fue el 31 de octubre.

Pues hoy te voy a comentar otro tema distinto, si te apetece, querido Diario.

Bien, pues empiezo... si te fijas bien en el cuadro de Las meninas, encima de la cabeza de la infanta Margarita, que es la niña rubia vestida de blanco, y de la cabeza de María Agustina Sarmiento, que es la menina que ofrece agua en un búcaro a la infanta...

¿Que qué es una menina? Bien, empecemos diciendo que en el cuadro solo hay dos meninas. Es que muchos visitantes se creen que los cinco personajes que están en primera fila, sin contar el perro, claro, son las meninas. Y meninas solo son las dos jóvenes que están junto a la infanta Margarita, que es la hija de los reyes. ¡Ah! Sí, que me enrollo y no te lo explico, querido Diario. Las meninas eran unas damas de compañía de la infanta, que la atendían, la acompañaban y la distraían en los momentos de ocio.

¿Y que qué es un búcaro? Me estás atosigando, querido Diario, jejeje. Bueno, verdaderamente el búcaro era una tierra roja arcillosa, que se traía primitivamente de Portugal, y se usaba para hacer vasijas que se estimaban por su olor característico. Y cuando se hablaba de un "búcaro", sin más, no se referían a la arcilla como tal, sino a la vasija hecha con ese material que se usaba principalmente como jarra para servir agua.

Y no me preguntes más, querido Diario, que si no, no avanzo.

Como te iba diciendo, encima de las cabezas de la infanta Margarita y de la de Agustina Sarmiento parece que hay un cuadro. Pues sí, pero no. No es un cuadro, sino un espejo.

-¿Un espejo?

Sí, un espejo, querido Diario. Y en él se ven reflejados dos personajes. Pues no son ni más ni menos que los mismísimos reyes, Felipe IV y Mariana de Austria, los padres de la infanta.

¿Que como lo sé, si se ven dos bultos solamente? Pues por dos motivos. Uno es que se medio vislumbra que son ellos. Te he puesto una fotografía de Las meninas junto a otros cuadros de Velázquez, el retrato del rey Felipe IV y un detalle del cuadro de La reina doña Mariana de Austria, que son muy parecidos a las siluetas del espejo.

Pero te he dicho que hay dos motivos. El segundo es la posición de la otra menina, que por cierto se llamaba Isabel de Velasco. Si te fijas bien, la menina Isabel está como haciendo una reverencia. Eso era señal de que los reyes hacían acto de presencia ante ellas.

Es como si los reyes fueran unos personajes que están contemplando la escena que Velázquez estaba pintando.

Los reyes estarían donde están los visitantes al contemplar el cuadro.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografías de los cuadros Las Meninas - 1656 -; Felipe IV - hacia 1653 - y La reina doña Mariana de Austria - 1652-1653 - de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez).

domingo, 3 de diciembre de 2017

Querido Diario, 3 de diciembre de 2017

Querido Diario:

Hoy no he ido a trabajar porque libraba, pero no por eso te dejo de escribir. Y es que ayer, estando vigilando unas de las muchas salas que me tocaron, se me acercó una joven... veintipocos años, calculo yo, y me preguntó por un cuadro.

-Perdone, ¿sabe donde están "los bebedores" de Velázquez?

Ante ese arranque de pregunta te dan ganas de contestar "sí, lo sé", y quedarme más ancho que largo... todavía más ancho de lo que soy, jejeje.

Pero en estos casos hay que se un buen profesional y contestar con toda la educación que tengo.

-Me imagino que se referirá a Los borrachos de Velázquez.

-Sí, a esos.

-Pues está en esta línea de salas. Sin contar ésta, la tercera. Está en la sala 10.

Y se fue tan contenta. Ella sí, pero yo me quedé desanimado, pensando.

-¿De verdad no sabía el nombre de Los borrachos? Puedo entender que no supiera que también se llama El triunfo de Baco, pero no saber lo de Los borrachos... no me entra en la cabeza. Algo se me escapa.

Pero, bueno, a lo nuestro, que es explicarte, si quieres, querido Diario, algo de este cuadro.

Pues empiezo... estamos en lo que se llama la "primera época" de Velázquez, en las vísperas de su primer viaje a Italia, cuando llevaba poco más de cinco años de trabajo al servicio del rey y acababa de conocer a Rubens.

Era la primera vez que pintaba un tema mitológico y para ello cogió a tipos humanos propios de sus años en Sevilla.

Si miras bien el cuadro, querido Diario, verás a un personaje principal, que es Baco. Este dios dio al pintor la oportunidad de representar uno de sus primeros desnudos masculinos. A la izquierda del dios, según miramos nosotros, claro, hay un sátiro desnudo que levanta una copa de cristal.

¿Que qué es un sátiro? Pues es un personaje mitológico con aspecto de hombre y con orejas y patas de cabra y cola de caballo o de chivo. Esta clase de personajes solían seducir a jóvenes.

Bien, sigo... a la derecha del dios Baco, desde nuestra perspectiva, hay cuatro hombres medio borrachos con capas pardas y un mendigo en último plano. Y delante de este grupo de gente está un joven que se encuentra de rodillas y está siendo coronado por Baco.

Si te fijas bien, a la izquierda, según miras al cuadro, están los seres del mundo mitológico y a la derecha, los seres del mundo real.

Me imagino que te preguntarás, querido Diario, qué historia está detrás de este cuadro. ¿Qué ha querido decir Velázquez con esta pintura? Pues no eres el único que se lo pregunta, jejeje.

En un principio se creía que era una especie de desmitificación, o incluso burla, a la fábula clásica. Pero últimamente se está interpretando el cuadro como una alegoría sobre el vino, que no solo alegra el ánimo de las personas, sino que también sirve para la creación poética.

-¿Quéééé?

Sí, querido Diario, en la época de Velázquez muchos escritores españoles se pimplaban un poco, o un mucho, para tener creatividad poética. Algo parecido a los Beatles, pero estos se metían en el cuerpo otras sustancias "creadoras".

¿Que cómo han decidido que la interpretación del cuadro es una alegoría al vino? Pues muy sencillo, querido Diario. Si te fijas bien, la la corona que está colocando el dios Baco al joven arrodillado no es de vid, como la que luce él mismo en su cabeza, sino que es de hiedra, que es un atributo con el que se relacionaba antiguamente a los poetas.

¡Ah! Se me olvidaba, querido Diario. ¿Has visto la "mancha" marrón que está en la esquina inferior izquierda. Si te fijas bien es la silueta de otro hombre que tiene una corona de hiedra... y que está observando la escena.

¿Podría ser una prolongación de nosotros mismos, simples espectadores "borrachos" de Los borrachos?

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro Los borrachos, o El triunfo de Baco - 1628-1629 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 10).

martes, 31 de octubre de 2017

Querido Diario, 31 de octubre de 2017

Querido Diario:

¿A que no sabes qué sala he vigilado hoy? Pues claro, si anteayer estuve en las salas de la primera época de Velázquez y ayer me tocó las de la última época, hoy tenía que ser la de la época del medio... la sala 12, la de Las Meninas. Si ya te lo dije yo ayer.

Ah, querido Diario, no puedo contenerme más... sé que me repito, pero te lo tengo que contar. Hoy en la sala estábamos dos vigilantes: una compañera, que era la vigilante titular de la sala y un servidor, que era lo que nosotros llamamos "refuerzo". Pues en un momento que se ha llenado la sala, los dos nos hemos puesto a vigilar Las Meninas, cada uno en un lado del cuadro, cuando un trío de chavalillas, de unos 15 o 16 años, se han puesto a hacerse un selfie. Una tenía la cámara y se estaba resguardando detrás de sus otras dos amigas para que mi compañera no les viese. Estira el brazo para hacerse la foto... y yo a dos metros de ellas, mirándolas.

-No se puede hacer fotos, por favor.

Ni te imaginas de cuántos colores se han puesto las tres... y yo conteniéndome la risa porque, ya les vale, tenían que ver que éramos dos los vigilantes. Y rápidamente se han marchado, en vez de seguir contemplando el cuadro.

Y hablando del cuadro, me acuerdo que hace unos años me presenté a unas oposiciones para Encargado Administrativo, en la especialidad Gráfica y Señalización. Lógicamente, suspendí, pero me acuerdo perfectamente de una pregunta del examen, y que su respuesta correcta nunca se me olvidará ya. La pregunta, más o menos, era así...

"En el cuadro de Las Meninas, ¿qué dos escenas mitológicas representan las obras dispuestas en la pared del fondo?

-¿¿¿Mandé??? -me dije yo solo conmigo mismo.

-Sí, recuerdo que hay dos cuadros al fondo, encima de la cabeza de Velázquez y de la puerta. Pero, ¿no son dos manchas negras rectangulares, así, sin más? Conque representan dos escenas mitológicas... ¡¡¡Anda ya!!!

Ya ves, querido Diario. Con esa pregunta me di cuenta que no iba a aprobar esa oposición porque me veía que no estaba preparado.

Pues esas "dos manchas negras rectangulares" son dos obras identificadas como copias realizadas por el pintor Juan Bautista Martínez del Mazo de los cuadros titulados "Minerva y Aracne", de Pedro Pablo Rubens y "Apolo, vencedor de Pan", de Jacob Jordaens.

Y como soy una bellísima persona, ya me conoces, querido Diario, te he buscado estas dos obras de Martínez del Mazo, pero solo he encontrado una, la de "Apolo, vencedor de Pan". Eso, sí, también he encontrado la otra obra, la de "Minerva y Aracne", pero la original, la de Pedro Pablo Rubens.

Te las he puesto encima de la fotografía de Las Meninas, colocadas según las pintó Velázquez. A la izquierda "Minerva y Aracne", que en Las Meninas está encima de la cabeza de Velázquez, y a la derecha "Apolo, vencedor de Pan", que en Las Meninas está encima de la puerta abierta.

¿A que no lo sabías, querido Diario? Pues el día del examen de la oposición, yo tampoco.

Ahí lo dejo, querido Diario.

domingo, 29 de octubre de 2017

Querido Diario, 29 de octubre de 2017

Querido Diario:

Siempre he dicho que lo mejor de este trabajo de vigilante de sala del Museo del Prado son los "posters" que tenemos en las paredes de la "oficina".

Pero otra de las mejores cosas buenas que tiene el Museo, además de los vigilantes, estaría bueno, es el Gabinete Médico, que está operativo mientras están las puertas del Museo abiertas para el público.

Te cuento lo que ha pasado hoy... hoy me ha tocado vigilar unas salas que están junto a la sala 12, la de Las Meninas. Y desde las 10:45 hasta las 11:15, durante esa media hora, la sala 12 se llena por completo de visitantes. Pues era las 11:05 cuando una oriental, creo que era coreana, ha perdido el conocimiento y se ha caído al suelo. Los visitantes que estaban a su lado se han puesto a buscar a la vigilante de la sala, pero como estaba tan abarrotada de gente, han decidido avisar al vigilante "vecino", o sea, a mí.

Y al momento, al ver a la oriental en el suelo, he tenido que actuar lo más rápidamente posible.

-Gabinete médico, ¿me recibe?

-Te recibo.

-¿Pueden venir urgentemente a la sala 12? Hay una visitante que ha perdido el conocimiento y está tendida en el suelo. Respira.

-Vamos.

Ole, ole, ole... en menos de un minuto han aparecido mis tres jefes que estaban de servicio hoy, por si necesitaban desalojar a los demás visitantes. Y el médico y la enfermera han aparecido al minuto siguiente, con una silla de ruedas, por si era necesario trasladar a la paciente.

Sinceramente no sé muy bien qué ha pasado. Creo que ha sido una bajada de tensión y que la paciente se ha repuesto al momento.

De verdad, querido Diario, me quito el sombrero ante el personal del Museo ante estos casos, sobre todo ante el Gabinete médico, que actúan con una celeridad increíble.

Pero, bueno, son sustos que pasan de vez en cuando, por suerte, de muy tarde en tarde. Por eso tenemos que estar preparados para actuar ante cualquier imprevisto.

Y, cambiando de tema a otro más alegre, como te he dicho, querido Diario, hoy me ha tocado vigilar unas salas al lado de la de Las Meninas. Y, como no, mis salas también tenían otros cuadros de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez.

Y un cuadro que siempre me ha llamado la atención es la "Adoración de los Reyes Magos", de este pintor, ya que Velázquez tiene muy pocos cuadros de temática religiosa, pero éste tiene algo más. Y es que además de ser una escena religiosa, es un homenaje  a su recién formada familia.

Me explico... Se casó en 1618, con 19 años, y al año siguiente pintó este cuadro, haciendo un cuadro "de familia", retratándolos a todos.

La Virgen María es su esposa Juana Pacheco. El Niño Jesús no es tan "niño", sino que es una niña, su hija Francisca, que había nacido hacía poco. El rey mago Melchor, el que tiene barba blanca y pelo oscuro, es su suegro Francisco Pacheco. Y el rey Gaspar, el que no tiene barba y está situado en primer plano, es el propio Velázquez que se autorretrató.

No sé dónde, pero creo haber leído u oído que el rey Baltasar era un sirviente de la familia, pero ésto no lo puedo asegurar. Lo he estado buscando, pero no he encontrado este dato. Seguro que aparecerá cuando menos me lo espere.

Ah, si no te importa, querido Diario, como estoy convencido que hay algún que otro "cotilla" que lee este tuyo y mío diario, le pediremos que, si encuentran el dato del rey Baltasar, que nos lo diga. ¿Te parece bien? Gracias. Ya sabía que me ibas a decir que sí.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro “Adoración de los Reyes Magos" -1619-, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez).

viernes, 27 de octubre de 2017

Querido Diario, 27 de octubre de 2017

Querido Diario:

Hoy he librado y por tanto no tengo "batallitas" que contarte. Por eso voy a aprovechar recordar un texto que te escribí en el otro "cuaderno",el de Facebook, en el que te comentaba cuál es mi sala preferida para vigilar, el por qué, y porqué la Dirección del Museo de Prado no permite hacer fotografías.

Y es que la sala que más me gusta para vigilar el la 12, donde están "Las Meninas", de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. A casi ningún compañero le gusta, pues se junta una gran aglomeración de gente, pero a mí ese punto no me importa. Es más, me tensa y así se me pasa el tiempo más rápido.

Para entenderme, querido Diario, tienes que saber cuáles son las funciones del vigilante de sala. Éstas son cuidar que no les pase nada a las obras expuestas e informar a los visitantes de las dudas que tengan y de la normativa del Museo. Es que, claro, tienen ciertas prohibiciones que no saben, o que verdaderamente no quieren saber, como por ejemplo la prohibición de hacer fotografías, comer en las salas,...

Bueno, por partes, me gusta esta sala porque mi prioridad es que no les pase nada a las obras. Y lo que les puede dañar es que la gente las toque. Y por suerte, las catenarias están muy separadas de los cuadros. Por tanto, este tema está medio solucionado solo y por tanto es fácil de vigilar. Bueno, hay gente "pá to" y se salta las catenarias para leer las cartelas, pero es muy poca gente y se controla con un vistazo, porque se nota cuando lo van a hacer.

Ah, ¿que qué son las catenarias y las cartelas? Pues las catenarias son las cuerdas que separan a los cuadros de los visitantes. Y las cartelas son los carteles donde está la información de las obras.

Otro tema es la prohibición de hacer fotografías, que es el motivo principal por el que a mis compañeros no les gusta esta sala. Lógicamente, la prioridad de la gente es hacer la foto al cuadro, en vez de estar entusiasmados contemplándolo. Y nosotros tenemos que informarles que no se pueden hacer fotos. Muchos de mis compañeros están en alta tensión y saltan "a degüello" hacia el fotógrafo en cuestión. Yo no, bueno, voy hacia ellos y les informo del tema, pero no me obsesiono, ya que una fotografía no hace daño al cuadro.

Pero el problema surge cuando "salta el flash".

-Oh, es que no me he dado cuenta que tenía el flash.

-No señor, el problema es que usted ha hecho una fotografía sabiendo que está prohibido porque se lo he gritado hace 10 segundos a otro fotógrafo.

Ah, querido Diario, una cosa curiosa que he comprobado es que en la profesión de fotógrafo está implícito el estar sordo. Cuando digo en voz alta que no se pueden hacer fotografías, todas las personas de la sala se giran hacia mí... menos el fotógrafo que sigue haciendo una, dos, tres... fotografías hasta que le pongo la mano delante del objetivo.

-Ah, no lo sabía.

-Tampoco sabes que tienes que lavarte los oídos antes de salir de casa- bueno, eso lo pienso pero no lo digo, que si se me escapa ya tengo una reclamación.

Pero, si una foto no hace daño al cuadro, ¿porqué está prohibido hacerlas en el museo?, te preguntarás, querido Diario. Pues es muy sencillo: porque aunque la gente cree que domina la máquina, siempre salta el flash cuando menos te lo esperas. ¡¡¡Es que las cámaras de fotos son muy puñeteras y cuando están aburridas conectan el flash ellas solas, pá tocar las narices un poco!!!

Hace un par de domingos me tocó vigilar esta sala 12 y, aun estando prohibido hacer fotos, saltaron tres flashazos en todo el día. Va, son solo tres. Ya, pero aunque sea solo uno, la pintura sufre.

Y, claro, el flash sí que daña, y mucho, a la pintura. Por esa gente que hace las fotos con flash, la dirección del Museo prohíbe todas las fotos. Como dice el refrán, "muerto el perro, se acabaron las pulgas". Pues, eso.

Otro motivo por el cual la Dirección del Museo prohíbe hacer fotografías es la acumulación de cámaras que se verían, en vez del cuadro. Si ya es molesto ver un cuadro con cien cabezas por delante de ti, verlo con cien cabezas con sus cien cámaras, pues es para marcharte y no volver. Es más, aun estando prohibido hacer fotografías, he visto a un fotógrafo apartando a otro visitante para poder hacer la foto al cuadro entero sin obstáculos. Manda narices la cosa.

-Perdone, pero no se puede hacer fotografías en el Museo.

-Es que es un selfie.

-Ya, pero un selfie es una auto-foto, por tanto, es una foto y están prohibidas.

-Pero es con el móvil.

-Ya, pero a lo que hace el móvil se le llama foto.

-Pero es sin flash.

-Ya, pero sigue siendo una foto y el museo prohíbe que se hagan fotos.

-Pero es solo al cartel.

-Ya, pero no foto es no foto.

Pero es a la arquitectura del edificio.

-¿Qué parte de la frase “No se puede hacer fotos” no ha entendido?

Ya me río por no llorar, pero cuando ves a una persona con una cámara con un objetivo más grande que mi brazo, colgada en bandolera en los riñones y ves que tiene el móvil junto al estómago haciendo la foto y le informas que no se pueden hacer fotos, TODOS, repito, TODOS dicen:

-Ah, es que no lo sabía.

Venga, hombre, si vas a un museo con ese camarón, haces las fotos con esa cámara, no con el móvil y a escondidas, que se nota a 50 metros, que estamos acostumbrados a adivinar el pensamiento de la gente simplemente con ver cómo se colocan.

Ah, lo más gracioso de estar en esta sala es que a última hora, cuando la entrada es gratuita, la gente está más pendiente de mí que del cuadro. Y es que en esos momentos es cuando me pongo a jugar con ellos. Tú les informas que no se pueden hacer fotos, pero ellos están obcecados en no marcharse sin la foto. Lógicamente, cuando se lo dices ya sabes que te la van a intentar sacar. Y, por normativa no escrita, sigues vigilándole a él y casi solo a él. Cuando ves que la quiere hacer otra vez, le paras antes de que la haga y es en ese momento cuando me pongo a jugar:

-Me van a hacer 28 fotos por otros lados, pero te prometo que tú no me la haces- lo piensas, lógico, no lo dices, pero me pongo a su lado todo el tiempo, vigilando a los demás, pero a su lado, hasta que se sale de la sala... y me quedo tranquilo, sabiendo que me están haciendo otras fotos, porque lo estoy viendo, pero él se ha ido sin hacerla. Es que si no "juegas" de vez en cuando, te aburres en este trabajo.

Bueno, querido Diario, ahí lo dejo.

(Fotografía del cuadro “Las meninas” -1656-, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez).