Querido Diario:
Una de las aptitudes que debemos tener los vigilantes de salas es la paciencia, la santa paciencia. Te cuento...
Hoy, estando vigilando mis salas mensuales, la setenta y cuatro y la setenta y cinco, se me ha acercado una mujer española de unos cuarenta años y me ha preguntado...
-¿Dónde está Sorolla?
Me ha dado ganas de contestarle...
-Muerto, en el cementerio.
Pero me he reprimido y le he contestado bien...
-Por esas salas, a la izquierda.
... mientras le señalaba por dónde tenía que ir.
-¿A la derecha?
-No, a la izquierda.
-¿Al fondo?
-No, a la izquierda, por ahí.
-¿Seguro?
Al final le he dicho...
-Sígame, por favor.
... y la llevé a la puerta de la sala por donde tenía que ir...
-Por ahí.
-Ah, vale.
¡En fin! También tenemos que saber de todo un poco, aunque no respondamos toda la verdad, para no distraernos de nuestra obligación que es vigilar. Después de la mujer "despistada", se me ha acercado un americano de unos treinta y cinco años y me ha preguntado...
-¿Tú trabajas aquí?
-Sí.
-¿Por qué algunas estatuas no tienen pene?
-Uhm... porque se han roto con el paso de los años.
-Ah, claro.
Y se ha marchado.
Te he de decir, querido Diario, que esa respuesta es cierta... pero a medias. Sí, se han podido romper porque el miembro viril es una parte saliente y por tanto más frágil a la hora de romperse... en las esculturas, se entiende, jejeje. Pero existe otra respuesta. Y es que durante algunos siglos la Iglesia Católica vio en los desnudos en las esculturas griegas y romanas la decadencia moral y perversión. Por eso mando a quitarles el pene.
Pero, bueno, si te lo cuento esto, querido Diario, no es para decirte que me quedé a medias en la explicación, que lo hice, sino que me di cuenta que tenía veintitrés esculturas a mi cargo y que todas las esculturas masculinas de mis salas tienen pene y me asusté. Salí disparado a comprobar si alguna estaba rota por esa parte y, gracias a Dios, todo estaba en su sitio. Luego me di cuenta que venía de la sala cuarenta y siete y es que en esa sala sí que hay por lo menos una escultura con el pene cortado. Si bien recuerdo es Neptuno, de un Taller romano, esculpido hacia el año 135 después de Cristo.
Esto me recuerda que cuando estuve vigilando durante otro mes estas salas tuve varias anécdotas para contarte, querido Diario, sobre los penes de las esculturas.
Una de ellas fue que vi a una joven negra de unos veinte años midiendo con los dedos índice y pulgar el pene de una escultura y luego se marchó riendo. No hago más comentarios.
Pero la escultura que tuvo más fama ese mes fue Dioniso, de un Taller romano, esculpido esta vez hacia el año 150 después de Cristo.
En este caso pille a un grupito de cuatro jóvenes de unos dieciséis años, tres chicas y un chico, y una de ellas estaba tocando el miembro viril de Dioniso...
-Perdone, pero no se puede tocar las esculturas, y menos en esa parte... que se puede romper.
Ella se puso roja como un tomate y se marcharon lo más deprisa que pudieron.
Pero ahí no quedó la cosa. Ese mismo día, lo tengo anotado, un oriental adulto junto a una oriental, que no sé si eran pareja o no, hizo una foto no a la escultura entera, que sería lo normal, sino un primer plano del pene del pobre Dioniso...
-No foto, por favor.
-Ya, ya.
En fin, no quiero hacer ningún comentario, pero... me callo, querido Diario, que luego todo se sabe.
Y, como no, te voy a hablar sobre estas dos esculturas...
Neptuno es bastante grande. Mide 2,36 metros de alto. Como su propio nombre indica, representa al dios de los mares y de las aguas.
Si te fijas bien, querido Diario, se ve un delfín, que es su atributo, que le sirve de apoyo de la pesada obra de mármol. El brazo izquierdo fue restaurado en época moderna. Tendría que llevar un tridente que le servía para agitar el mar y estremecer la tierra, pero se ha perdido.
¡Ah! Y el brazo derecho también fue añadido por un restaurador, pero no se sabe si llevaba algo en la mano o no. Se sabe que otras estatuas de Neptuno llevan un pequeño delfín en esta mano, incluso cuando la escultura está sostenida por otro delfín, como es este el caso. Por eso se cree, porque no se puede afirmar con exactitud, que nuestro Neptuno podría sostener un delfín en su mano derecha.
Y a día de hoy, el Neptuno del Museo del Prado... no tiene pene.
Dioniso es más bajito que Neptuno... por lo menos en nuestras esculturas. Ésta mide 1,68 metros de altura.
Según cuenta la mitología, Dioniso era de naturaleza multiforme y tenía una vida en la tierra algo aventurera, aunque suele ser representado como un dios joven y de la edad de un adolescente, como nuestra escultura.
Si te fijas bien, querido Diario, vemos un cuerpo vigoroso pero al mismo tiempo suave.. y sin marcar el vello púbico. Tiene el pelo de la cabeza largo que le cae en dos haces de rizos por cada hombro, hacia el pecho. Y aunque no se aprecia en la fotografía que te he puesto arriba, lleva una trenza de rizos enroscados sobre la nuca. Y sobre la cabeza lleva una cinta en la frente y una corona de yedra.
Dioniso se apoya sobre una herma, y sobre la cabeza de ésta, está su manto abultado.
¿Que qué es una herma? Pues es un busto sin brazos colocado sobre un estípite... que es una pilastra con un elemento figurativo en la parte superior, en este caso, una cabeza barbuda.
El antebrazo izquierdo, que sujeta una copa llena, fue añadido en época moderna, pero el antebrazo derecho y la mano con unas uvas son los originales del año 150 después de Cristo, más o menos.
En este caso, nuestro Dioniso está representado con su don, el vino, que según las palabras de Eurípides...
"... calma el pesar de los apurados mortales y los ofrece el sueño y el olvido de los males cotidianos".
¡Ah! ¿Sabes, querido Diario? Este Dioniso fue adquirido por Velázquez en Roma para el rey Felipe IV, en su segundo viaje a Italia, en el año 1653.
Y a día de hoy, el Dioniso del Museo del Prado... tiene pene.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografías de la escultura Neptuno - hacia 135 -, de Taller romano, que se puede contemplar en la sala 47; y de la escultura Dioniso - hacia 150 -, de Taller romano, que se puede contemplar en la sala 74. Fotografías sacadas de la página web del Museo Nacional del Prado).
Otra manera de conocer el Museo del Prado desde dentro...
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lunes, 22 de octubre de 2018
sábado, 13 de octubre de 2018
Querido Diario, 13 de octubre de 2018
Querido Diario:
Hoy me han pasado tres cosas que no sé como calificarlas. Te cuento y opina tú...
La primera fue casi nada más empezar la jornada. Se me acercó una mujer alemana, de unos treinta y cinco años, y en español "chapurreado" me preguntó...
-Hola, ¿cómo estás? Quiero ver... el lavatorio... de mujeres. Y después quiero ver... Rembrandt.
La verdad, me pilló despistado y en una décima de segundo pensé...
-Yo solo conozco El Lavatorio de Tintoretto, pero es de Jesús con los apóstoles.
Es más, se me vino a la cabeza un "lavatorio de mujeres" que se titula El baño turco, de Jean-Auguste-Dominique Ingres, pero, claro, está en el Museo del Louvre. Hasta que me dí cuenta...
-Claro, lavatorio, baño turco... me está preguntando por el aseo.
Y sin más le expliqué cómo llegar al aseo más cercano y cómo ir luego a ver el cuadro de Rembrandt. Espero haber acertado.
El segundo hecho ha sido poco tiempo después. Estaba una chica de unos veinte años haciendo fotografías. Me acerco a ella y digo...
-No foto, por favor.
Ella me miró con cara de pocos amigos...
-In English? (¿En inglés?)
Y sin pensármelo le digo...
-No foto... please.
Y sé que me entendió perfectamente.
Pero algo parecido me pasó ayer. En ese caso había un grupo de cuatro jóvenes de unos veinticinco años, dos de ellos haciendo fotografías. Me acerqué a uno de ellos y le dije...
-No foto, por favor.
Y él, ni corto ni perezoso, me dijo en perfecto castellano...
-No hablo español.
Y le dije, igual que hoy...
-No foto, please.
Sé que me entendieron todos a la primera. Estoy seguro.
Y la tercera historia ha sido la más rocambolesca de todas. Te tengo que decir, querido Diario, que sucedió unos cinco minutos después de volver del descanso. Estaba vigilando en la sala cuando un señor hispanoamericano, de unos cuarenta años se me ha acercado y me ha dicho...
-¿Es de usted el aroma que me llega?
-Ehm... no sé.
-¿Qué aroma lleva?
-Ehm... es una colonia de marca blanca... del Ahorramás... de bebé.
-Sí, de bebé. Es peculiar. Me gusta. Gracias y perdone.
Sin comentario... pero, verdaderamente, ¿le habrá gustado el olor de mi colonia o quería ligar conmigo? He alucinado.
¡Ah! Como te he dicho antes, querido Diario, sucedió unos cinco minutos después de volver del descanso. Y es que, lo reconozco, cada vez que voy al vestuario me "ducho" en colonia. Manías de uno. Por eso uso colonia de bebé barata... porque un litro me dura solo un mes. Si no, me arruinaría con mi "aroma" tan embaucador, jejeje.
Y hablando de olores, pensando sobre qué obra de arte hablarte hoy, me he recorrido todas las esculturas de mis salas buscando la que tuviera la nariz más grande. Y la escultura ganadora es... el busto de El rey Carlos IV, esculpido por Ramón Barba en el año 1815.
Si bien recuerdo, su padre el rey Carlos III tenía unas narices más grandes, pero al no tener ningún cuadro ni ninguna escultura de él en mis salas, nos conformaremos con las de Carlos IV, que también son hermosotas. ¿No te parece, querido Diario?
Mirando la escultura, sin fijarnos en la nariz, aunque nos cueste, vemos que el rey aparece como si fuese un emperador romano, con la corona de laurel y un manto clásico.
No puedo decirte nada más sobre el busto, querido Diario, pero sí de su autor...
Ramón Barba estudió en la Academia de San Fernando, al mismo tiempo que trabajaba como tallista para la Casa de Osuna. Cuando terminó los estudios, allá por el año 1797, viajó a Roma. Durante esta etapa romana, se convirtió en uno de los escultores más influyentes de la primera generación de artistas españoles en Roma.
Desde 1801 hasta 1808 fue pensionado por el rey Carlos IV y, cuando éste se instaló en Roma en 1812, después de su exilio francés, Barba se convirtió en su Escultor de Cámara.
Más tarde, en 1822 regresó a España, más preciso, a Madrid, y un año después fue elegido Académico de San Fernando. Y algo más tarde, en el año 1830, fue nombrado Escultor de Cámara del rey Fernando VII.
¡Ah! Ramón Barba fue, además, el autor de los dieciséis medallones que hay en la fachada oeste del Museo, es decir, en la fachada donde está la estatua de Velázquez sedente. En estos medallones están representadas las caras de los grandes artistas españoles de todos los tiempos. En la selección entraron cinco arquitectos, cinco escultores y seis pintores...
Los arquitectos son Pedro Pérez, toledano del siglo XIII, más conocido como Petrus Petri, Ventura Rodríguez, Juan de Herrera, Juan de Toledo y Pedro Machuca.
Los pintores, Juan de Juanes, Claudio Coello, Bartolomé Esteban Murillo, Diego Velázquez, Francisco Zurbarán y José de Ribera.
Y los escultores son Alonso Cano, Alonso Berruguete, Gaspar Becerra, Gregorio Fernández y José Álvarez Cubero.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura El rey Carlos IV - 1815 -, de Ramón Barba, que se puede contemplar en la sala 75).
Hoy me han pasado tres cosas que no sé como calificarlas. Te cuento y opina tú...
La primera fue casi nada más empezar la jornada. Se me acercó una mujer alemana, de unos treinta y cinco años, y en español "chapurreado" me preguntó...
-Hola, ¿cómo estás? Quiero ver... el lavatorio... de mujeres. Y después quiero ver... Rembrandt.
La verdad, me pilló despistado y en una décima de segundo pensé...
-Yo solo conozco El Lavatorio de Tintoretto, pero es de Jesús con los apóstoles.
Es más, se me vino a la cabeza un "lavatorio de mujeres" que se titula El baño turco, de Jean-Auguste-Dominique Ingres, pero, claro, está en el Museo del Louvre. Hasta que me dí cuenta...
-Claro, lavatorio, baño turco... me está preguntando por el aseo.
Y sin más le expliqué cómo llegar al aseo más cercano y cómo ir luego a ver el cuadro de Rembrandt. Espero haber acertado.
El segundo hecho ha sido poco tiempo después. Estaba una chica de unos veinte años haciendo fotografías. Me acerco a ella y digo...
-No foto, por favor.
Ella me miró con cara de pocos amigos...
-In English? (¿En inglés?)
Y sin pensármelo le digo...
-No foto... please.
Y sé que me entendió perfectamente.
Pero algo parecido me pasó ayer. En ese caso había un grupo de cuatro jóvenes de unos veinticinco años, dos de ellos haciendo fotografías. Me acerqué a uno de ellos y le dije...
-No foto, por favor.
Y él, ni corto ni perezoso, me dijo en perfecto castellano...
-No hablo español.
Y le dije, igual que hoy...
-No foto, please.
Sé que me entendieron todos a la primera. Estoy seguro.
Y la tercera historia ha sido la más rocambolesca de todas. Te tengo que decir, querido Diario, que sucedió unos cinco minutos después de volver del descanso. Estaba vigilando en la sala cuando un señor hispanoamericano, de unos cuarenta años se me ha acercado y me ha dicho...
-¿Es de usted el aroma que me llega?
-Ehm... no sé.
-¿Qué aroma lleva?
-Ehm... es una colonia de marca blanca... del Ahorramás... de bebé.
-Sí, de bebé. Es peculiar. Me gusta. Gracias y perdone.
Sin comentario... pero, verdaderamente, ¿le habrá gustado el olor de mi colonia o quería ligar conmigo? He alucinado.
¡Ah! Como te he dicho antes, querido Diario, sucedió unos cinco minutos después de volver del descanso. Y es que, lo reconozco, cada vez que voy al vestuario me "ducho" en colonia. Manías de uno. Por eso uso colonia de bebé barata... porque un litro me dura solo un mes. Si no, me arruinaría con mi "aroma" tan embaucador, jejeje.
Y hablando de olores, pensando sobre qué obra de arte hablarte hoy, me he recorrido todas las esculturas de mis salas buscando la que tuviera la nariz más grande. Y la escultura ganadora es... el busto de El rey Carlos IV, esculpido por Ramón Barba en el año 1815.
Si bien recuerdo, su padre el rey Carlos III tenía unas narices más grandes, pero al no tener ningún cuadro ni ninguna escultura de él en mis salas, nos conformaremos con las de Carlos IV, que también son hermosotas. ¿No te parece, querido Diario?
Mirando la escultura, sin fijarnos en la nariz, aunque nos cueste, vemos que el rey aparece como si fuese un emperador romano, con la corona de laurel y un manto clásico.
No puedo decirte nada más sobre el busto, querido Diario, pero sí de su autor...
Ramón Barba estudió en la Academia de San Fernando, al mismo tiempo que trabajaba como tallista para la Casa de Osuna. Cuando terminó los estudios, allá por el año 1797, viajó a Roma. Durante esta etapa romana, se convirtió en uno de los escultores más influyentes de la primera generación de artistas españoles en Roma.
Desde 1801 hasta 1808 fue pensionado por el rey Carlos IV y, cuando éste se instaló en Roma en 1812, después de su exilio francés, Barba se convirtió en su Escultor de Cámara.
Más tarde, en 1822 regresó a España, más preciso, a Madrid, y un año después fue elegido Académico de San Fernando. Y algo más tarde, en el año 1830, fue nombrado Escultor de Cámara del rey Fernando VII.
¡Ah! Ramón Barba fue, además, el autor de los dieciséis medallones que hay en la fachada oeste del Museo, es decir, en la fachada donde está la estatua de Velázquez sedente. En estos medallones están representadas las caras de los grandes artistas españoles de todos los tiempos. En la selección entraron cinco arquitectos, cinco escultores y seis pintores...
Los arquitectos son Pedro Pérez, toledano del siglo XIII, más conocido como Petrus Petri, Ventura Rodríguez, Juan de Herrera, Juan de Toledo y Pedro Machuca.
Los pintores, Juan de Juanes, Claudio Coello, Bartolomé Esteban Murillo, Diego Velázquez, Francisco Zurbarán y José de Ribera.
Y los escultores son Alonso Cano, Alonso Berruguete, Gaspar Becerra, Gregorio Fernández y José Álvarez Cubero.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura El rey Carlos IV - 1815 -, de Ramón Barba, que se puede contemplar en la sala 75).
sábado, 18 de agosto de 2018
Querido Diario, 18 de agosto de 2018
Querido Diario:
Hoy una compañera me ha dado una noticia que no sé cómo tomármela... Me ha dicho que una academia que prepara la oposición para vigilantes de salas del Museo del Prado ha recomendado a sus alumnos que te lean. Ya ves, querido Diario, me consideraba "bloguero", por lo de escribir en un blog, pero ahora me tendré que considerar "influencer", jejeje. Para mí es un honor, cómo no, pero... como siempre en mí, hay un pero... es que son a los alumnos que estudian la misma oposición a la que me voy a presentar yo. No digo más... y lo digo todo.
Pero aunque me he pasado toda la tarde pensando si esa noticia era buena o mala, me he acordado que ayer me vino a visitar una cotilla que te lee a hurtadillas. Volvía del descanso cuando mi relevo me dijo que una pareja me estaba esterando...
-¿¿¿Ehhhh???
Pues, sí. Andrea, que es la cotilla, y su hijo querían conocerme y agradecerme mi trabajo por el diario. Ya ves, querido Diario, como si escribirte fuese para mí un trabajo. Si es todo lo contrario... un placer.
Gracias, Andrea.
Ah, que se me olvidaba... también la semana pasada se me presentó otra pareja que te lee. Bueno, si bien recuerdo era ella la cotilla. Pero tuve el fallo de no preguntarles su nombre. ¡¡¡Me cachis!!! Gracias, igualmente.
¿Sabes, querido Diario? Me encanta que se me presenten las cotillas y los cotillos que te leen a hurtadillas. Me hace mucha ilusión. Pobre de mí, con poca cosa se me contenta.
En fin, cambiando de tema, el mes sigue "enclaustrándome", jejeje. En un principio pensé que estar un mes entero vigilando en el Claustro de los Jerónimos iba a ser tedioso, pero, como te comenté el 8 de agosto, han puesto una pequeña cafetería y eso anima a la gente a subir para ver el claustro y ya de paso tomarse una café o una cerveza. Eso sí, como no se puede comer ni beber en el Museo, lo tienen que consumir en las mesas que han colocado al lado de la barra. Y algunos días suben más gente o otros días no sube casi nadie. Por eso le estoy cogiendo gustillo a vigilar en el Claustro.
Pero poco tengo que hacer... como en el Claustro se pueden hacer fotografías, no tengo que estar pendiente de eso. Solo tengo que estar vigilando para que no toquen las esculturas, que no pasaría nada, pues las esculturas son duras y no se estropean. Pero si la normativa dice que no se pueden tocar las esculturas, mi trabajo es hacer que se cumpla.
También tengo que estar pendiente que la gente no ande descalza, pero este mes solo me ha pasado dos veces... y por niños pequeños. La verdad, aunque lo barren y lo friegan todos los días, con el uso, el suelo se ensucia. Y con lo sucio que está, no entiendo como los padres dejan que, en este caso, una corra descalza y otra, u otro, porque no sé si era niño o niña, gateara... y encima, para más inri, descalza. Debe ser que "lo que no mata, fortalece".
Y otra cosa de la que tengo que estar pendiente es que no tiren nada al patio de luces que tiene el Claustro para dar luz a las salas de las exposiciones temporales que están en los pisos de abajo. No entiendo por qué la gente es tan guarra, con perdón. Echan de todo... monedas, planos, folletos, entradas troceadas como si fuera confeti,... Y lo hacen en décimas de segundo, que no te da tiempo a frenarles, solo a decirles que no se puede tirar nada... después de que ya lo han hecho, claro. Por suerte, en lo que llevo de mes solo han tirado tres planos, un folleto de una exposición temporal... y una carcasa de móvil. Y, orgulloso de mí, he de decir que no ha sido mientras yo he estado vigilando.
Eso sí, los visitantes me ven con cara de saber de todo, o con cara de guía turístico, pues no pasa un día que alguien me diga...
-¿Me puede explicar la historia de este Claustro?
La mayoría de las veces les indico dónde está la cartela explicativa, que se ve perfectamente, y otras veces, cuando veo que no hay nadie más, pues mi trabajo es vigilar, no explicar, se la medio comento en treinta segundos.
Y es que ese claustro formaba parte del Monasterio de San Jerónimo el Real. Esta institución religiosa se creó en 1464, pero se estableció en este paraje en 1503. El rey Felipe II, como ya te comenté el 11 de julio, pidió que se creara un "cuarto real" en torno a la iglesia de San Jerónimo, que más tarde ese cuarto quedó integrado en el Palacio del Buen Retiro.
Volviendo al claustro, éste no fue el original de principios del siglo XVI. EL actual se empezó a construir en 1672 y se terminó diez años más tarde, en 1682, sustituyendo al antiguo. Fue diseñado por el arquitecto agustino fray Lorenzo de San Nicolás.
¿Sabes, querido Diario? Está realizado con granito madrileño y en el estilo se nota que tuvo mucha influencia la arquitectura de El Escorial, ya que es clásico y austero.
Continuando con la historia, en la Guerra de la Independencia contra los franceses sufrió muchos daños y casi fue demolido en el año 1857. Menos mal que no lo hicieron, pues entonces no tendríamos esta obra de arte arquitectónica.
En 1925 fue declarado Monumento Nacional. Y en el año 2000, cuando el arquitecto Rafael Moneo hizo la ampliación del Museo, el Claustro de los Jerónimos fue desmontado, piedra a piedra, se numeraron, se limpiaron, se restauraron y se colocaron en su sitio... hasta ahora.
Imagínatelo, querido Diario... el claustro tiene casi tres mil bloques de piedras y menos mal que cuando lo montaron no sobró ninguno, jejeje.
Y como lo prometido es deuda, el 8 de agosto te dije que iba a hablar de la otra estatua de cuerpo entero que María de Hungría, la hermana de del emperador Carlos V, mandó hacer a Leone Leoni en 1549, aparte de la de su sobrino. Bueno, le mando hacer diez, pero solo hizo dos... la de Felipe II y ésta, María de Hungría.
El destino de estas estatuas era la galería dinástica que María había proyectado en el Palacio de Binche, en Bélgica. Pero Leone Leoni demoró un poquiiiito su realización... por lo menos hasta 1553. Al final, el escultor entregó a María de Hungría su estatua en 1556, dos años después de que las tropas francesas arrasaran Binche. Ya ves, querido Diario, nunca llegó a ocupar el lugar para el que había sido diseñada.
Pero la historia no termina ahí. Sigo...
Ese mismo año, 1556, María se trasladó a España, y las esculturas siguieron el mismo camino, acompañadas por Pompeo Leoni, el hijo de Leone, que se trasladó a Madrid para completarlas... en 1564, ocho años después, realizando la basa, incluyendo en ésta la inscripción...
"Maria Austria Regina Ludovici Ungariae Regis" Reina María de Austria [esposa] del rey Luis de Hungría).
Y como nuestra María de Hungría falleció en Cigales, cerca de Valladolid, en 1558, dos años después de su llegada a España, nunca vio terminada su estatua.
En fin, la escultura de María de Hungría es de broce y mide 175 centímetros de alto. Supongo que sería la altura real de la hermana del rey Carlos I de España, viuda del rey Luis II de Hungría y gobernadora de los Países Bajos, o sea, María de Habsburgo, también conocida por María de Austria o María de Hungría.
En su condición de viuda, la estatua de María no podía llevar la vestimenta con mucha decoración. Y hay que reconocer que esta limitación fue positiva, ya que Leone tuvo que jugar con los pliegues de la ropa para darle el dinamismo y la majestuosidad que tiene la escultura.
¿Qué es lo que vemos? Pues a nuestra María de pie, vestida como te he dicho antes, de viuda. Tiene las manos juntas, sosteniendo un misal. En la cabeza lleva una toca que parece una monja.
¿No te has dado cuenta, querido Diario, que en el cuadro Las Meninas, detrás de Isabel de Velasco hay una monja? Pues no es una monja, sino una viuda. Es que en aquella época, las viudas se vestían con una toca en la cabeza, como las monjas.
Ah, por cierto, la viuda de Las Meninas se llamaba Marcela de Ulloa y era una dama de honor de la infanta Margarita.
Siguiendo con la estatua de María de Hungría, si te fijas bien, querido Diario, verás que lleva por el cuello una estola, que es una especie de bufanda que le llega casi hasta los tobillos. La verdad, esa estola era un tema que me "rallaba"...
-¿Cómo una viuda lleva una estola sacerdotal?
Es que la estola es una prenda litúrgica que utilizan los sacerdotes o los diáconos en la administración de los sacramentos. Es una prenda de tela que se pone alrededor del cuello. Los diáconos se la colocan en el hombro izquierdo y se la cruzan por el pecho y la espalda, ajustándola en el lado derecho de la cintura. Y los sacerdotes se la ponen en el cuello y los lados cuelgan sobre el pecho, por delante.
Entonces, si es una prenda litúrgica que utilizan los sacerdotes o los diáconos, ¿cómo es que la lleva nuestra María?
Tiene su explicación, y es que como la estatua se ve de abajo a arriba no se aprecia bien... la toca tiene unos extremos muy largos. Están anudados sobre la nuca, cosa que no se ve desde abajo, cayendo hacia delante, y están rematados con unas cruces, formando una especie de estola.
¡¡¡Bien!!! ¡¡¡Está solucionado!!! No es que sea una estola, sino los extremos de la toca que caen en forma de estola. Y se trata de una indumentaria que, según su biógrafo Alessandro Nogarola, se ponía cuando iba a la iglesia o cuando se presentaba como majestad.
Mañana me fijaré bien, a ver si se aprecia el nudo de la toca en la nuca, y te lo cuento después, querido Diario.
Ah, ¿sabes? Para realizar esta estatua, Leone Leoni partió de un busto que había hecho en terracota durante su primer encuentro que tuvo con María de Hungría en Bruselas, en el año 1549. Este busto sirvió también para otro busto que hicieron los Leoni, padre e hijo, de nuestra María, pero esta vez en mármol y que también lo conserva el Museo del Prado, aunque a día de hoy no está expuesto. Y lo realizaron entre los años 1553 y 1555.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la estatua en bronce María de Hungría - 1553-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que se puede contemplar en el Claustro de Jerónimos; escultura en mármol María de Hungría - 1553-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que a día de hoy no está expuesta; y detalle del cuadro Las meninas - 1656 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 12).
Hoy una compañera me ha dado una noticia que no sé cómo tomármela... Me ha dicho que una academia que prepara la oposición para vigilantes de salas del Museo del Prado ha recomendado a sus alumnos que te lean. Ya ves, querido Diario, me consideraba "bloguero", por lo de escribir en un blog, pero ahora me tendré que considerar "influencer", jejeje. Para mí es un honor, cómo no, pero... como siempre en mí, hay un pero... es que son a los alumnos que estudian la misma oposición a la que me voy a presentar yo. No digo más... y lo digo todo.
Pero aunque me he pasado toda la tarde pensando si esa noticia era buena o mala, me he acordado que ayer me vino a visitar una cotilla que te lee a hurtadillas. Volvía del descanso cuando mi relevo me dijo que una pareja me estaba esterando...
-¿¿¿Ehhhh???
Pues, sí. Andrea, que es la cotilla, y su hijo querían conocerme y agradecerme mi trabajo por el diario. Ya ves, querido Diario, como si escribirte fuese para mí un trabajo. Si es todo lo contrario... un placer.
Gracias, Andrea.
Ah, que se me olvidaba... también la semana pasada se me presentó otra pareja que te lee. Bueno, si bien recuerdo era ella la cotilla. Pero tuve el fallo de no preguntarles su nombre. ¡¡¡Me cachis!!! Gracias, igualmente.
¿Sabes, querido Diario? Me encanta que se me presenten las cotillas y los cotillos que te leen a hurtadillas. Me hace mucha ilusión. Pobre de mí, con poca cosa se me contenta.
En fin, cambiando de tema, el mes sigue "enclaustrándome", jejeje. En un principio pensé que estar un mes entero vigilando en el Claustro de los Jerónimos iba a ser tedioso, pero, como te comenté el 8 de agosto, han puesto una pequeña cafetería y eso anima a la gente a subir para ver el claustro y ya de paso tomarse una café o una cerveza. Eso sí, como no se puede comer ni beber en el Museo, lo tienen que consumir en las mesas que han colocado al lado de la barra. Y algunos días suben más gente o otros días no sube casi nadie. Por eso le estoy cogiendo gustillo a vigilar en el Claustro.
Pero poco tengo que hacer... como en el Claustro se pueden hacer fotografías, no tengo que estar pendiente de eso. Solo tengo que estar vigilando para que no toquen las esculturas, que no pasaría nada, pues las esculturas son duras y no se estropean. Pero si la normativa dice que no se pueden tocar las esculturas, mi trabajo es hacer que se cumpla.
También tengo que estar pendiente que la gente no ande descalza, pero este mes solo me ha pasado dos veces... y por niños pequeños. La verdad, aunque lo barren y lo friegan todos los días, con el uso, el suelo se ensucia. Y con lo sucio que está, no entiendo como los padres dejan que, en este caso, una corra descalza y otra, u otro, porque no sé si era niño o niña, gateara... y encima, para más inri, descalza. Debe ser que "lo que no mata, fortalece".
Y otra cosa de la que tengo que estar pendiente es que no tiren nada al patio de luces que tiene el Claustro para dar luz a las salas de las exposiciones temporales que están en los pisos de abajo. No entiendo por qué la gente es tan guarra, con perdón. Echan de todo... monedas, planos, folletos, entradas troceadas como si fuera confeti,... Y lo hacen en décimas de segundo, que no te da tiempo a frenarles, solo a decirles que no se puede tirar nada... después de que ya lo han hecho, claro. Por suerte, en lo que llevo de mes solo han tirado tres planos, un folleto de una exposición temporal... y una carcasa de móvil. Y, orgulloso de mí, he de decir que no ha sido mientras yo he estado vigilando.
Eso sí, los visitantes me ven con cara de saber de todo, o con cara de guía turístico, pues no pasa un día que alguien me diga...
-¿Me puede explicar la historia de este Claustro?
La mayoría de las veces les indico dónde está la cartela explicativa, que se ve perfectamente, y otras veces, cuando veo que no hay nadie más, pues mi trabajo es vigilar, no explicar, se la medio comento en treinta segundos.
Y es que ese claustro formaba parte del Monasterio de San Jerónimo el Real. Esta institución religiosa se creó en 1464, pero se estableció en este paraje en 1503. El rey Felipe II, como ya te comenté el 11 de julio, pidió que se creara un "cuarto real" en torno a la iglesia de San Jerónimo, que más tarde ese cuarto quedó integrado en el Palacio del Buen Retiro.
Volviendo al claustro, éste no fue el original de principios del siglo XVI. EL actual se empezó a construir en 1672 y se terminó diez años más tarde, en 1682, sustituyendo al antiguo. Fue diseñado por el arquitecto agustino fray Lorenzo de San Nicolás.
¿Sabes, querido Diario? Está realizado con granito madrileño y en el estilo se nota que tuvo mucha influencia la arquitectura de El Escorial, ya que es clásico y austero.
Continuando con la historia, en la Guerra de la Independencia contra los franceses sufrió muchos daños y casi fue demolido en el año 1857. Menos mal que no lo hicieron, pues entonces no tendríamos esta obra de arte arquitectónica.
En 1925 fue declarado Monumento Nacional. Y en el año 2000, cuando el arquitecto Rafael Moneo hizo la ampliación del Museo, el Claustro de los Jerónimos fue desmontado, piedra a piedra, se numeraron, se limpiaron, se restauraron y se colocaron en su sitio... hasta ahora.
Imagínatelo, querido Diario... el claustro tiene casi tres mil bloques de piedras y menos mal que cuando lo montaron no sobró ninguno, jejeje.
Y como lo prometido es deuda, el 8 de agosto te dije que iba a hablar de la otra estatua de cuerpo entero que María de Hungría, la hermana de del emperador Carlos V, mandó hacer a Leone Leoni en 1549, aparte de la de su sobrino. Bueno, le mando hacer diez, pero solo hizo dos... la de Felipe II y ésta, María de Hungría.
El destino de estas estatuas era la galería dinástica que María había proyectado en el Palacio de Binche, en Bélgica. Pero Leone Leoni demoró un poquiiiito su realización... por lo menos hasta 1553. Al final, el escultor entregó a María de Hungría su estatua en 1556, dos años después de que las tropas francesas arrasaran Binche. Ya ves, querido Diario, nunca llegó a ocupar el lugar para el que había sido diseñada.
Pero la historia no termina ahí. Sigo...
Ese mismo año, 1556, María se trasladó a España, y las esculturas siguieron el mismo camino, acompañadas por Pompeo Leoni, el hijo de Leone, que se trasladó a Madrid para completarlas... en 1564, ocho años después, realizando la basa, incluyendo en ésta la inscripción...
"Maria Austria Regina Ludovici Ungariae Regis" Reina María de Austria [esposa] del rey Luis de Hungría).
Y como nuestra María de Hungría falleció en Cigales, cerca de Valladolid, en 1558, dos años después de su llegada a España, nunca vio terminada su estatua.
En fin, la escultura de María de Hungría es de broce y mide 175 centímetros de alto. Supongo que sería la altura real de la hermana del rey Carlos I de España, viuda del rey Luis II de Hungría y gobernadora de los Países Bajos, o sea, María de Habsburgo, también conocida por María de Austria o María de Hungría.
En su condición de viuda, la estatua de María no podía llevar la vestimenta con mucha decoración. Y hay que reconocer que esta limitación fue positiva, ya que Leone tuvo que jugar con los pliegues de la ropa para darle el dinamismo y la majestuosidad que tiene la escultura.
¿Qué es lo que vemos? Pues a nuestra María de pie, vestida como te he dicho antes, de viuda. Tiene las manos juntas, sosteniendo un misal. En la cabeza lleva una toca que parece una monja.
¿No te has dado cuenta, querido Diario, que en el cuadro Las Meninas, detrás de Isabel de Velasco hay una monja? Pues no es una monja, sino una viuda. Es que en aquella época, las viudas se vestían con una toca en la cabeza, como las monjas.
Ah, por cierto, la viuda de Las Meninas se llamaba Marcela de Ulloa y era una dama de honor de la infanta Margarita.
Siguiendo con la estatua de María de Hungría, si te fijas bien, querido Diario, verás que lleva por el cuello una estola, que es una especie de bufanda que le llega casi hasta los tobillos. La verdad, esa estola era un tema que me "rallaba"...
-¿Cómo una viuda lleva una estola sacerdotal?
Es que la estola es una prenda litúrgica que utilizan los sacerdotes o los diáconos en la administración de los sacramentos. Es una prenda de tela que se pone alrededor del cuello. Los diáconos se la colocan en el hombro izquierdo y se la cruzan por el pecho y la espalda, ajustándola en el lado derecho de la cintura. Y los sacerdotes se la ponen en el cuello y los lados cuelgan sobre el pecho, por delante.
Entonces, si es una prenda litúrgica que utilizan los sacerdotes o los diáconos, ¿cómo es que la lleva nuestra María?
Tiene su explicación, y es que como la estatua se ve de abajo a arriba no se aprecia bien... la toca tiene unos extremos muy largos. Están anudados sobre la nuca, cosa que no se ve desde abajo, cayendo hacia delante, y están rematados con unas cruces, formando una especie de estola.
¡¡¡Bien!!! ¡¡¡Está solucionado!!! No es que sea una estola, sino los extremos de la toca que caen en forma de estola. Y se trata de una indumentaria que, según su biógrafo Alessandro Nogarola, se ponía cuando iba a la iglesia o cuando se presentaba como majestad.
Mañana me fijaré bien, a ver si se aprecia el nudo de la toca en la nuca, y te lo cuento después, querido Diario.
Ah, ¿sabes? Para realizar esta estatua, Leone Leoni partió de un busto que había hecho en terracota durante su primer encuentro que tuvo con María de Hungría en Bruselas, en el año 1549. Este busto sirvió también para otro busto que hicieron los Leoni, padre e hijo, de nuestra María, pero esta vez en mármol y que también lo conserva el Museo del Prado, aunque a día de hoy no está expuesto. Y lo realizaron entre los años 1553 y 1555.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la estatua en bronce María de Hungría - 1553-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que se puede contemplar en el Claustro de Jerónimos; escultura en mármol María de Hungría - 1553-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que a día de hoy no está expuesta; y detalle del cuadro Las meninas - 1656 -, de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, que se puede contemplar en la sala 12).
miércoles, 8 de agosto de 2018
Querido Diario, 8 de agosto de 2018
Querido Diario:
Ante todo te quiero pedir disculpas, querido amigo Diario, porque hace muchos días que no te he escrito, pero es que no tengo tiempo casi ni para respirar, entre los estudios, el trabajo, la familia, que es muy importante no dejarla atrás,... y más cosas. Me gustaría que el día tuviera cuarenta y ocho horas para poder hacer todo lo que tengo pendiente y que no hago por falta de tiempo. Y todavía me faltarían horas.
Pero hoy me he propuesto escribirte un poco, a ver si acabo a tiempo...
Y es que llevo ocho días detrás de decirte que como hemos cambiado de mes, he dejado de ser correturnos y me ha tocado sala fija, es decir, vigilar durante un mes una sala... una super sala... la sala más grade del Museo... el claustro de Jerónimos. Si bien recuerdo, ya te hablé de él el 25 de octubre del año pasado, el cuarto día tuyo, el cuarto día que te escribí. ¡¡¡Cómo ha pasado el tiempo!!!
En fin, pensaba que iba a ser un mes aburrido, pero, no, no lo va a ser... creo. El Museo ha puesto una barra de bar con cuatro mesas en el claustro para que la gente descanse un poco, tomándose un refresco, contemplando ese maravillo entorno... y la gente se está animando a subir y a quedarse un ratito. Hay que reconocer que tomarse un café ahí, con la tranquilidad que impone el claustro, con su silencio, debe ser de lo más placentero.
Y como es un sitio tan grande que impone "respeto", la gente suele hablar bajito. Bueno, aunque hablasen alto, como es tan grande, no se nota. Pero, esto es cierto, la gente suele estar calmada. Tanto que un niño de poco más de dos añitos ha estado un buen rato detrás de su hermana de unos siete u ocho años mandándole callar, con el dedo índice delante de la boca. Y yo, como es lógico, ya que estaba ayudándome, quitándome el ingrato trabajo de mandar que bajen el volumen de voz, le he dicho "Ok" con el pulgar hacia arriba. Los padres se han partido de risa, como era de esperar.
Ah, ¿sabes, querido Diario? Como el claustro es la única sala del Museo, junto con la entrada de Jerónimos, en la que se pueden hacer fotografías, la gente aprovecha a hacerlas a todas las esculturas, columnas, capiteles, vigilante,... y más obras de arte, jejeje. Y yo, como obra de arte tímida, me intento esconder, lógicamente, pero seguro que me han sacado un montón de veces. Es inevitable.
Pero, claro, no todo el mundo lo sabe, y hoy había una chica de unos dieciocho años intentando hacer una fotografía. Pero cuando la miraba, bajaba el móvil, disimulando. Me "distraía", y lo levantaba para sacar la foto. La miraba, y bajaba el móvil... no sé las veces que lo ha intentado, pero seguro que ha hecho ejercicio subiendo y bajando los brazos. Al final otro visitante me ha cortado la diversión... se ha puesto a hacer fotografías y como no le he dicho nada, la joven ha venido casi corriendo hacia mí...
-Pero, ¿se pueden hacer fotografías?
-Sí, esta sala es la única del Museo en la que sí se pueden hacer fotografías.
Imagínate, querido Diario, la cara que ha puesto la chica... me ha perdonado la vida por momentos. Pero, en fin, la "culpa", por decirlo de alguna manera, ha sido suya por intentar hacer la foto, aun creyendo que no se podía. Que hubiera preguntado antes de intentarlo, digo yo.
Aunque echando una mano a la chica, hay que reconocer que si llevas todo el día escuchando que no se pueden hacer fotografías en el Museo, no te planteas que en una sala, en este caso el claustro, sí se puede sacar fotos.
Pero no ha sido la única que se ha escondido para hacer las fotos "prohibidas". Eso sí, cuando les dices que se pueden hacer, se desquitan y empiezan a hacer fotos como posesos a todos los sitios, como si no hubiera un mañana.
¿Y de qué obra de arte te puedo hablar, querido Diario... y cotillas que lo leéis a hurtadillas? Ah, sí... como no, de una escultura que está en el claustro y que me hace mucha gracia cada vez que la veo. Se titula Felipe II y es una obra que empezó Leone Leoni en el año 1551 y la terminó su hijo Pompeo Leoni en 1564.
Así, a simple vista no tiene nada de gracioso, pero, espera...
María de Hungría, que era hermana del emperador Carlos V y viuda del rey Luis II de Hungría y gobernadora de los Países Bajos entre los años 1531 y 1555, solicitó a Leone Leoni, en 1549, diez esculturas en bronce de cuerpo entero de miembros de la familia imperial. Pero solo realizó dos, ésta y la suya, o sea, la de la reina María de Hungría, de la que te contaré cosas otro día... te lo prometo.
La escultura de Felipe II mide 171 centímetros de alto. Me imagino que sería la altura real del entonces Príncipe de Asturias y Duque de Milán. Y pesa, ni más ni menos, que 321 kilos... y 400 gramos.
Como te he dicho, querido Diario, la obra fue encargada en 1549, pero el vaciado de la estatua se realizó el 2 de noviembre de 1551, y se sabe que Leone Leoni trabajaba aún en ella en diciembre de 1553.
En 1556, las dos esculturas, las de Felipe II y la de María de Hungría, fueron trasladadas a España al taller de su hijo Pompeo Leoni de Madrid, adonde se había trasladado para ultimar los encargos hechos por la familia imperial. Pompeo terminó esta escultura en 1564, realizando la basa, incluyedo la inscripción...
"Philippus Angliae Rex Caoli V F" (Felipe, rey de de Inglaterra, hijo de Carlos V).
En fin, si te fijas bien, querido Diario, el entonces príncipe Felipe tiene el bastón de mando en su mano izquierda y una espada en el lado derecho, que, por cierto, en la fotografía que te he puesto aquí al lado no se ve, pero el mango es la cabeza de un águila, símbolo del Imperio.
Continuo...
El Príncipe aparece vestido con un manto y una armadura romana inventada, pues nunca tuvo una armadura así. Su decoración es un poco heterogénea, por no decir caótica, ya que mezcla elementos cristianos y paganos, pero no parece que tenga una lógica iconográfica. Eso sí, tiene tanto detalle que certifica la excelencia de Leoni como un maestro orfebre.
Observa el peto... verás la figura de la Ascensión de la Virgen rodeada de nereidas y tritones entre roleos.
¿Que qué son nereidas, tritones y, sobre todo, roleos? Buena pregunta... las nereidas, en la mitología, eran ninfas que residían en el mar, jóvenes, hermosas, de medio cuerpo humano en la parte superior, y de peces en lo restante... es decir, lo que nosotros conocemos por sirenas.
Los tritones eran deidades marinas con figura de hombre desde la cabeza hasta la cintura, y de pez el resto... es decir, sirenos.
Y los roleos son adornos en forma de espiral... es decir... es decir... no se me ocurre nada... adornos en forma de espiral.
Y en la hombrera izquierda puso tres óvalos... uno con Las tres Gracias, otro con el dios Mercurio y otro con una figura femenina con un jarro en la mano.
Ahora, querido Diario, fíjate en el cinturón, que es muy curioso. Es de doble hilera... en la superior se alternan máscaras de carnero y motivos vegetales. Y en la inferior hay figuras mitológicas entre las que se distinguen, entre otros, Mercurio y Hércules.
Pero la "joya de la corona", lo que más me encanta de esta estatua y que me hace mucha gracia cada vez que las veo son... las sandalias. Tiene medallones con cabezas de leones y granadas. Pero la parte superior es lo más apoteósico... tiene unas cabezas de unos monstruos con sus bracitos y sus garras. ¡¡¡Me encantan!!! Soy así de sencillo.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Felipe II - 1551-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que se puede contemplar en el Claustro de Jerónimos).
Ante todo te quiero pedir disculpas, querido amigo Diario, porque hace muchos días que no te he escrito, pero es que no tengo tiempo casi ni para respirar, entre los estudios, el trabajo, la familia, que es muy importante no dejarla atrás,... y más cosas. Me gustaría que el día tuviera cuarenta y ocho horas para poder hacer todo lo que tengo pendiente y que no hago por falta de tiempo. Y todavía me faltarían horas.
Pero hoy me he propuesto escribirte un poco, a ver si acabo a tiempo...
Y es que llevo ocho días detrás de decirte que como hemos cambiado de mes, he dejado de ser correturnos y me ha tocado sala fija, es decir, vigilar durante un mes una sala... una super sala... la sala más grade del Museo... el claustro de Jerónimos. Si bien recuerdo, ya te hablé de él el 25 de octubre del año pasado, el cuarto día tuyo, el cuarto día que te escribí. ¡¡¡Cómo ha pasado el tiempo!!!
En fin, pensaba que iba a ser un mes aburrido, pero, no, no lo va a ser... creo. El Museo ha puesto una barra de bar con cuatro mesas en el claustro para que la gente descanse un poco, tomándose un refresco, contemplando ese maravillo entorno... y la gente se está animando a subir y a quedarse un ratito. Hay que reconocer que tomarse un café ahí, con la tranquilidad que impone el claustro, con su silencio, debe ser de lo más placentero.
Y como es un sitio tan grande que impone "respeto", la gente suele hablar bajito. Bueno, aunque hablasen alto, como es tan grande, no se nota. Pero, esto es cierto, la gente suele estar calmada. Tanto que un niño de poco más de dos añitos ha estado un buen rato detrás de su hermana de unos siete u ocho años mandándole callar, con el dedo índice delante de la boca. Y yo, como es lógico, ya que estaba ayudándome, quitándome el ingrato trabajo de mandar que bajen el volumen de voz, le he dicho "Ok" con el pulgar hacia arriba. Los padres se han partido de risa, como era de esperar.
Ah, ¿sabes, querido Diario? Como el claustro es la única sala del Museo, junto con la entrada de Jerónimos, en la que se pueden hacer fotografías, la gente aprovecha a hacerlas a todas las esculturas, columnas, capiteles, vigilante,... y más obras de arte, jejeje. Y yo, como obra de arte tímida, me intento esconder, lógicamente, pero seguro que me han sacado un montón de veces. Es inevitable.
Pero, claro, no todo el mundo lo sabe, y hoy había una chica de unos dieciocho años intentando hacer una fotografía. Pero cuando la miraba, bajaba el móvil, disimulando. Me "distraía", y lo levantaba para sacar la foto. La miraba, y bajaba el móvil... no sé las veces que lo ha intentado, pero seguro que ha hecho ejercicio subiendo y bajando los brazos. Al final otro visitante me ha cortado la diversión... se ha puesto a hacer fotografías y como no le he dicho nada, la joven ha venido casi corriendo hacia mí...
-Pero, ¿se pueden hacer fotografías?
-Sí, esta sala es la única del Museo en la que sí se pueden hacer fotografías.
Imagínate, querido Diario, la cara que ha puesto la chica... me ha perdonado la vida por momentos. Pero, en fin, la "culpa", por decirlo de alguna manera, ha sido suya por intentar hacer la foto, aun creyendo que no se podía. Que hubiera preguntado antes de intentarlo, digo yo.
Aunque echando una mano a la chica, hay que reconocer que si llevas todo el día escuchando que no se pueden hacer fotografías en el Museo, no te planteas que en una sala, en este caso el claustro, sí se puede sacar fotos.
Pero no ha sido la única que se ha escondido para hacer las fotos "prohibidas". Eso sí, cuando les dices que se pueden hacer, se desquitan y empiezan a hacer fotos como posesos a todos los sitios, como si no hubiera un mañana.
¿Y de qué obra de arte te puedo hablar, querido Diario... y cotillas que lo leéis a hurtadillas? Ah, sí... como no, de una escultura que está en el claustro y que me hace mucha gracia cada vez que la veo. Se titula Felipe II y es una obra que empezó Leone Leoni en el año 1551 y la terminó su hijo Pompeo Leoni en 1564.
Así, a simple vista no tiene nada de gracioso, pero, espera...
María de Hungría, que era hermana del emperador Carlos V y viuda del rey Luis II de Hungría y gobernadora de los Países Bajos entre los años 1531 y 1555, solicitó a Leone Leoni, en 1549, diez esculturas en bronce de cuerpo entero de miembros de la familia imperial. Pero solo realizó dos, ésta y la suya, o sea, la de la reina María de Hungría, de la que te contaré cosas otro día... te lo prometo.
La escultura de Felipe II mide 171 centímetros de alto. Me imagino que sería la altura real del entonces Príncipe de Asturias y Duque de Milán. Y pesa, ni más ni menos, que 321 kilos... y 400 gramos.
Como te he dicho, querido Diario, la obra fue encargada en 1549, pero el vaciado de la estatua se realizó el 2 de noviembre de 1551, y se sabe que Leone Leoni trabajaba aún en ella en diciembre de 1553.
En 1556, las dos esculturas, las de Felipe II y la de María de Hungría, fueron trasladadas a España al taller de su hijo Pompeo Leoni de Madrid, adonde se había trasladado para ultimar los encargos hechos por la familia imperial. Pompeo terminó esta escultura en 1564, realizando la basa, incluyedo la inscripción...
"Philippus Angliae Rex Caoli V F" (Felipe, rey de de Inglaterra, hijo de Carlos V).
En fin, si te fijas bien, querido Diario, el entonces príncipe Felipe tiene el bastón de mando en su mano izquierda y una espada en el lado derecho, que, por cierto, en la fotografía que te he puesto aquí al lado no se ve, pero el mango es la cabeza de un águila, símbolo del Imperio.
Continuo...
El Príncipe aparece vestido con un manto y una armadura romana inventada, pues nunca tuvo una armadura así. Su decoración es un poco heterogénea, por no decir caótica, ya que mezcla elementos cristianos y paganos, pero no parece que tenga una lógica iconográfica. Eso sí, tiene tanto detalle que certifica la excelencia de Leoni como un maestro orfebre.
Observa el peto... verás la figura de la Ascensión de la Virgen rodeada de nereidas y tritones entre roleos.
¿Que qué son nereidas, tritones y, sobre todo, roleos? Buena pregunta... las nereidas, en la mitología, eran ninfas que residían en el mar, jóvenes, hermosas, de medio cuerpo humano en la parte superior, y de peces en lo restante... es decir, lo que nosotros conocemos por sirenas.
Los tritones eran deidades marinas con figura de hombre desde la cabeza hasta la cintura, y de pez el resto... es decir, sirenos.
Y los roleos son adornos en forma de espiral... es decir... es decir... no se me ocurre nada... adornos en forma de espiral.
Y en la hombrera izquierda puso tres óvalos... uno con Las tres Gracias, otro con el dios Mercurio y otro con una figura femenina con un jarro en la mano.
Ahora, querido Diario, fíjate en el cinturón, que es muy curioso. Es de doble hilera... en la superior se alternan máscaras de carnero y motivos vegetales. Y en la inferior hay figuras mitológicas entre las que se distinguen, entre otros, Mercurio y Hércules.
Pero la "joya de la corona", lo que más me encanta de esta estatua y que me hace mucha gracia cada vez que las veo son... las sandalias. Tiene medallones con cabezas de leones y granadas. Pero la parte superior es lo más apoteósico... tiene unas cabezas de unos monstruos con sus bracitos y sus garras. ¡¡¡Me encantan!!! Soy así de sencillo.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Felipe II - 1551-1564 -, de Leone Leoni y Pompeo Leoni, que se puede contemplar en el Claustro de Jerónimos).
jueves, 24 de mayo de 2018
Querido Diario, 24 de mayo de 2018
Querido Diario:
Hace unos días, si bien recuerdo fue el 15 de mayo, te contaba que "mi misión principal es que al final del día las obras de arte que me han encomendado vigilar queden igual que cuando me las dieron, sin arañazos, golpes, chicles pegados, mocos,...", y una "cotilla" que te lee a hurtadillas, dicho con todo el cariño y respeto del mundo, me escribió preocupada porque no se creía que hubiese gente que pegase chicles o mocos en las obras de arte.
Lo de los mocos es ocasional y, lógicamente, no lo hacen aposta. Suele pasar cuando la gente estornuda delante de un cuadro y... bueno, ya me entiendes, querido Diario, que no quiero explayarme sobre el tema, que aunque me guste hablar de lo escatológico, ahora no es cuestión, jejeje.
Pero lo del chicle es cierto... y lo he vivido hace unas dos semanas.
Al volver de mi descanso la compañera que me relevaba me dijo...
-Ya he avisado a los Jefes de vigilantes, han venido y han tomando nota, pero, mira...
Y me señaló el chicle que habían dejado... mejor dicho, habían pegado en la escultura de Isabel II, velada, que esculpió Camillo Torreggiani en 1855, de la que te hablé el 16 de febrero.
Me quedé de piedra... como Isabel II. Me sentí mal, y al recordarlo me sigo sintiendo igual, porque seguramente ocurrió mientras yo vigilaba y no lo detecté. Y lo peor de todo es que por lo menos una visitante se dio cuenta, ya que fue la que informó a mi compañera.
Y ves, querido Diario... ya veis, queridos cotillas, estas cosas, aunque parezcan mentira, suceden.
Pero, bueno, aparte de lo del chicle, hoy ha sido un día curioso. Y es que creía que había visto toda clase de personas en el Museo, pero se ha añadido una más...
He visto sacerdotes con clériman; sacerdotes con sotana; religiosos franciscanos con sus hábitos, carmelitas, jesuitas; obispos; musulmanas con hiyab, que es el pañuelo en la cabeza; con chador que es una pieza de tela que cubre todo el cuerpo menos la cara; incluso con niqab, que cubre todo el cuerpo, dejando libre solo los ojos; Hare Krishnas; un samurai;...
Y hoy he visto... un monje budista. Era mayor, aunque no podría calcular su edad. Llevaba la cabeza afeitada y vestía con un pantalón pesquero, muy estrecho por los tobillos pero que se va haciendo ancho, y en el cuerpo una camisola que le llegaba más abajo de las rodillas, todo de color mostaza. Y llevaba un bolso, también color mostaza.
La verdad es que me ha parecido un personaje curioso.
En fin, hablando de religión y de esculturas, te voy a contar una anécdota que no me pasó a mí sino a mi compañero Jesús. Te pongo en antecedentes...
En una de las salas que me está tocando vigilar este mes hay una escultura que se titula Cristo yacente, y la esculpió Agapito Vallmitjana Barbany en el año 1872.
Pues estaba mi compañero vigilando la sala cuando vio que una señora mayor, de unos sesenta y cinco años, se acercó a los pies de Cristo y le empezó a dar besos...
-Señora, no se puede tocar la escultura.
-Ay, por Dios, que soy muy devota de Cristo y no me he podido resistir.
... mientras se persignaba una y otra vez.
-Ya, pero esto es un museo, no una iglesia.
-Sí, perdone, pero no me he podido resistir.
Pero lo peor de todo, querido Diario, no fue el beso sino... que había dejado marcas de carmín en la escultura. ¡¡¡AGHHH!!! Al final tuvo que llamar a nuestros jefes para que lo solucionaran.
En fin, yo he visto persignarse y hacer genuflexiones ante cuadros de Cristo y de la Virgen María, en el Museo, pero eso te lo contaré en otro momento.
Es más, he visto a una persona persignarse ante La fragua de Vulcano, de Velázquez, pero esa historia me la callaré para mí, jejeje.
Y hablando sobre esta escultura, Agapito Vallmitjana tenía una especial dedicación a la escultura religiosa. En esta obra plasmó la visión romántica de Cristo hombre... abandonado, rendido y trágico. Y dejó claro en esta escultura la serenidad clásica del tema y, sobre todo, su sensibilidad.
Aunque esta obra la esculpió en 1872, en 1869 realizó varios bocetos en terracota. Estos bocetos tienen si interés porque, según los entendido, descubren cómo trabajaba Vallmitjana, a la vez que se comprueba que el escultor decidió retirar casi totalmente los paños del sudario, ya que en los primeros bocetos cubrían casi todo el cuerpo del Cristo, haciendo un importante estudio de las telas. Y al quitar las telas, se concentró en el estudio del cuerpo humano.
¿Sabes? Lo curioso de esta escultura es el modelo con que contó Agapito... fue ni más ni menos que su buen amigo el pintor Eduardo Rosales, quien ya había posado para otras pinturas de similar tema para otros amigos. Debe ser que a Rosales le gustaba estar mucho tiempo tumbado, sin moverse... o quedarse dormido, que sería otra opción.
La escultura fue presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1876. Se consideró como "la obra más elevada de mérito artístico del Salón de Escultura", pero no ganó. Le concedieron el segundo premio.
¿Que por qué quedó el segundo siendo "la obra más elevada"? Pues tiene su por qué... el jurado consideró que "conseguir del público una primera impresión favorable es tal vez la principal condición de una buena obra de arte, pero carece del tipo verdadero de Jesús, según las tradiciones que hoy se tienen, pues su rostro, cabellera y formas del cuerpo deberían ser más graves y distinguidas".
Y tiene su lógica... Rosales, según los escritos de la época, era "un hombre guapo de porte refinado y, debido a su enfermedad, estaba muy delgado, con el rostro demacrado y una expresión melancólica y abstraída". Y Vallmitjana plasmó esa delgadez en la escultura de su Cristo yacente.
A simple vista no se aprecia, pero desde que leí esto me he pasado minutos, sin visitantes que vigilar, claro, analizando la escultura.
Primeramente hay que verla desde arriba... lo arriba que te dejen las catenarias, claro. Si miras la cabeza, es demasiado estrecha con respecto al cuello, que lo tiene muy ancho. Y los hombros acompañan a la cabeza, pero no al cuello. En general es un cuerpo muy estrecho, demasiado delgado, si se compara con la altura total del Cristo.
Es más, si lo miras desde la cabeza, se aprecian muy bien los huesos de la pelvis... muy marcados... extremadamente marcados... en fin, que el Cristo de Agapito Vallmitjana estaba "en los huesos"... como su modelo.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Cristo yacente - 1872 -, de Agapito Vallmitjana Barbany, que se puede contemplar en la sala 61B).
Hace unos días, si bien recuerdo fue el 15 de mayo, te contaba que "mi misión principal es que al final del día las obras de arte que me han encomendado vigilar queden igual que cuando me las dieron, sin arañazos, golpes, chicles pegados, mocos,...", y una "cotilla" que te lee a hurtadillas, dicho con todo el cariño y respeto del mundo, me escribió preocupada porque no se creía que hubiese gente que pegase chicles o mocos en las obras de arte.
Lo de los mocos es ocasional y, lógicamente, no lo hacen aposta. Suele pasar cuando la gente estornuda delante de un cuadro y... bueno, ya me entiendes, querido Diario, que no quiero explayarme sobre el tema, que aunque me guste hablar de lo escatológico, ahora no es cuestión, jejeje.
Pero lo del chicle es cierto... y lo he vivido hace unas dos semanas.
Al volver de mi descanso la compañera que me relevaba me dijo...
-Ya he avisado a los Jefes de vigilantes, han venido y han tomando nota, pero, mira...
Y me señaló el chicle que habían dejado... mejor dicho, habían pegado en la escultura de Isabel II, velada, que esculpió Camillo Torreggiani en 1855, de la que te hablé el 16 de febrero.
Me quedé de piedra... como Isabel II. Me sentí mal, y al recordarlo me sigo sintiendo igual, porque seguramente ocurrió mientras yo vigilaba y no lo detecté. Y lo peor de todo es que por lo menos una visitante se dio cuenta, ya que fue la que informó a mi compañera.
Y ves, querido Diario... ya veis, queridos cotillas, estas cosas, aunque parezcan mentira, suceden.
Pero, bueno, aparte de lo del chicle, hoy ha sido un día curioso. Y es que creía que había visto toda clase de personas en el Museo, pero se ha añadido una más...
He visto sacerdotes con clériman; sacerdotes con sotana; religiosos franciscanos con sus hábitos, carmelitas, jesuitas; obispos; musulmanas con hiyab, que es el pañuelo en la cabeza; con chador que es una pieza de tela que cubre todo el cuerpo menos la cara; incluso con niqab, que cubre todo el cuerpo, dejando libre solo los ojos; Hare Krishnas; un samurai;...
Y hoy he visto... un monje budista. Era mayor, aunque no podría calcular su edad. Llevaba la cabeza afeitada y vestía con un pantalón pesquero, muy estrecho por los tobillos pero que se va haciendo ancho, y en el cuerpo una camisola que le llegaba más abajo de las rodillas, todo de color mostaza. Y llevaba un bolso, también color mostaza.
La verdad es que me ha parecido un personaje curioso.
En fin, hablando de religión y de esculturas, te voy a contar una anécdota que no me pasó a mí sino a mi compañero Jesús. Te pongo en antecedentes...
En una de las salas que me está tocando vigilar este mes hay una escultura que se titula Cristo yacente, y la esculpió Agapito Vallmitjana Barbany en el año 1872.
Pues estaba mi compañero vigilando la sala cuando vio que una señora mayor, de unos sesenta y cinco años, se acercó a los pies de Cristo y le empezó a dar besos...
-Señora, no se puede tocar la escultura.
-Ay, por Dios, que soy muy devota de Cristo y no me he podido resistir.
... mientras se persignaba una y otra vez.
-Ya, pero esto es un museo, no una iglesia.
-Sí, perdone, pero no me he podido resistir.
Pero lo peor de todo, querido Diario, no fue el beso sino... que había dejado marcas de carmín en la escultura. ¡¡¡AGHHH!!! Al final tuvo que llamar a nuestros jefes para que lo solucionaran.
En fin, yo he visto persignarse y hacer genuflexiones ante cuadros de Cristo y de la Virgen María, en el Museo, pero eso te lo contaré en otro momento.
Es más, he visto a una persona persignarse ante La fragua de Vulcano, de Velázquez, pero esa historia me la callaré para mí, jejeje.
Y hablando sobre esta escultura, Agapito Vallmitjana tenía una especial dedicación a la escultura religiosa. En esta obra plasmó la visión romántica de Cristo hombre... abandonado, rendido y trágico. Y dejó claro en esta escultura la serenidad clásica del tema y, sobre todo, su sensibilidad.
Aunque esta obra la esculpió en 1872, en 1869 realizó varios bocetos en terracota. Estos bocetos tienen si interés porque, según los entendido, descubren cómo trabajaba Vallmitjana, a la vez que se comprueba que el escultor decidió retirar casi totalmente los paños del sudario, ya que en los primeros bocetos cubrían casi todo el cuerpo del Cristo, haciendo un importante estudio de las telas. Y al quitar las telas, se concentró en el estudio del cuerpo humano.
¿Sabes? Lo curioso de esta escultura es el modelo con que contó Agapito... fue ni más ni menos que su buen amigo el pintor Eduardo Rosales, quien ya había posado para otras pinturas de similar tema para otros amigos. Debe ser que a Rosales le gustaba estar mucho tiempo tumbado, sin moverse... o quedarse dormido, que sería otra opción.
La escultura fue presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1876. Se consideró como "la obra más elevada de mérito artístico del Salón de Escultura", pero no ganó. Le concedieron el segundo premio.
¿Que por qué quedó el segundo siendo "la obra más elevada"? Pues tiene su por qué... el jurado consideró que "conseguir del público una primera impresión favorable es tal vez la principal condición de una buena obra de arte, pero carece del tipo verdadero de Jesús, según las tradiciones que hoy se tienen, pues su rostro, cabellera y formas del cuerpo deberían ser más graves y distinguidas".
Y tiene su lógica... Rosales, según los escritos de la época, era "un hombre guapo de porte refinado y, debido a su enfermedad, estaba muy delgado, con el rostro demacrado y una expresión melancólica y abstraída". Y Vallmitjana plasmó esa delgadez en la escultura de su Cristo yacente.
A simple vista no se aprecia, pero desde que leí esto me he pasado minutos, sin visitantes que vigilar, claro, analizando la escultura.
Primeramente hay que verla desde arriba... lo arriba que te dejen las catenarias, claro. Si miras la cabeza, es demasiado estrecha con respecto al cuello, que lo tiene muy ancho. Y los hombros acompañan a la cabeza, pero no al cuello. En general es un cuerpo muy estrecho, demasiado delgado, si se compara con la altura total del Cristo.
Es más, si lo miras desde la cabeza, se aprecian muy bien los huesos de la pelvis... muy marcados... extremadamente marcados... en fin, que el Cristo de Agapito Vallmitjana estaba "en los huesos"... como su modelo.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Cristo yacente - 1872 -, de Agapito Vallmitjana Barbany, que se puede contemplar en la sala 61B).
viernes, 16 de febrero de 2018
Querido Diario, 16 de febrero de 2018
Querido Diario:
Hace varios días que no te escribo, pero es porque llego a casa muy cansado y no tengo ganas ni de respirar. Solo me apetece despanzurrarme en el sillón y no hacer nada. Pero, bueno, hoy he librado y creo que te debo unas palabras.
Recuerdo que hace unos días me tocó vigilar unas salas del siglo XIX... Rosales, Federico de Madrazo y el Romanticismo.
Y estando en la sala del Romanticismo tuve una conversación de lo más absurda. Bueno, antes de nada te tengo que decir, querido Diario, que en esta sala hay una escultura espectacular. Se titula Isabel II, velada y la talló Camillo Torreggiani en 1855. Y como su nombre indica, es la efigie de la reina Isabel II, con la cara tapada por una tela.
Bueno, volviendo a la conversación absurda, fue así...
-¿Le puedo hacer una pregunta?
-Sí, claro.
-¿Qué clase de tela es? ¿Tisú?
-No, no. Es mármol.
-No, no. Eso es tela.
-Que no, de verdad. Es mármol que simula que es tela.
-No puede ser. Es tela. Se ve perfectamente.
-Mire, aquí lo pone... Mármol de Carrara.
-Eso está mal. Es una clase de tela.
No pude más... me di media vuelta y me marché.
Pero yo no soy el único que tiene conversaciones absurdas con los visitantes. Un compañero y amigo, Álvaro, me comentó otra...
-Perdone, ¿sabe dónde está El Greco?
-Sí, tiene que ir por esta galería y gire a la derecha hacia la primera puerta que vea.
En ese momento se le acerca otro visitante.
-Yo tengo la misma pregunta.
-Qué dónde está El Greco.
-No, no. Yo soy italiano. ¿Dónde está la salida?
Sin comentarios.
Pero no solo tenemos conversaciones absurdas, sino que incluso tenemos que ser intérpretes de lo que nos quieren preguntar. Otra compañera, Ana, me comentó la suya con una señora...
-¿Sabe dónde está Munich?
Lo suyo hubiese sido contestarle que está en el estado de Baviera, en Alemania. Pero como Ana es lista decidió intuir que le preguntaba otra cosa...
-No tenemos nada de "Munich".
-¿No tienen El Grito, de Munich?
-No, no tenemos El Grito, de Edvard Munch. Está en Oslo.
Y por lo visto la buena mujer se marchó indignada. Menos mal que "sabemos idiomas"... o somos medio brujos y adivinamos los pensamientos de los visitantes.
Pero, en fin, volviendo a nuestra Isabel II, velada, la escultura de "tela dura" según el visitante, también conocida como "mármol", te tengo que contar, querido Diario, que a la gente que la ve se le escapa...
-¡¡¡Qué pasada!!!
O...
-¡¡¡Guau!!!
O...
-Genial. Solo puedo decir dos palabras... im presionante.
Y tienen más razón que un santo.
¿Sabes, querido Diario? Sobre el escultor te tengo que decir que Camillo Torreggiani se especializó en retratos de busto y realizó su trabajo sobre todo en Florencia y Ferrara, por tanto era poco conocido en la Corte de Madrid. Así que, al ponernos delante de nuestra Isabel II, velada, estamos ante un alarde técnico que el escultor italiano quiso hacer para impresionar a la reina y obtener así su reconocimiento.
Y fue tal fue el éxito que tuvo, que cuando se habla de la biografía del escultor italiano Camillo Torreggiani siempre sale esta obra a relucir.
Como puedes comprobar, es una escultura que rompe completamente con los bustos "oficiales". Torreggiani esculpió un retrato de la reina, cuyo rostro aparece tapado con una gasa, velado.
No se sabe muy bien, pero ser cree que quizá el escultor quiso representar una alegoría de la Reina como máxima garante de la virtud y de la fe en España. Lo que sí se sabe es que lo que más le interesaba era demostrar su capacidad técnica... y lo consiguió.
Porque, hay que reconocerlo, espectacular es un rato.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Isabel II, velada - 1855 -, de Camillo Torreggiani).
Hace varios días que no te escribo, pero es porque llego a casa muy cansado y no tengo ganas ni de respirar. Solo me apetece despanzurrarme en el sillón y no hacer nada. Pero, bueno, hoy he librado y creo que te debo unas palabras.
Recuerdo que hace unos días me tocó vigilar unas salas del siglo XIX... Rosales, Federico de Madrazo y el Romanticismo.
Y estando en la sala del Romanticismo tuve una conversación de lo más absurda. Bueno, antes de nada te tengo que decir, querido Diario, que en esta sala hay una escultura espectacular. Se titula Isabel II, velada y la talló Camillo Torreggiani en 1855. Y como su nombre indica, es la efigie de la reina Isabel II, con la cara tapada por una tela.
Bueno, volviendo a la conversación absurda, fue así...
-¿Le puedo hacer una pregunta?
-Sí, claro.
-¿Qué clase de tela es? ¿Tisú?
-No, no. Es mármol.
-No, no. Eso es tela.
-Que no, de verdad. Es mármol que simula que es tela.
-No puede ser. Es tela. Se ve perfectamente.
-Mire, aquí lo pone... Mármol de Carrara.
-Eso está mal. Es una clase de tela.
No pude más... me di media vuelta y me marché.
Pero yo no soy el único que tiene conversaciones absurdas con los visitantes. Un compañero y amigo, Álvaro, me comentó otra...
-Perdone, ¿sabe dónde está El Greco?
-Sí, tiene que ir por esta galería y gire a la derecha hacia la primera puerta que vea.
En ese momento se le acerca otro visitante.
-Yo tengo la misma pregunta.
-Qué dónde está El Greco.
-No, no. Yo soy italiano. ¿Dónde está la salida?
Sin comentarios.
Pero no solo tenemos conversaciones absurdas, sino que incluso tenemos que ser intérpretes de lo que nos quieren preguntar. Otra compañera, Ana, me comentó la suya con una señora...
-¿Sabe dónde está Munich?
Lo suyo hubiese sido contestarle que está en el estado de Baviera, en Alemania. Pero como Ana es lista decidió intuir que le preguntaba otra cosa...
-No tenemos nada de "Munich".
-¿No tienen El Grito, de Munich?
-No, no tenemos El Grito, de Edvard Munch. Está en Oslo.
Y por lo visto la buena mujer se marchó indignada. Menos mal que "sabemos idiomas"... o somos medio brujos y adivinamos los pensamientos de los visitantes.
Pero, en fin, volviendo a nuestra Isabel II, velada, la escultura de "tela dura" según el visitante, también conocida como "mármol", te tengo que contar, querido Diario, que a la gente que la ve se le escapa...
-¡¡¡Qué pasada!!!
O...
-¡¡¡Guau!!!
O...
-Genial. Solo puedo decir dos palabras... im presionante.
Y tienen más razón que un santo.
¿Sabes, querido Diario? Sobre el escultor te tengo que decir que Camillo Torreggiani se especializó en retratos de busto y realizó su trabajo sobre todo en Florencia y Ferrara, por tanto era poco conocido en la Corte de Madrid. Así que, al ponernos delante de nuestra Isabel II, velada, estamos ante un alarde técnico que el escultor italiano quiso hacer para impresionar a la reina y obtener así su reconocimiento.
Y fue tal fue el éxito que tuvo, que cuando se habla de la biografía del escultor italiano Camillo Torreggiani siempre sale esta obra a relucir.
Como puedes comprobar, es una escultura que rompe completamente con los bustos "oficiales". Torreggiani esculpió un retrato de la reina, cuyo rostro aparece tapado con una gasa, velado.
No se sabe muy bien, pero ser cree que quizá el escultor quiso representar una alegoría de la Reina como máxima garante de la virtud y de la fe en España. Lo que sí se sabe es que lo que más le interesaba era demostrar su capacidad técnica... y lo consiguió.
Porque, hay que reconocerlo, espectacular es un rato.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Isabel II, velada - 1855 -, de Camillo Torreggiani).
jueves, 25 de enero de 2018
Querido Diario, 25 de enero de 2018
Querido Diario:
Hoy me han pasado dos cosas con el tema de las fotografías que no sé cómo calificarlo. El protagonista de la primera ha sido un hombre de unos cuarenta años, que estaba haciendo una fotografía con su móvil y me acerco...
-Perdone, pero le informo que no se puede hacer fotografías.
-Ah, no te vi.
Vamos a ver, primero, me ha hablado de "tu" cuando yo, por respeto al no conocerle, le ha hablado de "usted". Pero como eso ya no se estila, pues lo dejaré pasar. Pero por lo que no paso es que me dijera que hizo la fotografía porque no me vio, no porque estuviera prohibido. Eso da a entender que sabía la norma perfectamente, pero la cuestión es si te pilla el vigilante o no. Mal empezamos.
Pero lo que me repatea es lo que me ha pasado después. Un joven de unos veinticinco años haciendo una fotografía...
-Perdone, pero no se pueden hacer fotografías.
-Ya, ya.
Y se marchó tan tranquilo.
¿Cómo que ya, ya? Lo sabes y pasas de las normas... y, lo que es peor, de mí. Pues me toca las narices. Me puse a su lado y "le acompañé" hasta la salida de mis salas.
En fin, ya te lo he contado, querido Diario, y ya se me ha olvidado. Es lo bueno que tiene este trabajo, que no te lo llevas a casa.
Bueno, cambiando de tema, te tengo que decir, querido Diario, que no solo tenemos que saber todos los idiomas de los visitantes, según ellos, claro, sino que además tenemos que interpretar lo que nos dicen en su "perfecto" español.
Hoy un compañero, Javier, me ha comentado que le han preguntado...
-El saltimbanqui de Velázquez, ¿dónde está?
Y, claro, él se ha quedado a cuadros, nunca mejor dicho, como yo cuando me lo ha contado. Pensando, pensando, ha llegado a la conclusión que se habían confundido...
-¿No podría ser el cuadro Los zancos, de Goya? ¿O El pelele, también de Goya?
-Pues ahora que lo dice, puede que sea El pelele ese.
Caso resuelto.
Pero un caso que no sé si resolví bien yo, fue que hoy una chica americana, de unos veinte años, me ha preguntado en "perfecto" español...
-¿Un círculo... rojo... con esculturas?
Me he sonreído, y ella también, pues ha comprendido que lo que ha dicho no tenía ni pies ni cabeza... pero yo sí le he entendido.
-It's the room of the Muses. In that circular room, to the right. (Es la sala de las Musas. En esa sala redonda, a la derecha).
Si ella ha hecho el esfuerzo de hablar en español... en "su" español... olé, yo le debía corresponder y hablar en inglés... en "mi" inglés, que no sé si lo he dicho bien o no.
Y hablando de la Sala de las Musas, te tengo que decir, querido Diario, que está en una sala que no es circular, como me ha dicho la buena moza, sino que es absidal, es decir, que es casi rectangular, con tres de su lados rectos, pero cuarto lado es semicircular.
¡Ah! Y las paredes de esta Sala de las Musas son de color rojo... de un rojo chillón.
Y esta sala se llama así porque en el lado semicircular hay ocho esculturas que representan las Musas del arte. Estas eran hijas de Zeus y de Mnemosine y solían cantar juntas a los dioses del Olimpo con unas voces espectaculares. También proporcionaban inspiración divina a los poetas y a las sibilas, que eran las profetisas, las mujeres a las que se le atribuían la facultad de predecir el futuro.
Y a partir del siglo I antes de Cristo se las empezaron a relacionar cada una de las musas con un arte específico. Tenían su culto en el Museion de la Biblioteca de Alejandría. De ahí viene el término de "museo".
Ya lo sé, querido Diario. El "Museion" era la estancia del Palacio Real de Alejandría dedicado a las Musas donde los poetas, escritores y científicos vivían y trabajaban, inspirados por ellas.
Pues estas ocho esculturas de mármol se encontraron hacia el año 1500 en el escenario del Teatro de la Academia, también llamado Odeón, de la Villa de Adriana de Tívoli, una localidad que está al noreste de Roma.
Se esculpieron a finales del reinado de Adriano, entre los años 130 a 150 después de Cristo, y son de dos talleres romanos que reproducían modelos griegos del siglo II antes de Cristo.
La reina Cristina de Suecia las compró hacia el 1670 y las expuso en su palacio romano. Luego las compró el rey Felipe V y llegaron al Palacio de La Granja de San Ildefonso en el año 1725.
Como te he dicho, querido Diario, las Musas están colocadas en semicírculo en el "círculo rojo con esculturas" del Museo del Prado.
¡Ah! Antes que se me olvide, las Musas eran nueve, pero solo se encontraron ocho esculturas. Por eso, una tiene dos nombres, pues se duda a quién representa, aunque es casi seguro que es a Talía, la Musa de la Comedia.
De izquierda a derecha, son...
1.- Clío, la Musa de la Historia
2.- Terpsícore, la Musa de la Lírica y la Danza
3.- Calíope, la Musa de le Épica
4.- Urania, la Musa de la Astronomía
5.- Erato, la Musa de la Lírica Coral
6.- Melpómene, la Musa de la Tragedia o Talía, la Musa de la Comedia
7.- Polimnia, la Musa de la Pantomima y la Geometría
8.- Euterpe, la Musa de la Música de flauta.
Te he puesto a un lado, querido Diario, las fotografías de las Musas, por orden, las cuatro primeras en la parte superior, y las otras cuatro, en la parte inferior.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de las esculturas Musas - 130-150 -, de escultor anónimo, que se puede contemplar en la Sala de las Musas).
Hoy me han pasado dos cosas con el tema de las fotografías que no sé cómo calificarlo. El protagonista de la primera ha sido un hombre de unos cuarenta años, que estaba haciendo una fotografía con su móvil y me acerco...
-Perdone, pero le informo que no se puede hacer fotografías.
-Ah, no te vi.
Vamos a ver, primero, me ha hablado de "tu" cuando yo, por respeto al no conocerle, le ha hablado de "usted". Pero como eso ya no se estila, pues lo dejaré pasar. Pero por lo que no paso es que me dijera que hizo la fotografía porque no me vio, no porque estuviera prohibido. Eso da a entender que sabía la norma perfectamente, pero la cuestión es si te pilla el vigilante o no. Mal empezamos.
Pero lo que me repatea es lo que me ha pasado después. Un joven de unos veinticinco años haciendo una fotografía...
-Perdone, pero no se pueden hacer fotografías.
-Ya, ya.
Y se marchó tan tranquilo.
¿Cómo que ya, ya? Lo sabes y pasas de las normas... y, lo que es peor, de mí. Pues me toca las narices. Me puse a su lado y "le acompañé" hasta la salida de mis salas.
En fin, ya te lo he contado, querido Diario, y ya se me ha olvidado. Es lo bueno que tiene este trabajo, que no te lo llevas a casa.
Bueno, cambiando de tema, te tengo que decir, querido Diario, que no solo tenemos que saber todos los idiomas de los visitantes, según ellos, claro, sino que además tenemos que interpretar lo que nos dicen en su "perfecto" español.
Hoy un compañero, Javier, me ha comentado que le han preguntado...
-El saltimbanqui de Velázquez, ¿dónde está?
Y, claro, él se ha quedado a cuadros, nunca mejor dicho, como yo cuando me lo ha contado. Pensando, pensando, ha llegado a la conclusión que se habían confundido...
-¿No podría ser el cuadro Los zancos, de Goya? ¿O El pelele, también de Goya?
-Pues ahora que lo dice, puede que sea El pelele ese.
Caso resuelto.
Pero un caso que no sé si resolví bien yo, fue que hoy una chica americana, de unos veinte años, me ha preguntado en "perfecto" español...
-¿Un círculo... rojo... con esculturas?
Me he sonreído, y ella también, pues ha comprendido que lo que ha dicho no tenía ni pies ni cabeza... pero yo sí le he entendido.
-It's the room of the Muses. In that circular room, to the right. (Es la sala de las Musas. En esa sala redonda, a la derecha).
Si ella ha hecho el esfuerzo de hablar en español... en "su" español... olé, yo le debía corresponder y hablar en inglés... en "mi" inglés, que no sé si lo he dicho bien o no.
Y hablando de la Sala de las Musas, te tengo que decir, querido Diario, que está en una sala que no es circular, como me ha dicho la buena moza, sino que es absidal, es decir, que es casi rectangular, con tres de su lados rectos, pero cuarto lado es semicircular.
¡Ah! Y las paredes de esta Sala de las Musas son de color rojo... de un rojo chillón.
Y esta sala se llama así porque en el lado semicircular hay ocho esculturas que representan las Musas del arte. Estas eran hijas de Zeus y de Mnemosine y solían cantar juntas a los dioses del Olimpo con unas voces espectaculares. También proporcionaban inspiración divina a los poetas y a las sibilas, que eran las profetisas, las mujeres a las que se le atribuían la facultad de predecir el futuro.
Y a partir del siglo I antes de Cristo se las empezaron a relacionar cada una de las musas con un arte específico. Tenían su culto en el Museion de la Biblioteca de Alejandría. De ahí viene el término de "museo".
Ya lo sé, querido Diario. El "Museion" era la estancia del Palacio Real de Alejandría dedicado a las Musas donde los poetas, escritores y científicos vivían y trabajaban, inspirados por ellas.
Pues estas ocho esculturas de mármol se encontraron hacia el año 1500 en el escenario del Teatro de la Academia, también llamado Odeón, de la Villa de Adriana de Tívoli, una localidad que está al noreste de Roma.
Se esculpieron a finales del reinado de Adriano, entre los años 130 a 150 después de Cristo, y son de dos talleres romanos que reproducían modelos griegos del siglo II antes de Cristo.
La reina Cristina de Suecia las compró hacia el 1670 y las expuso en su palacio romano. Luego las compró el rey Felipe V y llegaron al Palacio de La Granja de San Ildefonso en el año 1725.
Como te he dicho, querido Diario, las Musas están colocadas en semicírculo en el "círculo rojo con esculturas" del Museo del Prado.
¡Ah! Antes que se me olvide, las Musas eran nueve, pero solo se encontraron ocho esculturas. Por eso, una tiene dos nombres, pues se duda a quién representa, aunque es casi seguro que es a Talía, la Musa de la Comedia.
De izquierda a derecha, son...
1.- Clío, la Musa de la Historia
2.- Terpsícore, la Musa de la Lírica y la Danza
3.- Calíope, la Musa de le Épica
4.- Urania, la Musa de la Astronomía
5.- Erato, la Musa de la Lírica Coral
6.- Melpómene, la Musa de la Tragedia o Talía, la Musa de la Comedia
7.- Polimnia, la Musa de la Pantomima y la Geometría
8.- Euterpe, la Musa de la Música de flauta.
Te he puesto a un lado, querido Diario, las fotografías de las Musas, por orden, las cuatro primeras en la parte superior, y las otras cuatro, en la parte inferior.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de las esculturas Musas - 130-150 -, de escultor anónimo, que se puede contemplar en la Sala de las Musas).
viernes, 12 de enero de 2018
Querido Diario, 12 de enero de 2018
Querido Diario:
Hoy me han tocado dos veces el culo... bueno, a mí no, sino a Marte, el dios Marte del conjunto escultórico Venus y Marte, que se esculpió entre los años 1820 y 1830 por alguien del círculo de Antonio Canova.
Es que, tiene un culo tan respingón, tan prominente. El de Venus es muy normalucho, pero del de Marte... que te dan ganas de darle un cachete. ¡¡¡No!!! Un cachetón.
Pero, eso... ¡¡¡No!!! No se pueden tocar las esculturas. Una cosa son las bromas, y otra cosa es la lógica y la realidad.
Y es que hay cosas que no entiendo... la normativa lógica de cualquier museo, sea el que sea, dice que durante la visita, no está permitido tocar las obras de arte. ¿Tan complicado es de entender, querido Diario? No me vale que me digan...
-Es que no lo sabía.
A ver, no se dice porque se supone que se sabe. Es más, lo normal es que, si se puede tocar, pongan carteles permitiéndolo. De lo contrario, si no hay carteles, es porque no se permite tocar las obras de arte.
Es más, nunca he entendido por qué en las salas del Museo específicas de esculturas nadie toca las obras expuestas, pero en mi sala, no hay escultura que no se haya tocado. Parece que tienen unos imanes que atraen las manos de los visitantes. Y el por qué de este tema se me escapa de mis pobres entendederas.
Pero, en fin, hay que reconocer que hoy Marte ha triunfado.
Y no solo le han tocado el culo una vez, sino dos. La primera ha sido una joven de unos 20 años que le ha tocado con la punta del dedo índice, pero parece como si le hubiese dado calambre, porque lo ha retirado rápidamente.
Pero la segunda vez ha sido más descarada. Una mujer más mayor, de unos 35 años, se ha recreado. Le ha tocado con toda la palma de la mano e incluso le ha apretado el carrillo, a ver si estaba blandito. Pero si es de mármol, buena señora. El culo lo tiene apretado, duro como una piedra.
Y es que hoy Marte ha triunfado.
Una chica rubia, de unos 18 años, con una mata de pelo larguísima, se ha puesto delante de la escultura a repeinarse, echándose todo el pelo a un lado, por encima del hombro derecho... con la cámara del móvil encendida. Y, blanco y en botella...
-Ésta quiere hacerse un selfie.
Yo he ido lentamente porque una fotografía a una escultura no hace daño a nadie, a ver si cuando llegase a avisarle que no se puede hacer fotografías, ya se la había hecho. Y en vez de hacerse un selfie rápidamente, se acerca a otra visitante, que por cierto no conocía, y le pide que le saque una foto al lado de la escultura. Y, claro, con esa pérdida de tiempo, he llegado y no le he dejado hacérsela. Buena moza, si hubieses sido más rápida...
Y es que hoy Marte ha triunfado.
Estaba yo bastante alejado de esa escultura cuando veo a una pareja, con un carrito de niño pequeño al lado, "dándose el lote" delante de Venus y Marte. Bueno, he pensado que esta noche irían a por el hermanito, pero que tenía que ir a decirles que, aunque el amor es muy bonito, puede que fuese el momento, pero no era el lugar más adecuado para quererse. Y mientras me voy acercando lentamente, para darles algo de tiempo e intimidad, la intimidad que les puede dar un museo, claro, veo que el carrito estaba vacío y que el niño, de unos dos añitos, estaba jugando con las cuerdas de la catenaria de separación y tomándose un biberón él solo. Al momento he salido corriendo...
-Perdonen, pero el niño no puede estar solo.
-Si no está solo.
-Bueno, vale... pero por normativa no se puede comer ni beber en las salas. Pero como es un bebé, se le permite tomar el biberón siempre que esté sentado y controlado por un adulto.
-Dame el biberón, cariño, que este señor no te deja tomarlo.
Sin pensármelo, he respirado hondo y me he dado media vuelta para no contestarle, porque seguro que me hubiesen puesto una reclamación por haberle contestado de malos modales... con muy malos modales, que era lo que se merecía la madre. Pero, bueno, intento ser profesional y no discutir... es que, aunque parezca que no, somos la imagen del Museo.
Y es que hoy Marte ha triunfado.
Porque mientras tanto, mientras pasaban tantas cosas, un dibujante se ha pasado más de dos horas y media dibujando a lápiz, en un cuaderno, a nuestros Venus y Marte. Eso se llama paciencia y amor por el arte.
En fin, esta escultura de mármol de Carrara mide 2,33 metros de altura y 1,25 metros en su parte más ancha.
Representa a Venus, la diosa del amor y de la belleza, que lleva una ligera túnica, y que, aunque estaba casada con Vulcano, ofrece su verdadero amor a su querido Marte, el dios de la guerra, que, por cierto, solo va tocado con un casco y tapado con una pequeña hoja de parra.
Como puedes intuir, querido Diario, es una alegoría en la que Venus, diosa del amor, diosa de la paz, intenta retener al dios Marte a base de sugerentes miradas y atrayéndole hacia ella, para que no se fuera a la guerra.
Esta escultura es una copia de un original de Antonio Canova, que había sido encargada por el rey de Inglaterra Jorge IV en 1815, y que se conserva en el palacio de Buckingham, en Londres, más concretamente en la llamada Escalera de Ministros en la planta baja al final del Vestíbulo de Mármol, que da acceso a los salones privados.
Lo que no sé si el culo de Marte de Buckingham tiene el mismo éxito que el de Marte de El Prado.
Y es que Marte tiene un culo tan respingón, que te dan ganas de darle un cachetón, jejeje.
¡Ah! Cambiando de tema, antes que se me olvide, querido Diario... hoy ha sido la primera vez en mi vida que he visto en el Museo del Prado a un Hare Krisna. He alucinado. Entiendo que, por qué no pueden ir, claro,... pero reconozco que me ha parecido extraño.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Venus y Marte - 1820-1830 -, del Círculo de Antonio Canova, que se puede contemplar en la sala 75).
Hoy me han tocado dos veces el culo... bueno, a mí no, sino a Marte, el dios Marte del conjunto escultórico Venus y Marte, que se esculpió entre los años 1820 y 1830 por alguien del círculo de Antonio Canova.
Es que, tiene un culo tan respingón, tan prominente. El de Venus es muy normalucho, pero del de Marte... que te dan ganas de darle un cachete. ¡¡¡No!!! Un cachetón.
Pero, eso... ¡¡¡No!!! No se pueden tocar las esculturas. Una cosa son las bromas, y otra cosa es la lógica y la realidad.
Y es que hay cosas que no entiendo... la normativa lógica de cualquier museo, sea el que sea, dice que durante la visita, no está permitido tocar las obras de arte. ¿Tan complicado es de entender, querido Diario? No me vale que me digan...
-Es que no lo sabía.
A ver, no se dice porque se supone que se sabe. Es más, lo normal es que, si se puede tocar, pongan carteles permitiéndolo. De lo contrario, si no hay carteles, es porque no se permite tocar las obras de arte.
Es más, nunca he entendido por qué en las salas del Museo específicas de esculturas nadie toca las obras expuestas, pero en mi sala, no hay escultura que no se haya tocado. Parece que tienen unos imanes que atraen las manos de los visitantes. Y el por qué de este tema se me escapa de mis pobres entendederas.
Pero, en fin, hay que reconocer que hoy Marte ha triunfado.
Y no solo le han tocado el culo una vez, sino dos. La primera ha sido una joven de unos 20 años que le ha tocado con la punta del dedo índice, pero parece como si le hubiese dado calambre, porque lo ha retirado rápidamente.
Pero la segunda vez ha sido más descarada. Una mujer más mayor, de unos 35 años, se ha recreado. Le ha tocado con toda la palma de la mano e incluso le ha apretado el carrillo, a ver si estaba blandito. Pero si es de mármol, buena señora. El culo lo tiene apretado, duro como una piedra.
Y es que hoy Marte ha triunfado.
Una chica rubia, de unos 18 años, con una mata de pelo larguísima, se ha puesto delante de la escultura a repeinarse, echándose todo el pelo a un lado, por encima del hombro derecho... con la cámara del móvil encendida. Y, blanco y en botella...
-Ésta quiere hacerse un selfie.
Yo he ido lentamente porque una fotografía a una escultura no hace daño a nadie, a ver si cuando llegase a avisarle que no se puede hacer fotografías, ya se la había hecho. Y en vez de hacerse un selfie rápidamente, se acerca a otra visitante, que por cierto no conocía, y le pide que le saque una foto al lado de la escultura. Y, claro, con esa pérdida de tiempo, he llegado y no le he dejado hacérsela. Buena moza, si hubieses sido más rápida...
Y es que hoy Marte ha triunfado.
Estaba yo bastante alejado de esa escultura cuando veo a una pareja, con un carrito de niño pequeño al lado, "dándose el lote" delante de Venus y Marte. Bueno, he pensado que esta noche irían a por el hermanito, pero que tenía que ir a decirles que, aunque el amor es muy bonito, puede que fuese el momento, pero no era el lugar más adecuado para quererse. Y mientras me voy acercando lentamente, para darles algo de tiempo e intimidad, la intimidad que les puede dar un museo, claro, veo que el carrito estaba vacío y que el niño, de unos dos añitos, estaba jugando con las cuerdas de la catenaria de separación y tomándose un biberón él solo. Al momento he salido corriendo...
-Perdonen, pero el niño no puede estar solo.
-Si no está solo.
-Bueno, vale... pero por normativa no se puede comer ni beber en las salas. Pero como es un bebé, se le permite tomar el biberón siempre que esté sentado y controlado por un adulto.
-Dame el biberón, cariño, que este señor no te deja tomarlo.
Sin pensármelo, he respirado hondo y me he dado media vuelta para no contestarle, porque seguro que me hubiesen puesto una reclamación por haberle contestado de malos modales... con muy malos modales, que era lo que se merecía la madre. Pero, bueno, intento ser profesional y no discutir... es que, aunque parezca que no, somos la imagen del Museo.
Y es que hoy Marte ha triunfado.
Porque mientras tanto, mientras pasaban tantas cosas, un dibujante se ha pasado más de dos horas y media dibujando a lápiz, en un cuaderno, a nuestros Venus y Marte. Eso se llama paciencia y amor por el arte.
En fin, esta escultura de mármol de Carrara mide 2,33 metros de altura y 1,25 metros en su parte más ancha.
Representa a Venus, la diosa del amor y de la belleza, que lleva una ligera túnica, y que, aunque estaba casada con Vulcano, ofrece su verdadero amor a su querido Marte, el dios de la guerra, que, por cierto, solo va tocado con un casco y tapado con una pequeña hoja de parra.
Como puedes intuir, querido Diario, es una alegoría en la que Venus, diosa del amor, diosa de la paz, intenta retener al dios Marte a base de sugerentes miradas y atrayéndole hacia ella, para que no se fuera a la guerra.
Esta escultura es una copia de un original de Antonio Canova, que había sido encargada por el rey de Inglaterra Jorge IV en 1815, y que se conserva en el palacio de Buckingham, en Londres, más concretamente en la llamada Escalera de Ministros en la planta baja al final del Vestíbulo de Mármol, que da acceso a los salones privados.
Lo que no sé si el culo de Marte de Buckingham tiene el mismo éxito que el de Marte de El Prado.
Y es que Marte tiene un culo tan respingón, que te dan ganas de darle un cachetón, jejeje.
¡Ah! Cambiando de tema, antes que se me olvide, querido Diario... hoy ha sido la primera vez en mi vida que he visto en el Museo del Prado a un Hare Krisna. He alucinado. Entiendo que, por qué no pueden ir, claro,... pero reconozco que me ha parecido extraño.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Venus y Marte - 1820-1830 -, del Círculo de Antonio Canova, que se puede contemplar en la sala 75).
sábado, 9 de diciembre de 2017
Querido Diario, 9 de diciembre de 2017
Querido Diario:
Hoy ya puedo decir que estoy de vacaciones. Pero no te preocupes porque no me voy a olvidar de ti. Lógicamente no podré contarte lo que me ha sucedido en el día, pero sí tengo muchos recuerdos anotados para ir contándotelos poco a poco.
Por ejemplo, recuerdo que hace varios días llegué cansadísimo a casa y, la verdad, no me apetecía nada escribir. Soy así de sincero.
¿Que por qué llegué cansadísimo? Pues simplemente porque me tocó de relevos, que ya te expliqué lo que eran el 2 de diciembre. Pues esta vez me tocó vigilar diecisiete salas... pero no todas a la vez, que uno puede ser bueno, pero no para tanto, jejeje.
Y entre tantas, me tocaron vigilar las de El Greco. Y estando en ellas, un señor, después de recorrer las salas, se me acercó.
-¿El Greco?
-Buenas tardes, los cuadros de El Greco están en estas tres salas.
En fin, seguramente le habrían dicho que fuera a ver a este pintor sin conocerle de nada. Porque hay que reconocer que El Greco tiene una pintura muy peculiar, como para no saber qué pinturas son suyas y cuáles no.
También te tengo que decir, querido Diario, que el Museo entrega gratuitamente unos planos para que la gente se oriente. Pero, ¿verdaderamente se orientan? Vale, entiendo que yo he estudiado delineación e interpreto los planos con mucha facilidad. Pero, una cosa es una cosa y otra cosa es otra. Es que, estando en las salas de El Greco se me acercó una chica de veintitantos años largos con el plano en la mano.
-Perdone, ¿El caballero de la mano en el pecho?
-En el plano que tiene pone que está en la sala 8B. Es esa.
-¿Y La Adoración de los pastores?
-Aquí pone que está en la sala 10B. Es aquella.
-¿Y Caravaggio?
-Vamos a ver... aquí pone que está en al sala 6. Según sale de esta sala, a la izquierda. Tercera sala.
-¿Y...?
Y... me marché mientras buscaba otro cuadro en el plano para preguntarme. Vale, estamos para ayudar en lo que se pueda, pero no podemos perder tiempo en indicar dónde están todos los cuadros, porque mientras lo hacemos, alguien puede hacer cualquier cosa a una pintura y nosotros no darnos cuenta. Y nuestro principal trabajo no es ser un punto de información, que lo tenemos que ser, pero escuetos, sino que es velar por la seguridad de las obras de arte expuestas en las salas a nuestro cargo.
¡Ah! Sobre el tema de las fotografías me pasaron dos cosas curiosas... por llamarlas de alguna manera, claro.
-Perdone pero no se puede grabar en el Museo.
-No estoy grabando a las obras, estoy grabando a los niños.
-Ya, pero está grabando y está prohibido hacerlo dentro del Museo.
Por no decirle que su niño, por el mero hecho de que le estaban grabando, casi toda un cuadro. Pero, bueno, a veces viene bien callarse algo, porque al final, el vigilante es un intransigente y un mal educado.
Lo que sí fue gracioso, querido Diario, es que vi a dos chicas, jóvenes, de unos dieciocho años haciéndose un selfie.
-Perdonen,...
-Sorry.
-... no se puede hacer fotos.
O sea, que me pedís disculpas sin saber qué os voy a decir. Eso solo significa una cosa, que sabíais que no se podía hacer fotos y que os he pillado con las manos en la masa... digo... en la cámara. Luego me estuve riendo por dentro un buen rato por la cara que pusieron cuando me acerqué a ellas.
Bueno, te voy a hacer una pregunta, querido Diario, a ver si la aciertas... ¿Cuántas esculturas de El Greco tiene el Museo? Me refiero no a las esculturas sobre El Greco, sino a las que él hizo, las que él talló.
Ehhh!!! Te he pillado. Esta es una de las preguntas que cayeron en el examen de la oposición. Pues la respuesta es... dos.
Cuando las ves, al primer impacto, te crees que son Adán y Eva, pero qué pintaba Adán con un gorrito en la cabeza y una especie de jarrón en la mano. Por lo menos uno de los dos tendría que tener una manzana. Pues no la tienen porque no son ellos, sino Epimeteo y Pandora. Estas esculturas de madera policromada las hizo Doménikos Theotokópoulos, más conocido por El Greco, entre los años 1600 y 1610. Son relativamente pequeñas... Adán... digo... Epimeteo mide 44 centímetros de altura y Pandora es más pequeña, de 43 centímetros.
¿Que quiénes son estos buenos señores? La verdad es que es un señor y una señora... y pareja con una hija.
Según la mitología griega, Epimeteo era hermano de Prometeo. Los dos actuaban como benefactores de la humanidad. Prometeo era ingenioso e inteligente y Epimeteo, nuestro protagonista, se le representaba como el tonto de los dos. Epimeteo se unió a Pandora y tuvieron una hija, Pirra, que unida a Deucalión fueron los padres del género humano después del gran diluvio.
Pero, entre nosotros, querido Diario, se conoce algo más a Pandora que a su pareja. Y es que según el libro "Trabajos y días", del poeta Hesíodo, los hombres eran libres de fatigas y enfermedades, pero Pandora abrió un ánfora que contenía todos los males, liberando todas las desgracias humanas. Hesíodo dice que el ánfora se cerró justamente antes de que saliera la esperanza.
Pero hay "otra versión de los hechos", querido Diario. Y dice que en realidad, el ánfora contenía bienes y no males. Y cuando se abrió, los bienes regresaron a las mansiones de los dioses y los hombres se quedaron afligidos por los males. Y lo único que pudieron conservar era la esperanza.
Dicho lo dicho, una pregunta de Trivial puede ser: ¿Cuántas esculturas talló El Greco? Respuesta, dos.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de las esculturas Epimeteo y Pandora - 1600-1610 - de Doménikos Theotokópoulos, el Greco).
Hoy ya puedo decir que estoy de vacaciones. Pero no te preocupes porque no me voy a olvidar de ti. Lógicamente no podré contarte lo que me ha sucedido en el día, pero sí tengo muchos recuerdos anotados para ir contándotelos poco a poco.
Por ejemplo, recuerdo que hace varios días llegué cansadísimo a casa y, la verdad, no me apetecía nada escribir. Soy así de sincero.
¿Que por qué llegué cansadísimo? Pues simplemente porque me tocó de relevos, que ya te expliqué lo que eran el 2 de diciembre. Pues esta vez me tocó vigilar diecisiete salas... pero no todas a la vez, que uno puede ser bueno, pero no para tanto, jejeje.
Y entre tantas, me tocaron vigilar las de El Greco. Y estando en ellas, un señor, después de recorrer las salas, se me acercó.
-¿El Greco?
-Buenas tardes, los cuadros de El Greco están en estas tres salas.
En fin, seguramente le habrían dicho que fuera a ver a este pintor sin conocerle de nada. Porque hay que reconocer que El Greco tiene una pintura muy peculiar, como para no saber qué pinturas son suyas y cuáles no.
También te tengo que decir, querido Diario, que el Museo entrega gratuitamente unos planos para que la gente se oriente. Pero, ¿verdaderamente se orientan? Vale, entiendo que yo he estudiado delineación e interpreto los planos con mucha facilidad. Pero, una cosa es una cosa y otra cosa es otra. Es que, estando en las salas de El Greco se me acercó una chica de veintitantos años largos con el plano en la mano.
-Perdone, ¿El caballero de la mano en el pecho?
-En el plano que tiene pone que está en la sala 8B. Es esa.
-¿Y La Adoración de los pastores?
-Aquí pone que está en la sala 10B. Es aquella.
-¿Y Caravaggio?
-Vamos a ver... aquí pone que está en al sala 6. Según sale de esta sala, a la izquierda. Tercera sala.
-¿Y...?
Y... me marché mientras buscaba otro cuadro en el plano para preguntarme. Vale, estamos para ayudar en lo que se pueda, pero no podemos perder tiempo en indicar dónde están todos los cuadros, porque mientras lo hacemos, alguien puede hacer cualquier cosa a una pintura y nosotros no darnos cuenta. Y nuestro principal trabajo no es ser un punto de información, que lo tenemos que ser, pero escuetos, sino que es velar por la seguridad de las obras de arte expuestas en las salas a nuestro cargo.
¡Ah! Sobre el tema de las fotografías me pasaron dos cosas curiosas... por llamarlas de alguna manera, claro.
-Perdone pero no se puede grabar en el Museo.
-No estoy grabando a las obras, estoy grabando a los niños.
-Ya, pero está grabando y está prohibido hacerlo dentro del Museo.
Por no decirle que su niño, por el mero hecho de que le estaban grabando, casi toda un cuadro. Pero, bueno, a veces viene bien callarse algo, porque al final, el vigilante es un intransigente y un mal educado.
Lo que sí fue gracioso, querido Diario, es que vi a dos chicas, jóvenes, de unos dieciocho años haciéndose un selfie.
-Perdonen,...
-Sorry.
-... no se puede hacer fotos.
O sea, que me pedís disculpas sin saber qué os voy a decir. Eso solo significa una cosa, que sabíais que no se podía hacer fotos y que os he pillado con las manos en la masa... digo... en la cámara. Luego me estuve riendo por dentro un buen rato por la cara que pusieron cuando me acerqué a ellas.
Bueno, te voy a hacer una pregunta, querido Diario, a ver si la aciertas... ¿Cuántas esculturas de El Greco tiene el Museo? Me refiero no a las esculturas sobre El Greco, sino a las que él hizo, las que él talló.
Ehhh!!! Te he pillado. Esta es una de las preguntas que cayeron en el examen de la oposición. Pues la respuesta es... dos.
Cuando las ves, al primer impacto, te crees que son Adán y Eva, pero qué pintaba Adán con un gorrito en la cabeza y una especie de jarrón en la mano. Por lo menos uno de los dos tendría que tener una manzana. Pues no la tienen porque no son ellos, sino Epimeteo y Pandora. Estas esculturas de madera policromada las hizo Doménikos Theotokópoulos, más conocido por El Greco, entre los años 1600 y 1610. Son relativamente pequeñas... Adán... digo... Epimeteo mide 44 centímetros de altura y Pandora es más pequeña, de 43 centímetros.
¿Que quiénes son estos buenos señores? La verdad es que es un señor y una señora... y pareja con una hija.
Según la mitología griega, Epimeteo era hermano de Prometeo. Los dos actuaban como benefactores de la humanidad. Prometeo era ingenioso e inteligente y Epimeteo, nuestro protagonista, se le representaba como el tonto de los dos. Epimeteo se unió a Pandora y tuvieron una hija, Pirra, que unida a Deucalión fueron los padres del género humano después del gran diluvio.
Pero, entre nosotros, querido Diario, se conoce algo más a Pandora que a su pareja. Y es que según el libro "Trabajos y días", del poeta Hesíodo, los hombres eran libres de fatigas y enfermedades, pero Pandora abrió un ánfora que contenía todos los males, liberando todas las desgracias humanas. Hesíodo dice que el ánfora se cerró justamente antes de que saliera la esperanza.
Pero hay "otra versión de los hechos", querido Diario. Y dice que en realidad, el ánfora contenía bienes y no males. Y cuando se abrió, los bienes regresaron a las mansiones de los dioses y los hombres se quedaron afligidos por los males. Y lo único que pudieron conservar era la esperanza.
Dicho lo dicho, una pregunta de Trivial puede ser: ¿Cuántas esculturas talló El Greco? Respuesta, dos.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de las esculturas Epimeteo y Pandora - 1600-1610 - de Doménikos Theotokópoulos, el Greco).
domingo, 19 de noviembre de 2017
Querido Diario, 19 de noviembre de 2017
Querido Diario:
Llevo varios días sin escribirte, pero es que llego a casa muy cansado y me cuesta ponerme a escribir. Pero de hoy no pasa porque hoy hemos tenido... ¡¡¡FIEEEESSSSTTTTAAAA!!!
Hoy era el "cumpleaños" del Museo del Prado. Se inauguró el 19 de noviembre de 1819, por tanto hoy ha cumplido 198 añitos. Y, lo mejor, para celebrarlo qué mejor que hacer que el día sea... de entrada gratuita todo el día. Y, como no, me ha tocado... la sala 12, la de las Meninas.
Lleno a tope desde el segundo minuto de abrir el Museo. ¡¡¡Qué alegría!!!
Hoy, y no te exagero, querido Diario, habré dicho más de cien veces que no se podían hacer fotos.
-No se puede hacer fotos, por favor.
-¡Ah! ¿Aquí tampoco puedo?
-Pues va a ser que "aquí tampoco".
Y a alguna persona se lo he tenido que decir hasta dos y tres veces.
-No se puede hacer fotos, por favor. Y ya es la segunda vez que se lo digo.
-Es que siempre me pillas.
-Gracias. Eso significa que hago bien mi trabajo.
Y he tenido que frenar muchos selfies.
-No se puede hacer fotos, por favor.
-Si es una foto a mí.
-Exacto, es una foto, aunque sea a usted.
Y una pareja femenina, haciendo una fotografía con un muñeco en primer plano y Las Meninas de fondo. Debe ser de estos "muñecos viajeros". Seguro que vemos esa foto en Facebook o Instagram... "El muñeco que viajó al Prado".
Y es que, cuando hay dos personas juntas y me miran a la vez... malo. Fotografía segura, bueno, o intento de fotografía.
Eso sí, no todo ha es malo. Lo que no está pagado es ver las caras de ilusión, de alegría, que ponen algunos visitantes cuando ven el cuadro original de Las Meninas delante de sus narices, sobre todo cuando son niños. No te puedes ni imaginas, querido Diario, lo contento que se ponen.. y nerviosos. Hoy a un niño de unos 6 años le ha tenido que parar su madre porque se lanzaba hacia el cuadro, de la emoción. Es que seguro que lo ha "estudiado" en el cole y no es lo mismo ver una fotografía que el cuadro original.
Hoy una mujer hispanoamericana se acerca a mí y me dice...
-¿Puedo hacer una panorámica de la sala desde la entrada?
-Lo siento, pero está prohibido hacer fotografías.
-Es que estoy emocionada. Es para que la gente se crea que he estado aquí, delante del cuadro.
Y es curioso, o la gente se emociona, o no lo conoce. Estando en la misma sala 12, un señor me pregunta...
-¿Dónde está la sala de Las Meninas?
-Es ese cuadro.
-¿Es ese cuadro?
Y una pareja...
-Parece que este cuadro es el más solicitado... Perdone, ¿cómo se llama este cuadro?
Sin comentarios.
Pero no todo lo malo han sido las fotos. Una mujer se ha puesto a echarse crema en las manos delante de Las Meninas. Y cuando le he dicho que se apartara, me ha mirado con cara de decir.
-¿Qué me está contando este hombre?
Y se lo he tenido que explicar...
-Si al frotarse las manos sale disparada algo de crema y va al cuadro, ¿qué hacemos?
Es que, sinceramente, hay mucha gente inconsciente, sin saber en dónde está. Imagínate, querido Diario, que tiene el bote de crema en las últimas, y cuando lo aprieta para que salga, hace una pedorreta y sale la crema a borbotones. Salpicaría al cuadro. Y si por lo menos se frotara suave, vale. Pero esta mujer se frotaba las manos a conciencia.
Pero no he tenido experiencias solo con Las Meninas. En el centro de la sala hay una escultura de bronce, con una persona desnuda tumbada boca abajo sobre una especie de cama. Pues por lo menos hoy he tenido que decir unas cinco o seis veces que no se podía tocar la escultura. Y lo curioso es que todos, todos, todos tocan la almohada. Debe ser que es para comprobar que está dura y que es toda de bronce.
Bueno, no ha pasado hoy, sino hace unos dos veranos. Un turista le dio una palmada con todas sus fuerzas en el culo y sonó un clongggggg que se oyó por toda la planta del Museo.
¡Ah! Es verdad, querido Diario, que no te lo he dicho. La escultura se llama Hermafrodito y la hizo en bronce Matteo Bonuccelli, en 1651.
El tema de Hermafrodito viene de un mito helenístico de origen oriental que habla de un joven, hijo de Hermes y Afrodita. Siendo un hermoso joven se encontraba bañándose en un lago donde vivía Salmacis, una de las ninfas de Diana, cuando ésta se enamoró locamente de él a primera vista, abrazándole con tal pasión que sus cuerpos quedaron convertidos en uno.
Por eso, si lo miras por un lado, por detrás, verás el cuerpo de una mujer. Pero si le miras por el otro lado... sorpresa.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Hermafrodito - 1652 -, de Matteo Bonuccelli, que se puede contemplar en la sala 12).
Llevo varios días sin escribirte, pero es que llego a casa muy cansado y me cuesta ponerme a escribir. Pero de hoy no pasa porque hoy hemos tenido... ¡¡¡FIEEEESSSSTTTTAAAA!!!
Hoy era el "cumpleaños" del Museo del Prado. Se inauguró el 19 de noviembre de 1819, por tanto hoy ha cumplido 198 añitos. Y, lo mejor, para celebrarlo qué mejor que hacer que el día sea... de entrada gratuita todo el día. Y, como no, me ha tocado... la sala 12, la de las Meninas.
Lleno a tope desde el segundo minuto de abrir el Museo. ¡¡¡Qué alegría!!!
Hoy, y no te exagero, querido Diario, habré dicho más de cien veces que no se podían hacer fotos.
-No se puede hacer fotos, por favor.
-¡Ah! ¿Aquí tampoco puedo?
-Pues va a ser que "aquí tampoco".
Y a alguna persona se lo he tenido que decir hasta dos y tres veces.
-No se puede hacer fotos, por favor. Y ya es la segunda vez que se lo digo.
-Es que siempre me pillas.
-Gracias. Eso significa que hago bien mi trabajo.
Y he tenido que frenar muchos selfies.
-No se puede hacer fotos, por favor.
-Si es una foto a mí.
-Exacto, es una foto, aunque sea a usted.
Y una pareja femenina, haciendo una fotografía con un muñeco en primer plano y Las Meninas de fondo. Debe ser de estos "muñecos viajeros". Seguro que vemos esa foto en Facebook o Instagram... "El muñeco que viajó al Prado".
Y es que, cuando hay dos personas juntas y me miran a la vez... malo. Fotografía segura, bueno, o intento de fotografía.
Eso sí, no todo ha es malo. Lo que no está pagado es ver las caras de ilusión, de alegría, que ponen algunos visitantes cuando ven el cuadro original de Las Meninas delante de sus narices, sobre todo cuando son niños. No te puedes ni imaginas, querido Diario, lo contento que se ponen.. y nerviosos. Hoy a un niño de unos 6 años le ha tenido que parar su madre porque se lanzaba hacia el cuadro, de la emoción. Es que seguro que lo ha "estudiado" en el cole y no es lo mismo ver una fotografía que el cuadro original.
Hoy una mujer hispanoamericana se acerca a mí y me dice...
-¿Puedo hacer una panorámica de la sala desde la entrada?
-Lo siento, pero está prohibido hacer fotografías.
-Es que estoy emocionada. Es para que la gente se crea que he estado aquí, delante del cuadro.
Y es curioso, o la gente se emociona, o no lo conoce. Estando en la misma sala 12, un señor me pregunta...
-¿Dónde está la sala de Las Meninas?
-Es ese cuadro.
-¿Es ese cuadro?
Y una pareja...
-Parece que este cuadro es el más solicitado... Perdone, ¿cómo se llama este cuadro?
Sin comentarios.
Pero no todo lo malo han sido las fotos. Una mujer se ha puesto a echarse crema en las manos delante de Las Meninas. Y cuando le he dicho que se apartara, me ha mirado con cara de decir.
-¿Qué me está contando este hombre?
Y se lo he tenido que explicar...
-Si al frotarse las manos sale disparada algo de crema y va al cuadro, ¿qué hacemos?
Es que, sinceramente, hay mucha gente inconsciente, sin saber en dónde está. Imagínate, querido Diario, que tiene el bote de crema en las últimas, y cuando lo aprieta para que salga, hace una pedorreta y sale la crema a borbotones. Salpicaría al cuadro. Y si por lo menos se frotara suave, vale. Pero esta mujer se frotaba las manos a conciencia.
Pero no he tenido experiencias solo con Las Meninas. En el centro de la sala hay una escultura de bronce, con una persona desnuda tumbada boca abajo sobre una especie de cama. Pues por lo menos hoy he tenido que decir unas cinco o seis veces que no se podía tocar la escultura. Y lo curioso es que todos, todos, todos tocan la almohada. Debe ser que es para comprobar que está dura y que es toda de bronce.
Bueno, no ha pasado hoy, sino hace unos dos veranos. Un turista le dio una palmada con todas sus fuerzas en el culo y sonó un clongggggg que se oyó por toda la planta del Museo.
¡Ah! Es verdad, querido Diario, que no te lo he dicho. La escultura se llama Hermafrodito y la hizo en bronce Matteo Bonuccelli, en 1651.
El tema de Hermafrodito viene de un mito helenístico de origen oriental que habla de un joven, hijo de Hermes y Afrodita. Siendo un hermoso joven se encontraba bañándose en un lago donde vivía Salmacis, una de las ninfas de Diana, cuando ésta se enamoró locamente de él a primera vista, abrazándole con tal pasión que sus cuerpos quedaron convertidos en uno.
Por eso, si lo miras por un lado, por detrás, verás el cuerpo de una mujer. Pero si le miras por el otro lado... sorpresa.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura Hermafrodito - 1652 -, de Matteo Bonuccelli, que se puede contemplar en la sala 12).
miércoles, 25 de octubre de 2017
Querido Diario, 25 de octubre de 2017
Querido Diario:Hoy ha sido un día muyyyy interesaaaannnnte. Lástima que por escrito no siempre se aprecie el sarcasmo. Hoy ha sido un rollo de día. Aburridísimo.
Me ha tocado vigilar el claustro de Jerónimos. Como su propio nombre indica, este claustro formaba parte del Monasterio de San Jerónimo. Este claustro fue diseñado por el arquitecto agustino Fray Lorenzo de San Nicolás, y su construcción se inició en 1672, terminándose diez años más tarde. Se realizó en granito madrileño, pero ya solo se conservan las fachadas interiores.
Cuando en el año 2000, el Ministerio de Cultura encargó al arquitecto Rafael Moneo la construcción de la ampliación del Museo del Prado, los casi tres mil bloques de piedra del claustro fueron desmantelados, restaurados y, posteriormente, montados de nuevo en su sitio. Ahí es nada.
A día de hoy, en el claustro hay siete esculturas de bulto redondo, es decir, la escultura representada en tres dimensiones. O sea, las esculturas de toda la vida. Y también alberga dos relieves en mármol.
La vigilancia de esta sala parece tranquila pero interesante a primera vista... pero hoy, no. Hoy el claustro ha permanecido cerrado porque están preparando una exposición temporal nueva. Por tanto, no se podía recibir visitas.
Entonces mi trabajo ha consistido en vigilar, cómo no, que para eso me pagan, a los operarios que preparaban la exposición, para que no dañaran ninguna escultura. Es cierto que son muy muy muy buenos profesionales y nunca ha habido ningún problema con ellos... pero, hay que estar ahí. Y mi otra misión ha consistido en frenar a los visitantes que subían por el ascensor, ya que no se podía bloquear.
Y ahí me tenías, querido Diario, plantado delante de los ascensores, esperando a los visitantes despistados y echando un ojo a los operarios. En fin, un día laaaarrrrgo, laaaarrrrgo, laaaarrrrgo.
Pero, no todo ha sido malo. Para estirar las piernas, y para observar... venga, vale, para vigilar a los operarios, de vez en cuando daba una vuelta por el claustro. Y me ha llamado la atención una escultura en particular. Era la de "La emperatriz Isabel", hecha por el escultor italiano Leone Leoni, entre los años 1550 y 1555. Es de tamaño natural. Si bien recuerdo mide 1,70 metros de altura, que restando los 10 centímetros de la base, podría ser perfectamente la altura real de la Emperatriz.
Bueno, bueno, bueno. ¡¡¡Espectacular!!! Simplemente para verla, merece la pena ir al Museo del Prado.
La emperatriz Isabel de Portugal fue la mujer, y única mujer, del rey Carlos I, que, según dice la historia, sintió por ella un profundo y verdadero amor. El problema, sobre todo para el Rey, fue que Isabel falleció con solo 36 años, en 1539.
Pero, bueno, querido Diario, la vida sigue... Once años después de fallecer, en 1550, para poder recrear la cara de la Emperatriz, Leone Leoni recurrió al retrato que le había realizado Vecellio di Gregorio Tiziano. Y, la verdad, lo copió muy bien, con el cabello recogido en una doble trenza y un traje de amplias mangas, con sobrefalda abierta por delante.
Lo que más me ha llamado la atención, aparte del minucioso trabajo de los "dibujos" del vestido, ha sido el propio vestido, sobre todo las mangas. O tenía un vestido encima de otro, o el forro de las magas era ajustado a las muñecas y luego se ampliaba hacia las mangas exteriores.
Ah, esta escultura tiene una "hermana gemela", bueno, una "sobrina gemela", pues está hecha en mármol por el hijo de Leone, Pompeo Leoni. Esta escultura de mármol también está en el claustro del Museo del Prado.
En fin, que me ha encantado la escultura de bronce de la emperatriz Isabel de Portugal.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de la escultura "La emperatriz Isabel" - 1550-1555 -, de Leone Leoni y del cuadro “La emperatriz Isabel de Portugal” -1548-, de Vecellio di Gregorio Tiziano).
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