Mostrando entradas con la etiqueta Siglo II. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siglo II. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de octubre de 2018

Querido Diario, 22 de octubre de 2018

Querido Diario:

Una de las aptitudes que debemos tener los vigilantes de salas es la paciencia, la santa paciencia. Te cuento...

Hoy, estando vigilando mis salas mensuales, la setenta y cuatro y la setenta y cinco, se me ha acercado una mujer española de unos cuarenta años y me ha preguntado...

-¿Dónde está Sorolla?

Me ha dado ganas de contestarle...

-Muerto, en el cementerio.

Pero me he reprimido y le he contestado bien...

-Por esas salas, a la izquierda.

... mientras le señalaba por dónde tenía que ir.

-¿A la derecha?

-No, a la izquierda.

-¿Al fondo?

-No, a la izquierda, por ahí.

-¿Seguro?

Al final le he dicho...

-Sígame, por favor.

... y la llevé a la puerta de la sala por donde tenía que ir...

-Por ahí.

-Ah, vale.

¡En fin! También tenemos que saber de todo un poco, aunque no respondamos toda la verdad, para no distraernos de nuestra obligación que es vigilar. Después de la mujer "despistada", se me ha acercado un americano de unos treinta y cinco años y me ha preguntado...

-¿Tú trabajas aquí?

-Sí.

-¿Por qué algunas estatuas no tienen pene?

-Uhm... porque se han roto con el paso de los años.

-Ah, claro.

Y se ha marchado.

Te he de decir, querido Diario, que esa respuesta es cierta... pero a medias. Sí, se han podido romper porque el miembro viril es una parte saliente y por tanto más frágil a la hora de romperse... en las esculturas, se entiende, jejeje. Pero existe otra respuesta. Y es que durante algunos siglos la Iglesia Católica vio en los desnudos en las esculturas griegas y romanas la decadencia moral y perversión. Por eso mando a quitarles el pene.

Pero, bueno, si te lo cuento esto, querido Diario, no es para decirte que me quedé a medias en la explicación, que lo hice, sino que me di cuenta que tenía veintitrés esculturas a mi cargo y que todas las esculturas masculinas de mis salas tienen pene y me asusté. Salí disparado a comprobar si alguna estaba rota por esa parte y, gracias a Dios, todo estaba en su sitio. Luego me di cuenta que venía de la sala cuarenta y siete y es que en esa sala sí que hay por lo menos una escultura con el pene cortado. Si bien recuerdo es Neptuno, de un Taller romano, esculpido hacia el año 135 después de Cristo.

Esto me recuerda que cuando estuve vigilando durante otro mes estas salas tuve varias anécdotas para contarte, querido Diario, sobre los penes de las esculturas.

Una de ellas fue que vi a una joven negra de unos veinte años midiendo con los dedos índice y pulgar el pene de una escultura y luego se marchó riendo. No hago más comentarios.

Pero la escultura que tuvo más fama ese mes fue Dioniso, de un Taller romano, esculpido esta vez hacia el año 150 después de Cristo.

En este caso pille a un grupito de cuatro jóvenes de unos dieciséis años, tres chicas y un chico, y una de ellas estaba tocando el miembro viril de Dioniso...

-Perdone, pero no se puede tocar las esculturas, y menos en esa parte... que se puede romper.

Ella se puso roja como un tomate y se marcharon lo más deprisa que pudieron.

Pero ahí no quedó la cosa. Ese mismo día, lo tengo anotado, un oriental adulto junto a una oriental, que no sé si eran pareja o no, hizo una foto no a la escultura entera, que sería lo normal, sino un primer plano del pene del pobre Dioniso...

-No foto, por favor.

-Ya, ya.

En fin, no quiero hacer ningún comentario, pero... me callo, querido Diario, que luego todo se sabe.

Y, como no, te voy a hablar sobre estas dos esculturas...

Neptuno es bastante grande. Mide 2,36 metros de alto. Como su propio nombre indica, representa al dios de los mares y de las aguas.

Si te fijas bien, querido Diario, se ve un delfín, que es su atributo, que le sirve de apoyo de la pesada obra de mármol. El brazo izquierdo fue restaurado en época moderna. Tendría que llevar un tridente que le servía para agitar el mar y estremecer la tierra, pero se ha perdido.

¡Ah! Y el brazo derecho también fue añadido por un restaurador, pero no se sabe si llevaba algo en la mano o no. Se sabe que otras estatuas de Neptuno llevan un pequeño delfín en esta mano, incluso cuando la escultura está sostenida por otro delfín, como es este el caso. Por eso se cree, porque no se puede afirmar con exactitud, que nuestro Neptuno podría sostener un delfín en su mano derecha.

Y a día de hoy, el Neptuno del Museo del Prado... no tiene pene.

Dioniso es más bajito que Neptuno... por lo menos en nuestras esculturas. Ésta mide 1,68 metros de altura.

Según cuenta la mitología, Dioniso era de naturaleza multiforme y tenía una vida en la tierra algo aventurera, aunque suele ser representado como un dios joven y de la edad de un adolescente, como nuestra escultura.

Si te fijas bien, querido Diario, vemos un cuerpo vigoroso pero al mismo tiempo suave.. y sin marcar el vello púbico. Tiene el pelo de la cabeza largo que le cae en dos haces de rizos por cada hombro, hacia el pecho. Y aunque no se aprecia en la fotografía que te he puesto arriba, lleva una trenza de rizos enroscados sobre la nuca. Y sobre la cabeza lleva una cinta en la frente y una corona de yedra.

Dioniso se apoya sobre una herma, y sobre la cabeza de ésta, está su manto abultado.

¿Que qué es una herma? Pues es un busto sin brazos colocado sobre un estípite... que es una pilastra con un elemento figurativo en la parte superior, en este caso, una cabeza barbuda.

El antebrazo izquierdo, que sujeta una copa llena, fue añadido en época moderna, pero el antebrazo derecho y la mano con unas uvas son los originales del año 150 después de Cristo, más o menos.

En este caso, nuestro Dioniso está representado con su don, el vino, que según las palabras de Eurípides...

"... calma el pesar de los apurados mortales y los ofrece el sueño y el olvido de los males cotidianos".

¡Ah! ¿Sabes, querido Diario? Este Dioniso fue adquirido por Velázquez en Roma para el rey Felipe IV, en su segundo viaje a Italia, en el año 1653.

Y a día de hoy, el Dioniso del Museo del Prado... tiene pene.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografías de la escultura Neptuno - hacia 135 -, de Taller romano, que se puede contemplar en la sala 47; y de la escultura Dioniso - hacia 150 -, de Taller romano, que se puede contemplar en la sala 74. Fotografías sacadas de la página web del Museo Nacional del Prado).

jueves, 25 de enero de 2018

Querido Diario, 25 de enero de 2018

Querido Diario:

Hoy me han pasado dos cosas con el tema de las fotografías que no sé cómo calificarlo.  El protagonista de la primera ha sido un hombre de unos cuarenta años, que estaba haciendo una fotografía con su móvil y me acerco...

-Perdone, pero le informo que no se puede hacer fotografías.

-Ah, no te vi.

Vamos a ver, primero, me ha hablado de "tu" cuando yo, por respeto al no conocerle, le ha hablado de "usted". Pero como eso ya no se estila, pues lo dejaré pasar. Pero por lo que no paso es que me dijera que hizo la fotografía porque no me vio, no porque estuviera prohibido. Eso da a entender que sabía la norma perfectamente, pero la cuestión es si te pilla el vigilante o no. Mal empezamos.

Pero lo que me repatea es lo que me ha pasado después. Un joven de unos veinticinco años haciendo una fotografía...

-Perdone, pero no se pueden hacer fotografías.

-Ya, ya.

Y se marchó tan tranquilo.

¿Cómo que ya, ya? Lo sabes y pasas de las normas... y, lo que es peor, de mí. Pues me toca las narices. Me puse a su lado y "le acompañé" hasta la salida de mis salas.

En fin, ya te lo he contado, querido Diario, y ya se me ha olvidado. Es lo bueno que tiene este trabajo, que no te lo llevas a casa.

Bueno, cambiando de tema, te tengo que decir, querido Diario, que no solo tenemos que saber todos los idiomas de los visitantes, según ellos, claro, sino que además tenemos que interpretar lo que nos dicen en su "perfecto" español.

Hoy un compañero, Javier, me ha comentado que le han preguntado...

-El saltimbanqui de Velázquez, ¿dónde está?

Y, claro, él se ha quedado a cuadros, nunca mejor dicho, como yo cuando me lo ha contado. Pensando, pensando, ha llegado a la conclusión que se habían confundido...

-¿No podría ser el cuadro Los zancos, de Goya? ¿O El pelele, también de Goya?

-Pues ahora que lo dice, puede que sea El pelele ese.

Caso resuelto.

Pero un caso que no sé si resolví bien yo, fue que hoy una chica americana, de unos veinte años, me ha preguntado en "perfecto" español...

-¿Un círculo... rojo... con esculturas?

Me he sonreído, y ella también, pues ha comprendido que lo que ha dicho no tenía ni pies ni cabeza... pero yo sí le he entendido.

-It's the room of the Muses. In that circular room, to the right. (Es la sala de las Musas. En esa sala redonda, a la derecha).

Si ella ha hecho el esfuerzo de hablar en español... en "su" español... olé, yo le debía corresponder y hablar en inglés... en "mi" inglés, que no sé si lo he dicho bien o no.

Y hablando de la Sala de las Musas, te tengo que decir, querido Diario, que está en una sala que no es circular, como me ha dicho la buena moza, sino que es absidal, es decir, que es casi rectangular, con tres de su lados rectos, pero cuarto lado es semicircular.

¡Ah! Y las paredes de esta Sala de las Musas son de color rojo... de un rojo chillón.

Y esta sala se llama así porque en el lado semicircular hay ocho esculturas que representan las Musas del arte. Estas eran hijas de Zeus y de Mnemosine y solían cantar juntas a los dioses del Olimpo con unas voces espectaculares. También proporcionaban inspiración divina a los poetas y a las sibilas, que eran las profetisas, las mujeres a las que se le atribuían la facultad de predecir el futuro.

Y a partir del siglo I antes de Cristo se las empezaron a relacionar cada una de las musas con un arte específico. Tenían su culto en el Museion de la Biblioteca de Alejandría. De ahí viene el término de "museo".

Ya lo sé, querido Diario. El "Museion" era la estancia del Palacio Real de Alejandría dedicado a las Musas donde los poetas, escritores y científicos vivían y trabajaban, inspirados por ellas.

Pues estas ocho esculturas de mármol se encontraron hacia el año 1500 en el escenario del Teatro de la Academia, también llamado Odeón, de la Villa de Adriana de Tívoli, una localidad que está al noreste de Roma.

Se esculpieron a finales del reinado de Adriano, entre los años 130 a 150 después de Cristo, y son de dos talleres romanos que reproducían modelos griegos del siglo II antes de Cristo.

La reina Cristina de Suecia las compró hacia el 1670 y las expuso en su palacio romano. Luego las compró el rey Felipe V y llegaron al Palacio de La Granja de San Ildefonso en el año 1725.

Como te he dicho, querido Diario, las Musas están colocadas en semicírculo en el "círculo rojo con esculturas" del Museo del Prado.

¡Ah! Antes que se me olvide, las Musas eran nueve, pero solo se encontraron ocho esculturas. Por eso, una tiene dos nombres, pues se duda a quién representa, aunque es casi seguro que es a Talía, la Musa de la Comedia.

De izquierda a derecha, son...

1.-  Clío, la Musa de la Historia
2.-  Terpsícore, la Musa de la Lírica y la Danza
3.-  Calíope, la Musa de le Épica
4.-  Urania, la Musa de la Astronomía
5.-  Erato, la Musa de la Lírica Coral
6.-  Melpómene, la Musa de la Tragedia o Talía, la Musa de la Comedia
7.-  Polimnia, la Musa de la Pantomima y la Geometría
8.-  Euterpe, la Musa de la Música de flauta.

Te he puesto a un lado, querido Diario, las fotografías de las Musas, por orden, las cuatro primeras en la parte superior, y las otras cuatro, en la parte inferior.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía de las esculturas Musas - 130-150 -, de escultor anónimo, que se puede contemplar en la Sala de las Musas).