Querido Diario:
Hoy casi me da no uno sino dos infartos. Te cuento...
Sabes que delante de las obras hay una cuerda, que se llama "catenaria", que sirve para que la gente no se acerque, sobre todo a las pinturas. Lo normal es que la gente no pase de ese límite. Y, es verdad, el cuerpo no lo pasan, pero hay una protuberancia en el cuerpo, llamada "brazo", que realmente pertenece al cuerpo, y esa sí que la pasan. Pero este no es el caso en la historia de hoy... bueno, verdaderamente es parte de la historia del día a día de nuestro trabajo, pero no te lo cuento todo para no aburrirte.
La historia de hoy empieza con que las salas que me han tocado vigilar son donde están Las Majas de Goya. Pues estaba vigilando cuando veo a una mujer italiana por dentro de la catenaria, parada, de espaldas al cuadro La condesa de Chinchón, del que te hablé el 6 de febrero...
¡¡¡SOCORRO!!! Su espalda estaba a menos de cinco centímetros del cuadro... y ella tan tranquila.
No podía avisarla de ninguna manera porque si se asustaba y se movía podía apretar con la espalda el cuadro. Lo que tuve que hacer, casi sin pensar, fue meter la mano por detrás, entre la espalda y el cuadro, y empujarla un poco hacia afuera para que se separase del cuadro, a la vez que la dirigía hacia la salida de la catenaria. Es cierto que no podemos tocar a los visitantes, como ellos tampoco deberían tocarnos, pero en este caso no tuve más remedio.
-Mi scusi, ero distratto (Disculpe, estaba distraída).
Sí, sí, si ya sé que estaba distraída y que no lo ha hecho aposta, pero el susto que me he llevado ha sido de campeonato. El corazón se me puso a mil pulsaciones.
Pero la historia no acabó ahí... no hay una sin dos.
En este caso, la cosa fue más complicada de solucionar... me encontré a una turista oriental detrás de la catenaria, parada entre dos cuadros. No podía dirigirla hacia la salida, como con la italiana, porque tendría que atravesar un cuadro, con la probabilidad de que lo tocase. Tampoco la podía decir nada porque su reacción lógica sería asustarse y "escapar" por el camino, atravesando los cuadros. Solución... sin decirla nada para que no se asustase, puse el brazo entre ella y uno de los cuadros a la vez que con la otra mano separaba el extremo de una de las cuerdas de su base vertical para crearla una salida. Y una vez en esa posición, le dije...
-Stop... go (Deténgase... pase).
... y salió como si no hubiese pasado nada. Ni me miró. Siguió tan tranquila escuchando su audioguía.
Pero, bueno, estas cosas pasan en el Museo un día sí y otro también.
Y ya que he estado en unas de las salas de Goya, te voy a hablar de unos cuadritos que me han llamado la atención... bueno, los he llamado "cuadritos", pero verdaderamente son miniaturas.
Estas miniaturas pertenecen a una serie de siete que pintó Goya en el año 1805 con motivo de la boda de su hijo Javier con Gumersinda Goicoechea. Representan a Javier de Goya y a su familia política.
Las realizó sobre cobre y son las únicas miniaturas que hizo el pintor. Se trata de un conjunto de exquisitos y expresivos retratos en los que, a pesar de su tamaño, realizó profundos estudios psicológicos.
Como te he dicho, querido Diario, se conocen siete, pero podrían haber sido diez, ya que faltan el retrato de su consuegro don Martín Miguel de Goicoechea, el padre de Gumersinda, así como el del propio Goya y el de su mujer Josefa Bayeu.
Y el Museo del Prado tiene dos miniaturas de las siete conocidas. Son la de Juana Galarza de Goicoechea y la de Manuela Goicoechea y Galarza.
Juana Galarza de Goicoechea era la esposa del comerciante de origen navarro Miguel Martín de Goicoechea, y madre de Gumersinda. Por tanto era la consuegra de Goya.
Como puedes comprobar, querido Diario, Juana está representada casi de frente, y está vestida con un traje de encaje blanco, cofia a juego y collar dorado.
Y Manuela Goicoechea y Galarza era la hija de Martín Miguel de Goicoechea y Juana Galarza. Era la hermana mayor de Gumersinda Goicoechea. Por tanto era la cuñada de Javier de Goya.
Como verás, querido Diario, Manuela está representada de perfil, y está vestida con otro un traje de encaje blanco, cofia a juego y collar de perlas... o por lo menos eso parece. Cuando la pintó Goya, nuestra Manuela tenía 20 años.
Se casó con Francisco Muguiro e Iribarren, hermano de Juan Bautista Muguiro, retratado por Goya en Burdeos, del que te hablé el 1 de enero. Por causa de la represión de Fernando VII, Manuela y su marido Francisco se establecieron en Burdeos en 1824, donde falleció en 1858.
Ah, que se me olvidaba.. las dos miniaturas miden solamente 8,1 centímetros de diámetro, cada una, claro.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de las miniaturas Juana Galarza de Goicoechea y Manuela Goicoechea y Galarza - 1805 -, de Francisco de Goya y Lucientes, que se pueden contemplar en la sala 37).
Otra manera de conocer el Museo del Prado desde dentro...
Mostrando entradas con la etiqueta Goya. Mostrar todas las entradas
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lunes, 11 de junio de 2018
miércoles, 28 de marzo de 2018
Querido Diario, 28 de marzo de 2018
Querido Diario:
Hoy, con tu permiso, no me voy a dirigir a ti solo, sino que te quiero aprovechar para comunicarme con los cotillas que te leen a hurtadillas. Ya ves, han encontrado en mi escondite secreto donde te tengo guardado y...
Pero no me importa. Es más, me gusta que te lean.
Bueno, ahora me dirijo a ti, querido cotilla. Ante todo te quiero decir que cuando os llamo así, lo hago con todo el respeto y cariño que os merecéis. ¿Por qué os llamo así? Pues simplemente porque habitualmente un diario se escribe para uno mismo y los que leen ese diario serían unos cotillas. Como este querido Diario es público, lo podéis leer abiertamente... pero seguís siendo unos cotillas, jejeje.
En fin, dicho esto, ahora os quiero comentar una cosa...
En España existe, entre otros, claro, un periódico diario gratuito en papel, y también digital. Se llama "20 minutos" y todos los años hacen un concurso de blogs que se llama "Premios 20Blogs" y está dividido en varias categorías. Y, cómo no, he apuntado a mi querido Diario, que también es vuestro, a este concurso. Lo he hecho en la categoría de "Cultura, Música y Tendencias" porque era la más se asemejaba a lo que yo escribo.
Y como buen concurso, el participante quiere ganar...
Por eso ahora os quiero hacer partícipes de ese premio. Para ganar lo que se tiene que conseguir son votos. Por eso os pido que me echéis una mano... si queréis, claro. Lo único que tenéis que hacer es entrar en este enlace... Diario de un vigilante de sala del Museo del Prado y votar por mi blog. Creo que hay que ser usuario de esa página de 20 minutos. No pasa nada. Si queréis, podéis haceros usuarios por medio de vuestra cuenta en Facebook, votar, y luego eliminaros como usuarios. Así de sencillo.
Os podéis identificar como usuarios en Facebook en este enlace... Identificación.
Os prometo que si gano... como si pierdo, seguiré escribiendo en este querido Diario mientras pueda. Y lo prometido es deuda.
Muchas gracias por apoyarme.
¡Ah! Y ya que estáis registrados como usuarios, podéis, si queréis, claro, votar por otro blog que tengo y que lo he presentado a otra categoría. Se llama Efemérides Complutenses y trata de la historia de mi ciudad, Alcalá de Henares, contada día a día por medio de efemérides. En este caso he presentado este blog en la categoría "Tu ciudad".
¡Ah! Os informo que solo se puede votar una vez y termina el plazo el 11 de abril de 2018. Conque, si queréis y podéis ayudarme, hacedlo rápido, que luego se nos olvida...
Repito, muchas gracias por todo.
Y como estoy hablando de juegos, qué te parece, querido Diario, y qué os parece, queridos cotillas, si os hablo de un cuadro de esta temática.
Pues te voy a hablar del cuadro El juego de pelota a pala, y lo pintó Francisco de Goya y Lucientes en el año 1779.
Es un cartón para luego hacer un tapiz que estaba destinado para decorar el paño de pared más importante del dormitorio de los Príncipes de Asturias, que eran el futuro Carlos IV y su mujer María Luisa de Parma, en el Palacio de El Pardo. En un principio no era este tapiz el que iba a ir al dormitorio, sino el de El ciego de la guitarra, pero al final este fue "desterrado" y acabó en el antedormitorio de los Príncipes.
Este cartón de El juego de pelota a pala, es muy curioso por la gran cantidad de figuras humanas que incluye... dos parejas de jugadores, ocupando cada uno su posición en el juego, ya que estos eran delantero, central y zaguero, y más de veinticinco hombres de todas las edades mirando el juego en varios grupos y en distintas actitudes.
¿Sabes, querido Diario? Estos juegos de pelota eran de origen francés y se popularizaron en España, sobre todo en el País Vasco, donde, por aquella época, cada pueblo tenía su frontón.
En este cartón, Goya quiso representar un momento concreto del juego. Yo no soy muy experto, pero según me han contado, es cuando la pelota ha alcanzado la "chaza", que es el lugar donde se detiene la pelota antes de que llegue a la raya señalada para ganar. Y uno de los asistentes que está en primer plano, el que tiene una chaqueta rosa y pantalones azules, está señalando.
Bueno, querido Diario, queridos cotillas, espero que os haya gustado lo que os he contado...
Si es así, votadme, jajaja.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía del cuadro El juego de pelota a pala - 1779 -, de Grancisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 91).
Hoy, con tu permiso, no me voy a dirigir a ti solo, sino que te quiero aprovechar para comunicarme con los cotillas que te leen a hurtadillas. Ya ves, han encontrado en mi escondite secreto donde te tengo guardado y...
Pero no me importa. Es más, me gusta que te lean.
Bueno, ahora me dirijo a ti, querido cotilla. Ante todo te quiero decir que cuando os llamo así, lo hago con todo el respeto y cariño que os merecéis. ¿Por qué os llamo así? Pues simplemente porque habitualmente un diario se escribe para uno mismo y los que leen ese diario serían unos cotillas. Como este querido Diario es público, lo podéis leer abiertamente... pero seguís siendo unos cotillas, jejeje.
En fin, dicho esto, ahora os quiero comentar una cosa...
En España existe, entre otros, claro, un periódico diario gratuito en papel, y también digital. Se llama "20 minutos" y todos los años hacen un concurso de blogs que se llama "Premios 20Blogs" y está dividido en varias categorías. Y, cómo no, he apuntado a mi querido Diario, que también es vuestro, a este concurso. Lo he hecho en la categoría de "Cultura, Música y Tendencias" porque era la más se asemejaba a lo que yo escribo.
Y como buen concurso, el participante quiere ganar...
Por eso ahora os quiero hacer partícipes de ese premio. Para ganar lo que se tiene que conseguir son votos. Por eso os pido que me echéis una mano... si queréis, claro. Lo único que tenéis que hacer es entrar en este enlace... Diario de un vigilante de sala del Museo del Prado y votar por mi blog. Creo que hay que ser usuario de esa página de 20 minutos. No pasa nada. Si queréis, podéis haceros usuarios por medio de vuestra cuenta en Facebook, votar, y luego eliminaros como usuarios. Así de sencillo.
Os podéis identificar como usuarios en Facebook en este enlace... Identificación.
Os prometo que si gano... como si pierdo, seguiré escribiendo en este querido Diario mientras pueda. Y lo prometido es deuda.
Muchas gracias por apoyarme.
¡Ah! Y ya que estáis registrados como usuarios, podéis, si queréis, claro, votar por otro blog que tengo y que lo he presentado a otra categoría. Se llama Efemérides Complutenses y trata de la historia de mi ciudad, Alcalá de Henares, contada día a día por medio de efemérides. En este caso he presentado este blog en la categoría "Tu ciudad".
¡Ah! Os informo que solo se puede votar una vez y termina el plazo el 11 de abril de 2018. Conque, si queréis y podéis ayudarme, hacedlo rápido, que luego se nos olvida...
Repito, muchas gracias por todo.
Y como estoy hablando de juegos, qué te parece, querido Diario, y qué os parece, queridos cotillas, si os hablo de un cuadro de esta temática.
Pues te voy a hablar del cuadro El juego de pelota a pala, y lo pintó Francisco de Goya y Lucientes en el año 1779.
Es un cartón para luego hacer un tapiz que estaba destinado para decorar el paño de pared más importante del dormitorio de los Príncipes de Asturias, que eran el futuro Carlos IV y su mujer María Luisa de Parma, en el Palacio de El Pardo. En un principio no era este tapiz el que iba a ir al dormitorio, sino el de El ciego de la guitarra, pero al final este fue "desterrado" y acabó en el antedormitorio de los Príncipes.
Este cartón de El juego de pelota a pala, es muy curioso por la gran cantidad de figuras humanas que incluye... dos parejas de jugadores, ocupando cada uno su posición en el juego, ya que estos eran delantero, central y zaguero, y más de veinticinco hombres de todas las edades mirando el juego en varios grupos y en distintas actitudes.
¿Sabes, querido Diario? Estos juegos de pelota eran de origen francés y se popularizaron en España, sobre todo en el País Vasco, donde, por aquella época, cada pueblo tenía su frontón.
En este cartón, Goya quiso representar un momento concreto del juego. Yo no soy muy experto, pero según me han contado, es cuando la pelota ha alcanzado la "chaza", que es el lugar donde se detiene la pelota antes de que llegue a la raya señalada para ganar. Y uno de los asistentes que está en primer plano, el que tiene una chaqueta rosa y pantalones azules, está señalando.
Bueno, querido Diario, queridos cotillas, espero que os haya gustado lo que os he contado...
Si es así, votadme, jajaja.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía del cuadro El juego de pelota a pala - 1779 -, de Grancisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 91).
domingo, 25 de marzo de 2018
Querido Diario, 25 de marzo de 2018
Querido Diario:
Ciento veintiún peldaños tiene la escalera que va desde la planta baja del Museo a la segunda, donde están las salas de los cartones de Goya y pinturas de Paret, Mengs, Bayeu, Meléndez,... entre otros. Y hoy he contado estos escalones varias veces porque me ha tocado ser relevo en esas salas de la segunda planta.
Y aunque solo subía dos plantas, ciento veintiún escalones es como subir un edificio moderno de siete plantas. Qué tipito se me va a quedar si sigo así, jejeje.
Y pensando esta tarde qué contarte, querido Diario, he decidido proponerte un juego contigo y con los queridos cotillas que nos leen a hurtadillas. Y es el siguiente...
Os voy a poner dos cuadros y vosotros tenéis que encontrar las cinco diferencias.
Uno de los cuadros se titula Riña de gatos, y lo pintó Francisco de Goya y Lucientes en 1786. El otro se titula Pelea de gatos en una despensa, y lo pintó Paul de Vos entre los años 1630 y 1640.
Riña de gatos es un cartón encargado entre los años 1786 y 1787. El tapiz resultante formaba parte de los que iban a decorar el comedor de los Príncipes de Asturias, que eran el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma, en el palacio de El Pardo.
Por la forma del cartón, estrecho y alargado, y por su forzada perspectiva de abajo a arriba, se sabe que su destino era la decoración de una sobreventana. Formaba pareja con una escena con vuelos de pájaros. Ese segundo cartón se ha perdido y solo se conoce por el tapiz resultante.
La serie de tapices que iba a decorar ese comedor consistía en las Cuatro Estaciones y otras escenas campestres, descritas como "pinturas de asuntos jocosos y agradables".
Estos tapices no llegaron a colgarse en su destino porque en diciembre de 1788 murió el rey Carlos III, y su sucesor, su hijo Carlos IV no se interesó en decorar ese palacio.
Y sobre Pelea de gatos en una despensa os puedo decir, querido Diario y queridos cotillas, que las escenas de riñas de animales en interiores de las casas eran habituales en la pintura flamenca de mediados del siglo XVII.
Los estudiosos del tema dicen que "estas pinturas eran interpretadas como alusiones morales al abandono de las responsabilidades y la plasmación de sus consecuencias"... ahí lo dejo.
El flamenco Paul de Vos siguió la estela de su cuñado, el pintor Frans Snyders, y le copió varios cuadros de bodegones y de peleas de animales, repitiendo incluso las mismas estructuras en la composición y los modelos, pero con un resultado más delicado y con sombreados más cálidos.
Este cuadro de Pelea de gatos en una despensa se citó por primera vez en 1746 en la colección de la reina Isabel Farnesio.
Bueno, querido Diario y queridos cotillas, ¿habéis encontrado las cinco diferencias?
¿Cuál te gusta más... mejor dicho... cuál os gusta más? Yo no digo nada, que después todo se sabe.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de los cuadros Riña de gatos - 1786 -, de Francisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 85 y Pelea de gatos en una despensa - 1630 y 1640 -, de Paul de Vos , que se puede contemplar en la sala 16B).
Ciento veintiún peldaños tiene la escalera que va desde la planta baja del Museo a la segunda, donde están las salas de los cartones de Goya y pinturas de Paret, Mengs, Bayeu, Meléndez,... entre otros. Y hoy he contado estos escalones varias veces porque me ha tocado ser relevo en esas salas de la segunda planta.
Y aunque solo subía dos plantas, ciento veintiún escalones es como subir un edificio moderno de siete plantas. Qué tipito se me va a quedar si sigo así, jejeje.
Y pensando esta tarde qué contarte, querido Diario, he decidido proponerte un juego contigo y con los queridos cotillas que nos leen a hurtadillas. Y es el siguiente...
Os voy a poner dos cuadros y vosotros tenéis que encontrar las cinco diferencias.
Uno de los cuadros se titula Riña de gatos, y lo pintó Francisco de Goya y Lucientes en 1786. El otro se titula Pelea de gatos en una despensa, y lo pintó Paul de Vos entre los años 1630 y 1640.
Riña de gatos es un cartón encargado entre los años 1786 y 1787. El tapiz resultante formaba parte de los que iban a decorar el comedor de los Príncipes de Asturias, que eran el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma, en el palacio de El Pardo.
Por la forma del cartón, estrecho y alargado, y por su forzada perspectiva de abajo a arriba, se sabe que su destino era la decoración de una sobreventana. Formaba pareja con una escena con vuelos de pájaros. Ese segundo cartón se ha perdido y solo se conoce por el tapiz resultante.
La serie de tapices que iba a decorar ese comedor consistía en las Cuatro Estaciones y otras escenas campestres, descritas como "pinturas de asuntos jocosos y agradables".
Estos tapices no llegaron a colgarse en su destino porque en diciembre de 1788 murió el rey Carlos III, y su sucesor, su hijo Carlos IV no se interesó en decorar ese palacio.
Y sobre Pelea de gatos en una despensa os puedo decir, querido Diario y queridos cotillas, que las escenas de riñas de animales en interiores de las casas eran habituales en la pintura flamenca de mediados del siglo XVII.
Los estudiosos del tema dicen que "estas pinturas eran interpretadas como alusiones morales al abandono de las responsabilidades y la plasmación de sus consecuencias"... ahí lo dejo.
El flamenco Paul de Vos siguió la estela de su cuñado, el pintor Frans Snyders, y le copió varios cuadros de bodegones y de peleas de animales, repitiendo incluso las mismas estructuras en la composición y los modelos, pero con un resultado más delicado y con sombreados más cálidos.
Este cuadro de Pelea de gatos en una despensa se citó por primera vez en 1746 en la colección de la reina Isabel Farnesio.
Bueno, querido Diario y queridos cotillas, ¿habéis encontrado las cinco diferencias?
¿Cuál te gusta más... mejor dicho... cuál os gusta más? Yo no digo nada, que después todo se sabe.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de los cuadros Riña de gatos - 1786 -, de Francisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 85 y Pelea de gatos en una despensa - 1630 y 1640 -, de Paul de Vos , que se puede contemplar en la sala 16B).
domingo, 11 de febrero de 2018
Querido Diario, 11 de febrero de 2018
Querido Diario:
No te lo vas a imaginar... ¿A que no sabes qué salas me han tocado vigilar hoy? ¡Ah! Pues sí, has acertado... unas salas de Goya. Ya te dije el 9 de febrero que este mes he debido coger un bono especial de vigilante de Goya. Pero, en fin, lo importante es trabajar. Y que no falte.
Hoy ha sido un caos. Muchísima gente, muchísimos grupos, muchísimos grupos de orientales, muchísimos fotógrafos "despistados" e "ignorantes" de la norma de no poder hacer fotos en el Museo, muchísimas manos con planos, bolígrafos y patillas de las gafas señalando los cuadros,... ¡¡¡Socorro!!!
Cuando han sonado los timbres para empezar el desalojo, mis salas parecían la calle Gran Vía de Madrid, en hora punta.
Pero no me puedo quejar, que me he pasado cinco minutos riéndome de lo que ha dicho con rotundidad una madre a su hijo al entrar en una de mis salas...
-Mira, esta es la "sala oscura".
Buena mujer, sala oscura, lo que se dice sala oscura, va a ser que no. Es cierto que hace tiempo tenía una iluminación más puntual sobre los cuadros y menos ambiental. Pero la modificaron y subieron de intensidad la de ambiente. Y ya no está tan "oscura".
¿No será, querida visitante madre, que te referías a que esa era la sala de las Pinturas Negras? Venga, vale, "oscura" y "negras" tienen algo de parecido, más o menos. A partir de ahora, denominaremos "sala oscura" a las Pinturas Negras de Goya, jejeje.
¿Y sabes, querido Diario, qué cuadro es el Top 10 de esta sala, el que tiene más éxito? Pues el que desgraciadamente tiene más éxito, porque es el más fotografiado, es Saturno, que pintó Goya entre 1820 y 1823 en la Quinta del Sordo, la casa de campo a las afueras de Madrid, junto al río Manzanares, que adquirió en 1819.
Ah, ¿sabes que la Quinta del Sordo ya se llamaba así antes que Goya la comprase? Por tanto tengo que desmitificar el mito de que se llamaba así por Goya, que aunque sordo, el nombre de la quinta se referiría a otro sordo.
Y volviendo al cuadro, que me enrollo más que las persianas, sí, Saturno es más fotografiado que Antonio Banderas en un photocall.
¿Que cuál es la historia de Saturno y por qué es tan repugnante esa pintura? Te cuento... Ovidio la describe en los Fastos en el libro IV. Y dice que Saturno, queriendo saber la estabilidad de su Reino, tuvo por respuesta de un Oráculo que un hijo suyo le arrancaría el cetro. Y él, temeroso de su descendencia, la iba devorando según iba saliendo de las entrañas de su mujer Rea. Cuando nació Júpiter, una piedra que estaba oculta en la ropa de la madre penetró en la garganta del dios Saturno y éste se pensó que se había comido a un hijo más. Así fue burlado por el destino.
Una vez adulto, Júpiter hizo la guerra a su tío Titán, el hermano mayor de su padre Saturno, derrotándolo y devolvió el imperio del cielo a su padre. Entonces, Saturno trató de matar a su hijo Júpiter, pero este le venció y se apoderó del imperio del cielo.
No te lo vas a imaginar... ¿A que no sabes qué salas me han tocado vigilar hoy? ¡Ah! Pues sí, has acertado... unas salas de Goya. Ya te dije el 9 de febrero que este mes he debido coger un bono especial de vigilante de Goya. Pero, en fin, lo importante es trabajar. Y que no falte.
Hoy ha sido un caos. Muchísima gente, muchísimos grupos, muchísimos grupos de orientales, muchísimos fotógrafos "despistados" e "ignorantes" de la norma de no poder hacer fotos en el Museo, muchísimas manos con planos, bolígrafos y patillas de las gafas señalando los cuadros,... ¡¡¡Socorro!!!
Cuando han sonado los timbres para empezar el desalojo, mis salas parecían la calle Gran Vía de Madrid, en hora punta.
Pero no me puedo quejar, que me he pasado cinco minutos riéndome de lo que ha dicho con rotundidad una madre a su hijo al entrar en una de mis salas...
-Mira, esta es la "sala oscura".
Buena mujer, sala oscura, lo que se dice sala oscura, va a ser que no. Es cierto que hace tiempo tenía una iluminación más puntual sobre los cuadros y menos ambiental. Pero la modificaron y subieron de intensidad la de ambiente. Y ya no está tan "oscura".
¿No será, querida visitante madre, que te referías a que esa era la sala de las Pinturas Negras? Venga, vale, "oscura" y "negras" tienen algo de parecido, más o menos. A partir de ahora, denominaremos "sala oscura" a las Pinturas Negras de Goya, jejeje.
¿Y sabes, querido Diario, qué cuadro es el Top 10 de esta sala, el que tiene más éxito? Pues el que desgraciadamente tiene más éxito, porque es el más fotografiado, es Saturno, que pintó Goya entre 1820 y 1823 en la Quinta del Sordo, la casa de campo a las afueras de Madrid, junto al río Manzanares, que adquirió en 1819.
Ah, ¿sabes que la Quinta del Sordo ya se llamaba así antes que Goya la comprase? Por tanto tengo que desmitificar el mito de que se llamaba así por Goya, que aunque sordo, el nombre de la quinta se referiría a otro sordo.
Y volviendo al cuadro, que me enrollo más que las persianas, sí, Saturno es más fotografiado que Antonio Banderas en un photocall.
¿Que cuál es la historia de Saturno y por qué es tan repugnante esa pintura? Te cuento... Ovidio la describe en los Fastos en el libro IV. Y dice que Saturno, queriendo saber la estabilidad de su Reino, tuvo por respuesta de un Oráculo que un hijo suyo le arrancaría el cetro. Y él, temeroso de su descendencia, la iba devorando según iba saliendo de las entrañas de su mujer Rea. Cuando nació Júpiter, una piedra que estaba oculta en la ropa de la madre penetró en la garganta del dios Saturno y éste se pensó que se había comido a un hijo más. Así fue burlado por el destino.
Una vez adulto, Júpiter hizo la guerra a su tío Titán, el hermano mayor de su padre Saturno, derrotándolo y devolvió el imperio del cielo a su padre. Entonces, Saturno trató de matar a su hijo Júpiter, pero este le venció y se apoderó del imperio del cielo.
Bueno, esta es la historia de Saturno, pero, volviendo al cuadro de Goya, recuerdo que ya te conté el 22 de octubre de 2017 que Goya pintó catorce escenas en las paredes de su Quinta. Y una de estas Pinturas Negras es nuestro Saturno.
Si bien recuerdo, nunca te he ocultado, querido Diario, que Goya no me gusta. Y esta pintura no iba a ser menos. Por eso te he pegado a un lado la fotografía de este cuadro y de otro, que me gusta más. Se titula Saturno devorando a un hijo, que se han roto la cabeza pensando en el título, y lo pintó Pedro Pablo Rubens entre los años 1636 y 1638.
Este es más realista... más sanguinario... más asqueroso... me gusta más, jajaja.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de los cuadros Saturno - 1820-1823 -, de Francisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 617; y Saturno devorando a un hijo - 1636-1638 -, de Pedro Pablo Rubens, que se puede contemplar en la sala 29).
(Fotografía de los cuadros Saturno - 1820-1823 -, de Francisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 617; y Saturno devorando a un hijo - 1636-1638 -, de Pedro Pablo Rubens, que se puede contemplar en la sala 29).
viernes, 9 de febrero de 2018
Querido Diario, 9 de febrero de 2018
Querido Diario:
Debe ser que este mes he cogido un bono especial de vigilante de Goya, ya que hoy también me ha tocado vigilar las salas de Goya. Y ni más ni menos que doce salas. Venga, sí, no de golpe, que era Relevo, pero han sido doce... ¡¡¡Con lo que me gusta este pintor!!!
Vale, es cierto que no me gusta Goya, pero de vez en cuando tengo que ironizar un poco, que no me quiero desesperar.
Y, la verdad, no tengo nada curioso que contarte hoy, querido Diario. Bueno, sí. Que me he acordado de la primera vez que fui a estas salas y me planté delante del cuadro La pradera de San Isidro, que pintó Goya allá por el año 1788. Impresionante... es un cuadro genial, pero una "birria".
A ver, déjame que me explique... ¿Cuánto crees que mide este cuadro?
Pues no. Es más pequeño. La verdad es que yo, cuando lo veía en fotografía, en los libros de arte, pensaba que sería inmenso, de dos o tres metros de largo. Pues no, es una "ridiculez" de cuadro... referente al tamaño, se entiende. Mide solamente 90,8 x 41,9 centímetros... menos de un metro de largo. Es de los pocos cuadros de Goya que me gustan, pero hay que reconocer que me decepcionó un poco... no... un mucho en lo referente al tamaño.
Pero, en fin, todo tiene su explicación. Ya te conté el 27 de diciembre de 2017 que en 1787 Goya recibió el encargo de pintar cinco cartones para decorar el dormitorio de las Infantas, las hijas del futuro Carlos IV y María Luisa de Parma, en el Palacio de El Pardo en Madrid.
Pero con la muerte del rey Carlos III en diciembre del año siguiente se interrumpió el proyecto, ya que su sucesor, Carlos IV, prefirió acudir a otros Sitios Reales, como el Palacio de La Granja, el Palacio de Aranjuez o El Escorial. Y por tanto, la decoración del Palacio de El Pardo no entraba dentro de sus preferencias.
Por eso, cuando se paralizó el proyecto, Goya había pintado los cinco bocetos pero solo un cartón, el de La gallina ciega. Y el Museo del Prado tiene tres de los cinco bocetos. Y uno de ellos es nuestro cuadro La pradera de San Isidro. Es decir, que nuestro maravilloso cuadro, y esta vez lo de "maravilloso" lo digo de corazón, es un boceto. Por tanto es lógico que tenga ese tamaño tan pequeño... porque tendría que existir otro cuadro, un cartón, mucho más grande. Pero nos quedaremos con las ganas, porque me da la impresión que Goya ya no lo va a pintar.
Sobre el cuadro tengo que decirte, querido Diario, que se ve la Pradera de San Isidro, esa zona de Madrid que está situada entre la ermita de San Isidro y el río Manzanares. Y se aprecia perfectamente la ciudad al fondo.
Y es muy curioso, ya que se reconocen dos monumentos principales de la villa... el Palacio Real, que está en el centro, tirando un poco a la izquierda, y la gran cúpula de la iglesia de San Francisco el Grande, que también está en el centro, pero esta vez tirando a la derecha.
Y además se ve a la gente que está disfrutando de un día en el prado, durante la fiesta de San Isidro Labrador, el patrono de Madrid, que se celebra el día 15 de mayo.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía del cuadro La pradera de San Isidro - 1788 -, de Francisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 94).
Debe ser que este mes he cogido un bono especial de vigilante de Goya, ya que hoy también me ha tocado vigilar las salas de Goya. Y ni más ni menos que doce salas. Venga, sí, no de golpe, que era Relevo, pero han sido doce... ¡¡¡Con lo que me gusta este pintor!!!
Vale, es cierto que no me gusta Goya, pero de vez en cuando tengo que ironizar un poco, que no me quiero desesperar.
Y, la verdad, no tengo nada curioso que contarte hoy, querido Diario. Bueno, sí. Que me he acordado de la primera vez que fui a estas salas y me planté delante del cuadro La pradera de San Isidro, que pintó Goya allá por el año 1788. Impresionante... es un cuadro genial, pero una "birria".
A ver, déjame que me explique... ¿Cuánto crees que mide este cuadro?
Pues no. Es más pequeño. La verdad es que yo, cuando lo veía en fotografía, en los libros de arte, pensaba que sería inmenso, de dos o tres metros de largo. Pues no, es una "ridiculez" de cuadro... referente al tamaño, se entiende. Mide solamente 90,8 x 41,9 centímetros... menos de un metro de largo. Es de los pocos cuadros de Goya que me gustan, pero hay que reconocer que me decepcionó un poco... no... un mucho en lo referente al tamaño.
Pero, en fin, todo tiene su explicación. Ya te conté el 27 de diciembre de 2017 que en 1787 Goya recibió el encargo de pintar cinco cartones para decorar el dormitorio de las Infantas, las hijas del futuro Carlos IV y María Luisa de Parma, en el Palacio de El Pardo en Madrid.
Pero con la muerte del rey Carlos III en diciembre del año siguiente se interrumpió el proyecto, ya que su sucesor, Carlos IV, prefirió acudir a otros Sitios Reales, como el Palacio de La Granja, el Palacio de Aranjuez o El Escorial. Y por tanto, la decoración del Palacio de El Pardo no entraba dentro de sus preferencias.
Por eso, cuando se paralizó el proyecto, Goya había pintado los cinco bocetos pero solo un cartón, el de La gallina ciega. Y el Museo del Prado tiene tres de los cinco bocetos. Y uno de ellos es nuestro cuadro La pradera de San Isidro. Es decir, que nuestro maravilloso cuadro, y esta vez lo de "maravilloso" lo digo de corazón, es un boceto. Por tanto es lógico que tenga ese tamaño tan pequeño... porque tendría que existir otro cuadro, un cartón, mucho más grande. Pero nos quedaremos con las ganas, porque me da la impresión que Goya ya no lo va a pintar.
Sobre el cuadro tengo que decirte, querido Diario, que se ve la Pradera de San Isidro, esa zona de Madrid que está situada entre la ermita de San Isidro y el río Manzanares. Y se aprecia perfectamente la ciudad al fondo.
Y es muy curioso, ya que se reconocen dos monumentos principales de la villa... el Palacio Real, que está en el centro, tirando un poco a la izquierda, y la gran cúpula de la iglesia de San Francisco el Grande, que también está en el centro, pero esta vez tirando a la derecha.
Y además se ve a la gente que está disfrutando de un día en el prado, durante la fiesta de San Isidro Labrador, el patrono de Madrid, que se celebra el día 15 de mayo.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía del cuadro La pradera de San Isidro - 1788 -, de Francisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 94).
martes, 6 de febrero de 2018
Querido Diario, 6 de febrero de 2018
Hoy me ha tocado vigilar cuatro salas de Goya, para ser más exacto, donde están las Majas. Ha sido un día tranquilo y no tengo nada que contarte sobre él. Pero sí me ha hecho recordar una cosa que me pasó hace un par de semanas.
Te cuento... estaba yo en la sala de la maqueta, sí, la que estuve el mes pasado entero y casi busco una argolla para ahorcarme de propio aburrimiento...
A lo que iba, que me pierdo... estaba yo en la sala de la maqueta cuando una mujer se me acercó y me preguntó...
-Perdone, ¿le puedo hacer una pregunta?
-Sí, claro. Para eso estamos.
Bueno, estamos para eso y para más cosas. Pero eso no se lo digo.
-¿Sabe si hay algún retrato de Godoy en el Museo del Prado?
Me sonaba que no, pero, la verdad, no estaba muy seguro.
-Información, ¿me recibe?
-Te recibimos perfectamente, porque si no, no te responderíamos.
Yo intentando ponerme serio por el tema del protocolo y los de información... como motos. Es que dicen que la vida es muy seria y que hay que darle un punto de humor. Y sinceramente, tienen razón.
-Una visitante me pregunta si hay expuesto en el Museo algún retrato de Godoy. Creo que no, pero quiero que me lo confirméis.
-Espera que lo consultemos... mantente a la escucha. No cuelgues.
Hombre, bueno, en este caso era mujer... colgar un walkie, va a ser que no, jejeje.
-No, no tenemos ningún retrato de Godoy.
-Recibido. Gracias.
-Las que tú tienes.
Y es que los de Información siempre tienen que decir la última palabra.
Y siguiendo con el relato de la mujer, se lo comuniqué y se marcho tan tranquila. Bueno, tranquila no es la palabra... mejor, resignada.
Y al cabo de una hora, más o menos, volvió la mujer...
-¿Sabe? Me he acordado de usted y he venido a contárselo. Hay un retrato de Godoy en el Museo, en el cuadro La condesa de Chinchón...
Bueno, esto tengo que aclarártelo, querido Diario, que no quiero que veas fantasmas donde no los hay...
María Teresa de Borbón y Vallabriga era hija del infante don Luis Antonio de Borbón, hermano del rey Carlos III, y de María Teresa de Vallabriga y Rozas, dama de la baja nobleza aragonesa.
Cuando tenía cinco años, fue enviada con su hermana al convento de San Clemente de Toledo, de donde salió, con dieciséis años, para casarse con Godoy, en octubre de 1797. El matrimonio lo decidió el ya rey Carlos IV. Así, elevaban a Godoy, su hombre de confianza, al emparentarle con la casa real.
Con esta boda, María Teresa de Borbón y Vallabriga recibió los títulos de Marquesa de Boadilla del Monte y Condesa de Chinchón.
Realmente Godoy aseguró en sus Memorias que no había deseado el matrimonio, pero que había obedecido al Rey "con igual lealtad y sumisión que en los demás actos de mi vida".
Y volviendo al cuadro La condesa de Chinchón, Goya lo pintó en el mes de abril de 1800.
Se puede apreciar que María Teresa estaba embarazada, después de dos embarazos anteriores frustrados. Bueno, lo de los dos embarazos anteriores no se puede apreciar en el cuadro, lógicamente, pero era un dato que me ha parecido bien dártelo, querido Diario.
En fin, que en octubre de ese año, 1800, nació la niña Carlota Joaquina, que fue apadrinada por los reyes.
Y volviendo a la pintura, la condesa viste un vestido de gasa blanca decorada con pequeñas flores. Y tiene en la cabeza un tocado con espigas de trigo, según la moda de los adornos femeninos de aquella época, que solían incluir flores y frutos. Pero en este caso tiene un porqué, pues es un símbolo de la fecundidad, ya que las fiestas a la diosa Ceres se celebraban en la antigua Roma precisamente en el mes de abril... cuando se pintó el cuadro. ¡¡¡Todo encaja!!!
Si te fijas bien, querido Diario, María Teresa lleva en la mano izquierda una sortija. Y si te fijas algo más, verás que tiene una pincelada central, resaltando el brillo del diamante.
Y si te fijas un poco más, en la mano derecha, sobre el dedo corazón, tiene otra sortija con la miniatura de un retrato masculino, que luce la banda azul de la orden de Carlos III, aunque está muy abocetado... el retrato de Godoy... el retrato de nuestro Godoy... el retrato que la visitante encontró y que quiso compartirlo conmigo... y que ahora lo comparto contigo, querido Diario, y con los cotillas que nos leen a hurtadillas.
Gracias, querida visitante.
¡Ah! Antes de terminar te quiero contar, querido Diario, que este cuadro La condesa de Chinchón fue pintado encima de un lienzo ya utilizado por Goya. Es que este buen hombre no tiraba nada a la basura. ¿Y sabes qué cuadro está debajo de la capa de color beige rosado, utilizada como preparación del retrato final de la condesa de Chinchón? Pues un retrato... de Godoy.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía del cuadro La condesa de Chinchón - 1800 -, de Francisco de Goya y Lucientes).
lunes, 1 de enero de 2018
Querido Diario, 1 de enero de 2018
Querido Diario:
Ayer, 31 de diciembre, fue mi primer día de trabajo después de un tiempo de vacaciones. Menos mal que fue media jornada, pues estuvo abarrotado de gente. Seguro que la gente que vino a Madrid a celebrar las campanadas de fin de año en la plaza de la Puerta del Sol decidieron pasar la mañana en el Museo. Si no, no me explico de dónde salió tanta gente.
Sí, querido Diario, fue solamente media jornada. El Museo tiene tres días al año de media jornada, el 6 de enero, el 24 y el 31 de diciembre. Y tiene otros tres días que cierra, el 1 de enero, por ser el primer día del año, el 1 de mayo, por ser el día del trabajador, y el 25 de diciembre, por ser Navidad.
Después de unos días de vacaciones, ya echaba de menos los grupos de orientales en masa; los visitantes que tienen que leer las cartelas con el dedo en el texto, a 10 centímetros del cuadro; los fotógrafos "despistados" y los fotógrafos del móvil con la cámara de fotos colgada al cuello; el niño sentado en el banco de la sala, jugando a matar marcianitos en el móvil, en vez de disfrutar de los cuadros; el visitante que se suena la nariz delante del cuadro, cosa fisiológica normal, pero... apártate del cuadro, que alguna vez que otra nos hemos encontrado algún moco en un cuadro, cosa que ya te contaré en su día, querido Diario; la señora que se pinta los labios delante del cuadro, con la posibilidad de que le den un golpe y pinte también los labios de La lechera de Burdeos; el visitante...
Y es que, como era el último día del año, me tocaron las salas de la última época de Goya. Es decir, El 2 de mayo de 1808 en Madrid, también conocido por La lucha con los mamelucos, El 3 de mayo en Madrid, llamado también Los fusilamientos, las Pinturas Negras y los últimos cuadros del pintor.
Lógicamente también vigilé el último cuadro que pintó Goya, que, por cierto, pasa muy desapercibido, ya que está junto a La lechera de Burdeos, que está muy bien, y le quita toda la atención de los visitante, y, de lo que es más doloroso, de los guías turísticos de los grupos.
En un principio te iba a pegar a un lado, querido Diario, la fotografía de estos dos cuadros, pero he decidido que no, que no quiero ser como esos guías y le quiero dar la importancia que tiene al último cuadro de Goya... sin desmerecer el valor de La lechera de Burdeos, claro.
Sí, ya sé que estoy hablando mucho del último cuadro que pintó Goya y que todavía no te he dicho cuál es. Es para darle algo de intriga al momento, jejeje.
Bueno, te lo diré. Se titula Juan Bautista Muguiro, así de simple, y lo pintó en mayo de 1827, cuando Goya tenía, ni más ni menos, 81 años. Ahí es nada.
Te contaré, querido Diario, que Juan Bautista de Muguiro e Iribarren, que había nacido en Navarra en 1786, fue banquero en Madrid y apoyó al rey José Bonaparte. Se sabe que en mayo de 1826 viajó a Burdeos para reunirse con su hermano. Y como Goya estaba en esa ciudad y eran amigos, pues coincidieron... y le hizo un retrato dos meses antes de que Muguiro dejara Burdeos.
Juan Bautista de Muguiro aparece sentado junto a la mesa de trabajo, con papeles y una escribanía de plata, sosteniendo una carta con su mano derecha.
Se aprecia que Goya ya era muy mayor para pintar porque las pinceladas seguras han desaparecido y ahora se las ve quebradas, temblorosas y difusas. Es lógico, tenía 81 años. Pero hay que decir que lo que podría ser un defecto en otros, se convierte aquí en sublimación abstracta de la materia...
Uhm... me explico, ¿verdad?... pues que para recrear los papeles o el tintero solo utiliza destellos de color. O para el respaldo de la silla o del amarillo tapizado del asiento, son suficientes restregones de pincel, sin que le sea necesaria la definición de la forma al modo tradicional. Resumiendo, tengo que decirte que aunque Goya no me guste, he de reconocer que era un genio.
¡Ah! Que se me olvidaba... en la falda de la mesa hay una inscripción, que tiene toda la pinta del mundo de que él no la escribió, porque tiene una caligrafía demasiado clara para un anciano de 81 años. Y en ella pone...
D.n Juan de Muguiro, por
su amigo Goya, á los
81. años, en Burdeos,
Mayo de 1827.
Ahí lo dejo, querido Diario.
P.D.: Otra cosa que se me olvidaba... Que hoy es 1 de enero y no puedo dejar de pasar la oportunidad, si me lo permites, querido Diario, de desear a nuestros "cotillas" que te leen a hurtadillas que el año nuevo que hoy empieza nos traiga ilusión, amor, salud y trabajo. Y que todos nuestros deseos se cumplan.
(Fotografía del cuadro Juan Bautista Muguiro - 1827 -, de Francisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 66).
Ayer, 31 de diciembre, fue mi primer día de trabajo después de un tiempo de vacaciones. Menos mal que fue media jornada, pues estuvo abarrotado de gente. Seguro que la gente que vino a Madrid a celebrar las campanadas de fin de año en la plaza de la Puerta del Sol decidieron pasar la mañana en el Museo. Si no, no me explico de dónde salió tanta gente.
Sí, querido Diario, fue solamente media jornada. El Museo tiene tres días al año de media jornada, el 6 de enero, el 24 y el 31 de diciembre. Y tiene otros tres días que cierra, el 1 de enero, por ser el primer día del año, el 1 de mayo, por ser el día del trabajador, y el 25 de diciembre, por ser Navidad.
Después de unos días de vacaciones, ya echaba de menos los grupos de orientales en masa; los visitantes que tienen que leer las cartelas con el dedo en el texto, a 10 centímetros del cuadro; los fotógrafos "despistados" y los fotógrafos del móvil con la cámara de fotos colgada al cuello; el niño sentado en el banco de la sala, jugando a matar marcianitos en el móvil, en vez de disfrutar de los cuadros; el visitante que se suena la nariz delante del cuadro, cosa fisiológica normal, pero... apártate del cuadro, que alguna vez que otra nos hemos encontrado algún moco en un cuadro, cosa que ya te contaré en su día, querido Diario; la señora que se pinta los labios delante del cuadro, con la posibilidad de que le den un golpe y pinte también los labios de La lechera de Burdeos; el visitante...
Y es que, como era el último día del año, me tocaron las salas de la última época de Goya. Es decir, El 2 de mayo de 1808 en Madrid, también conocido por La lucha con los mamelucos, El 3 de mayo en Madrid, llamado también Los fusilamientos, las Pinturas Negras y los últimos cuadros del pintor.
Lógicamente también vigilé el último cuadro que pintó Goya, que, por cierto, pasa muy desapercibido, ya que está junto a La lechera de Burdeos, que está muy bien, y le quita toda la atención de los visitante, y, de lo que es más doloroso, de los guías turísticos de los grupos.
En un principio te iba a pegar a un lado, querido Diario, la fotografía de estos dos cuadros, pero he decidido que no, que no quiero ser como esos guías y le quiero dar la importancia que tiene al último cuadro de Goya... sin desmerecer el valor de La lechera de Burdeos, claro.
Sí, ya sé que estoy hablando mucho del último cuadro que pintó Goya y que todavía no te he dicho cuál es. Es para darle algo de intriga al momento, jejeje.
Bueno, te lo diré. Se titula Juan Bautista Muguiro, así de simple, y lo pintó en mayo de 1827, cuando Goya tenía, ni más ni menos, 81 años. Ahí es nada.
Te contaré, querido Diario, que Juan Bautista de Muguiro e Iribarren, que había nacido en Navarra en 1786, fue banquero en Madrid y apoyó al rey José Bonaparte. Se sabe que en mayo de 1826 viajó a Burdeos para reunirse con su hermano. Y como Goya estaba en esa ciudad y eran amigos, pues coincidieron... y le hizo un retrato dos meses antes de que Muguiro dejara Burdeos.
Juan Bautista de Muguiro aparece sentado junto a la mesa de trabajo, con papeles y una escribanía de plata, sosteniendo una carta con su mano derecha.
Se aprecia que Goya ya era muy mayor para pintar porque las pinceladas seguras han desaparecido y ahora se las ve quebradas, temblorosas y difusas. Es lógico, tenía 81 años. Pero hay que decir que lo que podría ser un defecto en otros, se convierte aquí en sublimación abstracta de la materia...
Uhm... me explico, ¿verdad?... pues que para recrear los papeles o el tintero solo utiliza destellos de color. O para el respaldo de la silla o del amarillo tapizado del asiento, son suficientes restregones de pincel, sin que le sea necesaria la definición de la forma al modo tradicional. Resumiendo, tengo que decirte que aunque Goya no me guste, he de reconocer que era un genio.
¡Ah! Que se me olvidaba... en la falda de la mesa hay una inscripción, que tiene toda la pinta del mundo de que él no la escribió, porque tiene una caligrafía demasiado clara para un anciano de 81 años. Y en ella pone...
D.n Juan de Muguiro, por
su amigo Goya, á los
81. años, en Burdeos,
Mayo de 1827.
Ahí lo dejo, querido Diario.
P.D.: Otra cosa que se me olvidaba... Que hoy es 1 de enero y no puedo dejar de pasar la oportunidad, si me lo permites, querido Diario, de desear a nuestros "cotillas" que te leen a hurtadillas que el año nuevo que hoy empieza nos traiga ilusión, amor, salud y trabajo. Y que todos nuestros deseos se cumplan.
(Fotografía del cuadro Juan Bautista Muguiro - 1827 -, de Francisco de Goya y Lucientes, que se puede contemplar en la sala 66).
miércoles, 27 de diciembre de 2017
Querido Diario, 27 de diciembre de 2017
Querido Diario:Para comprender un poco lo que te quiero contar, te tengo que decir que cada vigilante de sala tenemos un radio-transmisor, es decir, lo que siempre se ha llamado un walkie talkie, para comunicarnos entre nosotros, con nuestros jefes y con los demás departamentos del Museo. Y uno de los departamentos es el de Información. Lo normal es que los visitantes se acerquen a los mostradores de información que están en las entradas y que pregunten todo ahí. Pero, no sé por qué, estando ya en las salas es cuando se les ocurren infinidad de preguntas y no pueden esperar a llegar al mostrador de información. Y, claro, nos preguntan a nosotros, aunque no es nuestra labor primordial. Debemos atenderles, lógicamente, pero sin parar de hacer nuestro trabajo principal, que es el de vigilar y velar por la seguridad de las obras... y, como no, también la de los visitantes.
Otro misión nuestra es orientar y facilitar el público la información relativa a la ubicación de las obras y servicios del Museo. Pero nuestra misión no es ser Información en general.
Pero, bueno, como somos humanos y buenas personas, atendemos todas las dudas por igual.
Y me acuerdo que hace un mes y medio, más o menos, una compañera habló por el walkie.
-Información, ¿me recibe?
-Adelante para Información.
-Un visitante me ha dicho que en las salas donde tendrían que estar los Cartones de Goya no ha visto ninguno...
¿¿¿Ehhhh??? Todos los vigilantes nos quedamos atentos a ver qué respondían los de Información. Bueno, me lo imagino. Por lo menos yo me quedé con los ojos como platos, atento. Supongo que los demás se quedarían igual al oír eso, ya que el Museo tiene muchísimos cartones expuestos.
-Es cierto que se han llevado algún que otro cartón a Zaragoza, a una exposición temporal, pero hay Cartones, mínimo, en las salas 85, 86, 89, 90, 91 y 94.
-Dice que viene de esas salas y que no ha visto ningún Cartón de Goya.
-Dale dos opciones, que vuelva otra vez a esas salas y que se fije bien o que venga a nuestro mostrador y se lo explicamos detenidamente.
-Recibido. Gracias.
No sé qué pasó al final, si volvió a las salas del segundo piso o si fue a Información.
Pero, a ver, buen hombre... o buena mujer... señor o señora visitante, ¿qué entiendes por "cartones", de Goya o de otro pintor? Los Cartones, aunque su propio nombre lo indique, no son cartones como tales, o sea, no son de cartón, sino que son cuadros al oleo "en lienzo" que se consideran del género de pintura decorativa y que eran unos bocetos para luego tejer los tapices. Es cierto que estos bocetos fueron muy apreciados en su tiempo y se consideraron "cuadros de gabinete"... pero eran simples "cartones" para tapices.
A lo mejor el turista era inglés y leyó la información en ese idioma... y "cartones" en perfecto inglés es "cartoon", que también se puede traducir por dibujos animados, caricatura, tira cómica o dibujo cómico. Y a lo mejor el visitante se creía que tendrían que ser caricaturas, hombres y mujeres cabezones con narices y orejas grandotas, y cuerpo pequeñajo, digo yo.
En fin, querido Diario, que hemos comprobado que hay visitantes para todos los gustos y con toda clase de preguntas, algunas absurdas... desde nuestro punto de vista, claro. Pero, insisto, contestamos con toda la mayor seriedad y el mayor respeto posible, aunque nos estemos muriendo de risa por dentro.
¿Sabes? Cambiando de tema, Goya estuvo pintando cartones durante casi veinte años y los tapices, que se harían en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, estaban destinados a decorar los palacios de El Pardo y El Escorial.
El Museo tiene muchos cartones de Goya, creo recordar que más de cincuenta. Y casi todos son conocidos. Pero uno de los que que tiene más fama en las visitas es La gallina ciega, que pintó en 1788 para decorar el dormitorio de las Infantas, las hijas del futuro Carlos IV y María Luisa de Parma, en el Palacio de El Pardo en Madrid.
Curiosamente Goya recibió el encargo de pintar cinco cartones, para esta estancia, en 1787. Pero la muerte del rey Carlos III en diciembre del año siguiente interrumpió el proyecto, ya que su sucesor, Carlos IV, prefirió acudir a otros Sitios Reales, como el Palacio de La Granja, el Palacio de Aranjuez o El Escorial.
Por eso Goya pintó los cinco bocetos pero solo un cartón, este, el de La gallina ciega. Y el Museo del Prado tiene tres bocetos de los cinco, y el cartón. Los bocetos que tiene son La ermita de San Isidro el día de la fiesta, La pradera de San Isidro y, lógicamente, La gallina ciega.
Te he pegado a un lado, querido Diario, las fotografías del boceto y del cartón de esta La gallina ciega. El de arriba es el boceto, que aunque parece más grande, solo mide 41 x 44 centímetros. ¡Ah! El cartón mide "algo" más... 2,69 x 3,50 metros.
EL cuadro representa un grupo de nueve figuras, casi todas vestidas con el atuendo que era popular en aquella época, el de los majos y las majas. También vemos a una dama y a un caballero vestidos con otro porte, más elegante, al estilo francés.
Están jugando a la "gallina ciega", que es como se conoce actualmente, pero en aquella época se le llamaba el "juego del cucharón". ¿Que cómo era ese juego? Bueno, era y es, aunque ya casi no se juega... no ves que no se puede jugar con una consola. Pues ya no se juega.
En fin, sin comentarios. El juego consiste que un joven se coloca en el centro del corro, y con los ojos vendados tiene que alcanzar, con suavidad, con un cucharón a uno de sus compañeros que están alrededor. Así de sencillo.
¡Ah! Al fondo del cuadro se ve un paisaje que recuerda las orillas del río Manzanares a su paso por Madrid. Es más, en la lejanía se reconoce la sierra de Guadarrama.
Pero lo curioso, lo que se dice curioso, es una pequeña diferencia que hay entre el boceto y el cartón final. ¿Que cuál es? Piensa, piensa, querido Diario.
Bueno, como veo que no lo aprecias, te lo diré. En el boceto, detrás de la dama que va vestida elegante, a la francesa, la que tiene un sombrero con plumas, hay una figura de una dama que pintó en las dos versiones, pero que luego Goya, no se sabe por qué motivo, decidió ocultar en el cartón final. Eso sí, se transparenta su rostro... se aprecian bien los ojos y algo del cabello.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de los cuadros La gallina ciega, boceto y La gallina ciega, cartón - 1788 -, de Francisco de Goya y Lucientes).
viernes, 8 de diciembre de 2017
Querido Diario, 8 de diciembre de 2017
Querido Diario:
Hoy, es día festivo y he librado en el Museo. Para los católicos hoy es la festividad de la Inmaculada Concepción. Y este es un buen momento de hablarte de este dogma según algunos cuadros del Museo. Es que esta temática se ha repetido durante los siglos, curiosamente, sin ser dogma oficial.
El culto a la Inmaculada Concepción empezó en el siglo XVII, a raíz de una polémica entre los defensores y detractores de esta devoción mariana que tuvo lugar en Sevilla en 1616. A partir de ese momento la ciudad hispalense se convirtió en un foco de concepcionistas que se difundió poco a poco por todo el país.
Y lo curioso de todo es que se declaró Dogma de Fe más de 235 años después de esa polémica. Este Dogma fue proclamado por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, con la Bula llamada "Ineffabilis Deus".
¿Que qué significa Inmaculada Concepción? Pues es muy sencillo, querido Diario, pero a la vez lioso. Me explico... mucha gente cree que la Inmaculada Concepción se refiere a que cuando concibió a Jesús en su seno fue "sin conocer varón" y limpia de pecado, si fuese pecado concebir, claro. Pero ese no es el significado correcto. El Dogma de la Inmaculada Concepción establece que María, ella, fue concebida sin mancha de pecado original, que es muy distinto a la idea anterior.
Es más, el Papa, en su Bula con nombre complicado, lo dice claramente. Te copio el texto original para que lo comprendas mejor, querido Diario.
"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del genero humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles".
Hoy, es día festivo y he librado en el Museo. Para los católicos hoy es la festividad de la Inmaculada Concepción. Y este es un buen momento de hablarte de este dogma según algunos cuadros del Museo. Es que esta temática se ha repetido durante los siglos, curiosamente, sin ser dogma oficial.
El culto a la Inmaculada Concepción empezó en el siglo XVII, a raíz de una polémica entre los defensores y detractores de esta devoción mariana que tuvo lugar en Sevilla en 1616. A partir de ese momento la ciudad hispalense se convirtió en un foco de concepcionistas que se difundió poco a poco por todo el país.
Y lo curioso de todo es que se declaró Dogma de Fe más de 235 años después de esa polémica. Este Dogma fue proclamado por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, con la Bula llamada "Ineffabilis Deus".
¿Que qué significa Inmaculada Concepción? Pues es muy sencillo, querido Diario, pero a la vez lioso. Me explico... mucha gente cree que la Inmaculada Concepción se refiere a que cuando concibió a Jesús en su seno fue "sin conocer varón" y limpia de pecado, si fuese pecado concebir, claro. Pero ese no es el significado correcto. El Dogma de la Inmaculada Concepción establece que María, ella, fue concebida sin mancha de pecado original, que es muy distinto a la idea anterior.
Es más, el Papa, en su Bula con nombre complicado, lo dice claramente. Te copio el texto original para que lo comprendas mejor, querido Diario.
"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del genero humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles".
Bueno. Como comprobarás, querido Diario, te he puesto una fotografía con tres cuadros.
El primero se titula, como no, La Inmaculada Concepción, y lo pintó Francisco de Zurbarán entre los años 1628 y 1630. Es el cuadro más antiguo que tiene el Museo sobre esta devoción.
Se ve a una Virgen María niña y estática sobre una media luna y, curiosamente sobre lo que estamos acostumbrados a ver, no aparece rodeada de cabezas de ángeles. La Virgen está con las manos unidas en oración y rodeada por los símbolos de las letanías que recuerdan las virtudes que la acompañan. Estos símbolos son: Puerta del Cielo, Torre de David, Casa de oro, Espejo de justicia, Estrella de la mañana y un sexto que no aclaro de verlo bien.
¿Que por qué está sobre una media luna? Pues porque es una cita de la Biblia, querido Diario. Para ser más exacto, del libro del Apocalipsis, escrito por San Juan (Ap 12, 1). Y dice así:
"Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza".
Fíjate bien, querido Diario, que la Virgen, en este cuadro va vestida, no del sol, sino con una túnica rosa y un manto azul verdoso. Luego verás el porqué te digo que te fijes en este detalle. Es cierto que no va vestida del sol, pero se aprecia perfectamente que está iluminada de tal manera que parece que la Virgen misma es el propio sol.
El segundo cuadro se titula La Inmaculada del Escorial porque se pintó, como su propio nombre indica, para ser colocado en la iglesia del Monasterio del Escorial. Lo pintó Bartolomé Esteban Murillo entre los años 1660 y 1665.
En este cuadro se ve a la Virgen María joven, pero no tan niña como la de Zurbarán. Ya no tiene esos símbolos de la letanía porque los consideraba arcaizantes, es decir, antiguos. Vemos a la Virgen pisando la media luna y siendo elevada al Cielo por unos ángeles niños rodeada de una atmósfera de nubes. Este cuadro combina dos temas: la Concepción de la Virgen María y la Asunción en cuerpo y alma al Cielo. ¿Te acuerdas qué te dije el 2 de diciembre? Asunta... que es ayudada a subir al Cielo, a diferencia con la Ascensión, que es ascender "solo", sin ayuda.
Ahora fíjate en el color de la ropa de la Virgen. Ya es el que todos reconocemos, túnica blanca y manto azul. Y es que Murillo fue el que decidió e "impuso", sin saberlo ni quererlo, que las futuras Inmaculadas se pintaran con esos colores.
A Murillo de gustó mucho este tema de la Inmaculada Concepción, aparte de que lo bordaba, claro. No se sabe cuántos cuadros pintó sobre esta temática, pero sí sé que el Museo del Prado tiene cinco cuadros sobre la Inmaculada pintados por don Bartolomé Esteban... Murillo para los amigos.
A Murillo de gustó mucho este tema de la Inmaculada Concepción, aparte de que lo bordaba, claro. No se sabe cuántos cuadros pintó sobre esta temática, pero sí sé que el Museo del Prado tiene cinco cuadros sobre la Inmaculada pintados por don Bartolomé Esteban... Murillo para los amigos.
Y el tercer cuadro se titula... chan, tatachán...
-La Inmaculada Concepción.
¿Cómo lo has acertado, querido Diario? Pues sí, se titula La Inmaculada Concepción y lo pintó Francisco de Goya y Lucientes entre los años 1783 y 1784.
Sí, querido Diario, Goya también pintó temas religiosos. Este es un de ellos, pero tiene algunos cuadros más. No muchos, pero alguno. Ya te lo comentaré otro día.
Este cuadro es un boceto para más tarde pintar otro más grande para el altar mayor de la iglesia del Colegio de la Inmaculada de la Orden de Calatrava, en la Universidad de Salamanca. Pero este cuadro ya no podemos contemplar porque fue destruido en la Guerra de la Independencia, entre los años 1808 y 1812.
Vemos a la Virgen María que está rezando, como los demás cuadros, y pisando la media luna, rodeada ésta por unos ángeles. Y si te fijas bien, querido Diario, uno de los ángeles, el de nuestra izquierda, tiene en las manos un lirio, que es el símbolo de la pureza... Inmaculada... in-mácula... sin mancha.
Lo que diferencia este cuadro de los otros es que Goya pintó sobre María a Dios Padre queriendo abrazar a la Virgen, la mujer que sería, y es, madre de su hijo Jesucristo, Dios Hijo, por medio de Dios Espíritu Santo.
Vemos a la Virgen María que está rezando, como los demás cuadros, y pisando la media luna, rodeada ésta por unos ángeles. Y si te fijas bien, querido Diario, uno de los ángeles, el de nuestra izquierda, tiene en las manos un lirio, que es el símbolo de la pureza... Inmaculada... in-mácula... sin mancha.
Lo que diferencia este cuadro de los otros es que Goya pintó sobre María a Dios Padre queriendo abrazar a la Virgen, la mujer que sería, y es, madre de su hijo Jesucristo, Dios Hijo, por medio de Dios Espíritu Santo.
Y, fíjate bien, querido Diario, que lleva las ropas según marcó tendencia Murillo, como en las pasarelas de moda actuales.
Ahí lo dejo, querido Diario.
martes, 14 de noviembre de 2017
Querido Diario, 14 de noviembre de 2017
Querido Diario:
Ayer me tuve que quedar más tiempo en el Museo y llegué muy tarde a casa. Por eso no te pude contar lo que me pasó. Pero no puedo dejar pasar más tiempo sin contarte qué me sucedió.
Reconozco que en el Museo se ven visitantes "de todas las especies", diciéndolo con todo cariño y respeto. Se ven mujeres que van a patear un museo con tacones de aguja, cosa que creo que es, desde mi humilde punto de vista masculino, lo más incómodo de llevar para andar tres o cuatro horas... o simplemente una. Me parece correcto, pero incómodo.
También vi hace un mes, mas o menos, a un samurai. Sí, lo que leer, querido Diario... un samurai. Era un japonés que llevaba una falda larga, hasta los pies, de color verde oscuro y una blusa blanca de manga larga con un dragón bordado en un hombro, creo recordar que era en el derecho. Iba muy serio viendo los cuadros. Solo le faltaba la katana.
¡Ah! Vi este verano a una pareja china o japonesa, en eso me pierdo... el chico iba normal, con unos pantalones vaqueros y una camiseta negra, pero la chica iba vestida de un personaje "anime", con el pelo largo, suelto, con un lazo amarillo más grande que su cabeza, un vestido, también amarillo, con la falda que parecía una tulipa de una lámpara y unas medias de lineas horizontales, blancas, amarillas y naranjas, hasta los muslos.
Si es que hay gente "pá tó".
Pero lo que vi ayer me dejó helado... eran las 18:30, más o menos, cuando llegaron a mis salas tres visitantes, dos hombre y una mujer. No eran españoles, pero eso no importa. Lo que me llamó la atención fue que los hombre llevaban chanclas "de dedo" y la mujer tenía unos zapatos cerrados por delante, pero con los talones al aire. ¡¡¡Que estamos en pleno noviembre!!! Es cierto que este año es atípico y que no está haciendo el mismo frío que otros años, pero frío hace... y bastante y más ha esas horas que empezaba la noche.
Recuerdo que mi abuela Rogelia... sí, de los cuatro nombres que tenía, eligió para ser llamada el más feo de todos. Bueno, el más feo desde mi punto de vista. Pero, en fin, me estoy alejando del tema... como te iba diciendo, recuerdo que mi abuela Rogelia decía que los resfriados entraban por los pies. Y los dichos de las abuelas "van a misa". Nunca fallan. Por eso, pensando en ella, me quedé halado ante estos visitantes.
Entiendo que San Francisco de Asís, por su humildad y su vinculación con la pobreza, las podría llevar todo el año, como en el cuadro de Fernando Yáñez de la Almedina, pintado entre 1515 y 1525. Pero en España, sin ser santo, en pleno noviembre, con el frío que hacía en la calle a esas horas... pues no lo entiendo. Se me congelan las ideas de solo pensarlo. Por muy siberianos que sean, que no sé si lo eran o no, pero pinta tenían, no es normal llevar ese calzado en estas fechas.
Pero hablando de frío, querido Diario, el que mejor representó este estado es Francisco de Goya y Lucientes. Que yo recuerde en estos momentos, pintó dos cartones para los tapices muy representativos sobre esta temática. Uno es La nevada, también llamado El Invierno, pintado en 1786. En él se describe una fuerte ventisca que dificulta la marcha de cinco hombres, una mula de carga y un perro con el rabo entre la patas. Se ve perfectamente como cae la nieve. Ya con verlo da frío.
El otro cartón es Mujer con dos muchachos en la fuente, pintado entre los años 1786 y 1787. Recuerdo perfectamente como si fuera ayer, que, estando vigilando la sala donde está este cuadro, una guía de un grupo de orientales se me acercó, señaló este cuadro y me dijo:
-Lo que más me gusta de Goya es cómo pintaba a los niños. Si parecen reales.
Yo, la verdad, me quedé... bueno... en fin... para gustos los colores... Vale, querido Diario, ante ti reconozco en voz en grito que Goya no me gusta... ¡¡¡NADA!!! Aun así, reconozco que podría ser buen pintor. Pero que me digan que lo mejor de Goya es cómo pintaba a los niños... pues no. Eso no lo acepto.
Fíjate, querido Diario. El niño que está de frente con el abrigo verde... si tiene cara de viejete. Si parece un autorretrato del pintor, enniñecido. Si ves un retrato de Goya y lo comparas con este chavalín... si son iguales. Tienen los mismos rasgos, claro, desde mi punto de vista.
Por tanto, será muy buena guía turística, eso no lo discuto, pero de niños... no entiende.
Ahí lo dejo, querido Diario.
Ayer me tuve que quedar más tiempo en el Museo y llegué muy tarde a casa. Por eso no te pude contar lo que me pasó. Pero no puedo dejar pasar más tiempo sin contarte qué me sucedió.
Reconozco que en el Museo se ven visitantes "de todas las especies", diciéndolo con todo cariño y respeto. Se ven mujeres que van a patear un museo con tacones de aguja, cosa que creo que es, desde mi humilde punto de vista masculino, lo más incómodo de llevar para andar tres o cuatro horas... o simplemente una. Me parece correcto, pero incómodo.
También vi hace un mes, mas o menos, a un samurai. Sí, lo que leer, querido Diario... un samurai. Era un japonés que llevaba una falda larga, hasta los pies, de color verde oscuro y una blusa blanca de manga larga con un dragón bordado en un hombro, creo recordar que era en el derecho. Iba muy serio viendo los cuadros. Solo le faltaba la katana.
¡Ah! Vi este verano a una pareja china o japonesa, en eso me pierdo... el chico iba normal, con unos pantalones vaqueros y una camiseta negra, pero la chica iba vestida de un personaje "anime", con el pelo largo, suelto, con un lazo amarillo más grande que su cabeza, un vestido, también amarillo, con la falda que parecía una tulipa de una lámpara y unas medias de lineas horizontales, blancas, amarillas y naranjas, hasta los muslos.
Si es que hay gente "pá tó".
Pero lo que vi ayer me dejó helado... eran las 18:30, más o menos, cuando llegaron a mis salas tres visitantes, dos hombre y una mujer. No eran españoles, pero eso no importa. Lo que me llamó la atención fue que los hombre llevaban chanclas "de dedo" y la mujer tenía unos zapatos cerrados por delante, pero con los talones al aire. ¡¡¡Que estamos en pleno noviembre!!! Es cierto que este año es atípico y que no está haciendo el mismo frío que otros años, pero frío hace... y bastante y más ha esas horas que empezaba la noche.
Recuerdo que mi abuela Rogelia... sí, de los cuatro nombres que tenía, eligió para ser llamada el más feo de todos. Bueno, el más feo desde mi punto de vista. Pero, en fin, me estoy alejando del tema... como te iba diciendo, recuerdo que mi abuela Rogelia decía que los resfriados entraban por los pies. Y los dichos de las abuelas "van a misa". Nunca fallan. Por eso, pensando en ella, me quedé halado ante estos visitantes.
Entiendo que San Francisco de Asís, por su humildad y su vinculación con la pobreza, las podría llevar todo el año, como en el cuadro de Fernando Yáñez de la Almedina, pintado entre 1515 y 1525. Pero en España, sin ser santo, en pleno noviembre, con el frío que hacía en la calle a esas horas... pues no lo entiendo. Se me congelan las ideas de solo pensarlo. Por muy siberianos que sean, que no sé si lo eran o no, pero pinta tenían, no es normal llevar ese calzado en estas fechas.
Pero hablando de frío, querido Diario, el que mejor representó este estado es Francisco de Goya y Lucientes. Que yo recuerde en estos momentos, pintó dos cartones para los tapices muy representativos sobre esta temática. Uno es La nevada, también llamado El Invierno, pintado en 1786. En él se describe una fuerte ventisca que dificulta la marcha de cinco hombres, una mula de carga y un perro con el rabo entre la patas. Se ve perfectamente como cae la nieve. Ya con verlo da frío.
El otro cartón es Mujer con dos muchachos en la fuente, pintado entre los años 1786 y 1787. Recuerdo perfectamente como si fuera ayer, que, estando vigilando la sala donde está este cuadro, una guía de un grupo de orientales se me acercó, señaló este cuadro y me dijo:
-Lo que más me gusta de Goya es cómo pintaba a los niños. Si parecen reales.
Yo, la verdad, me quedé... bueno... en fin... para gustos los colores... Vale, querido Diario, ante ti reconozco en voz en grito que Goya no me gusta... ¡¡¡NADA!!! Aun así, reconozco que podría ser buen pintor. Pero que me digan que lo mejor de Goya es cómo pintaba a los niños... pues no. Eso no lo acepto.
Fíjate, querido Diario. El niño que está de frente con el abrigo verde... si tiene cara de viejete. Si parece un autorretrato del pintor, enniñecido. Si ves un retrato de Goya y lo comparas con este chavalín... si son iguales. Tienen los mismos rasgos, claro, desde mi punto de vista.
Por tanto, será muy buena guía turística, eso no lo discuto, pero de niños... no entiende.
Ahí lo dejo, querido Diario.
sábado, 4 de noviembre de 2017
Querido Diario, 4 de noviembre de 2017
Querido Diario:
Anteayer, estábamos unos compañeros hablando en nuestro vestuario cuando saqué el tema de este diario. Y un compañero y amigo, Alvarito,... bueno, Alvarito es un vigilante de sala que mide 1,96 metros y creo que yo soy el único que me atrevo a llamarle así. Eso sí, lo que tiene de grande lo tiene de buena persona.
En fin, que se me "va la pinza" con temas que no vienen a cuento. Como te iba diciendo, un compañero y amigo, Alvarito, comentó que un día estando en sala se le acercaron unos británicos y le preguntaron:
-¿Las pinturas mayas?
Nos comentó que se quedó "a cuadros", pensando.
-¿Las pinturas mayas? ¿Las pinturas mayas? Hombre, suelen ser de México, Guatemala, El Salvador, Belice, Honduras, Nicaragua, Costa Rica... Como no estén en el Museo de América, en la Avenida de los Reyes Católicos, de Madrid...
Cuando le repitieron la pregunta, pero esta vez con más datos.
-¿Las pinturas mayas de Goila?
-¡Ah! Las majas de Goya, la desnuda y la vestida...
-Sí, sí, eso, las pintura mayas.
-Pues están en el piso de arriba, en la primera planta, en la sala 36.
Y es que muchas veces tenemos que rompernos la cabeza para interpretar los pensamientos y, sobre todo, el lenguaje "semiespañol" de los visitantes extranjeros.
Pero por lo menos se esfuerzan, que ya tienen su mérito. No hay cosa que pero lleve que los extranjeros se crean que tenemos que dominar todos los idiomas, en especial el suyo. Y si les dices, en inglés como mucho, que no les entiendes, se enfadan contigo... y cómo se enfadan.
-Pues mire, señor, lo siento, no entiendo el ruso. En español me intento defender, y en inglés... con el inglés de Bachillerato. Pero, por lo menos, yo sí me esfuerzo en la medida de mis posibilidades.
Pero, en fin, querido Diario, ya que te he hablado de las "pinturas mayas", pues vamos a rematar el día haciendo un desaguisado estudio sobre ellas. ¿Te parece bien?
De los dos cuadros, el que primero se pintó fue La maja desnuda, entre 1797 y 1800. Se lo encargó a Goya el primer ministro Manuel Godoy, que desde 1795 se había convertido en el mecenas del pintor.
¿Que qué es un mecenas? Pues es una persona que protege y patrocina a algunos artistas.
Bueno, pues este primer cuadro es el único desnudo femenino que pintó Goya, ya que en esa época este género estaba prohibido por la Inquisición.
Este cuadro estuvo instalado en un lugar reservado del palacio del Príncipe de la Paz, o sea, de Godoy. Estaba junto a dos cuadros más de desnudos, uno atribuido a Tiziano y la Venus del espejo, de Velázquez, que actualmente se puede ver en la National Gallery de Londres.
Estos tres cuadros se los regaló la Duquesa de Alba, por eso se pensaba que la modelo de La maja desnuda podría ser ella. También se pensó que podría ser Pepita Tudó, que era la amante de Godoy. Pero a día de hoy, no se sabe a ciencia cierta quién fue la modelo.
Lo que a mí me mosquea, querido Diario, es la cabeza. A ver si a ti te pasa lo mismo... no te parece que está colocada encima de otra, como si fuese un montaje de Photoshop. Es que, como no se le ve el cuello, me parece que ocultó, o por lo menos cambió la cara. Pero que conste que esta es una apreciación mía... muy mía y solo mía.
Y sobre La maja vestida te puedo decir, querido Diario, que se pintó después, entre 1800 y 1805. El traje, la chaquetilla con adornos de madroños y la faja rosa eran típicos del atuendo de las majas madrileñas.
¡Ah! ¿Que qué eran las majas? Pues según la Real Academia de la Lengua, eran las personas de las clases populares de Madrid que en su porte, acciones y vestidos afectaba libertad y guapeza, en los siglos XVIII y XIX.
¿Sabes? En 1815 la Inquisición interrogó a Goya y le preguntaron que quién había sido la modelo y con qué motivo las pintó. El problema es que no se sabe la respuesta que dio el pintor.
Ah, se me olvidaba... los dos cuadros fueron incautados a Godoy tras su destitución en 1808, después del motín de Aranjuez, y se depositaron en la Real Academia de San Fernando. Eso, sí, solo se expuso la vestida, hasta que en 1901 pasaron al Museo del Prado.
Ahí lo dejo, querido Diario.
Anteayer, estábamos unos compañeros hablando en nuestro vestuario cuando saqué el tema de este diario. Y un compañero y amigo, Alvarito,... bueno, Alvarito es un vigilante de sala que mide 1,96 metros y creo que yo soy el único que me atrevo a llamarle así. Eso sí, lo que tiene de grande lo tiene de buena persona.
En fin, que se me "va la pinza" con temas que no vienen a cuento. Como te iba diciendo, un compañero y amigo, Alvarito, comentó que un día estando en sala se le acercaron unos británicos y le preguntaron:
-¿Las pinturas mayas?
Nos comentó que se quedó "a cuadros", pensando.
-¿Las pinturas mayas? ¿Las pinturas mayas? Hombre, suelen ser de México, Guatemala, El Salvador, Belice, Honduras, Nicaragua, Costa Rica... Como no estén en el Museo de América, en la Avenida de los Reyes Católicos, de Madrid...
Cuando le repitieron la pregunta, pero esta vez con más datos.
-¿Las pinturas mayas de Goila?
-¡Ah! Las majas de Goya, la desnuda y la vestida...
-Sí, sí, eso, las pintura mayas.
-Pues están en el piso de arriba, en la primera planta, en la sala 36.
Y es que muchas veces tenemos que rompernos la cabeza para interpretar los pensamientos y, sobre todo, el lenguaje "semiespañol" de los visitantes extranjeros.
Pero por lo menos se esfuerzan, que ya tienen su mérito. No hay cosa que pero lleve que los extranjeros se crean que tenemos que dominar todos los idiomas, en especial el suyo. Y si les dices, en inglés como mucho, que no les entiendes, se enfadan contigo... y cómo se enfadan.
-Pues mire, señor, lo siento, no entiendo el ruso. En español me intento defender, y en inglés... con el inglés de Bachillerato. Pero, por lo menos, yo sí me esfuerzo en la medida de mis posibilidades.
Pero, en fin, querido Diario, ya que te he hablado de las "pinturas mayas", pues vamos a rematar el día haciendo un desaguisado estudio sobre ellas. ¿Te parece bien?
De los dos cuadros, el que primero se pintó fue La maja desnuda, entre 1797 y 1800. Se lo encargó a Goya el primer ministro Manuel Godoy, que desde 1795 se había convertido en el mecenas del pintor.
¿Que qué es un mecenas? Pues es una persona que protege y patrocina a algunos artistas.
Bueno, pues este primer cuadro es el único desnudo femenino que pintó Goya, ya que en esa época este género estaba prohibido por la Inquisición.
Este cuadro estuvo instalado en un lugar reservado del palacio del Príncipe de la Paz, o sea, de Godoy. Estaba junto a dos cuadros más de desnudos, uno atribuido a Tiziano y la Venus del espejo, de Velázquez, que actualmente se puede ver en la National Gallery de Londres.
Estos tres cuadros se los regaló la Duquesa de Alba, por eso se pensaba que la modelo de La maja desnuda podría ser ella. También se pensó que podría ser Pepita Tudó, que era la amante de Godoy. Pero a día de hoy, no se sabe a ciencia cierta quién fue la modelo.
Lo que a mí me mosquea, querido Diario, es la cabeza. A ver si a ti te pasa lo mismo... no te parece que está colocada encima de otra, como si fuese un montaje de Photoshop. Es que, como no se le ve el cuello, me parece que ocultó, o por lo menos cambió la cara. Pero que conste que esta es una apreciación mía... muy mía y solo mía.
Y sobre La maja vestida te puedo decir, querido Diario, que se pintó después, entre 1800 y 1805. El traje, la chaquetilla con adornos de madroños y la faja rosa eran típicos del atuendo de las majas madrileñas.
¡Ah! ¿Que qué eran las majas? Pues según la Real Academia de la Lengua, eran las personas de las clases populares de Madrid que en su porte, acciones y vestidos afectaba libertad y guapeza, en los siglos XVIII y XIX.
¿Sabes? En 1815 la Inquisición interrogó a Goya y le preguntaron que quién había sido la modelo y con qué motivo las pintó. El problema es que no se sabe la respuesta que dio el pintor.
Ah, se me olvidaba... los dos cuadros fueron incautados a Godoy tras su destitución en 1808, después del motín de Aranjuez, y se depositaron en la Real Academia de San Fernando. Eso, sí, solo se expuso la vestida, hasta que en 1901 pasaron al Museo del Prado.
Ahí lo dejo, querido Diario.
domingo, 22 de octubre de 2017
Querido Diario, 22 de octubre de 2017
Querido Diario:
Hoy estoy contento. Te cuento... Después de escribirte en otro "cuaderno", llamado Facebook, he decidido comprar otro mucho más bonito. Es este blog. Lo voy a titular "Diario de un vigilante de salas del Museo del Prado". ¿Te gusta?
Bueno, te cuento lo que hice ayer, ya que hoy he librado en el Museo. Me tocó vigiar, entre otras obras, las "pinturas negras" de Goya.
Francisco de Goya compró en 1819 una casa de campo denominada, ya con anterioridad, la "Quinta del Sordo". Empezamos bien, querido Diario, toda la vida pensando que esta Quinta se llamaba así por Goya, porque estaba sordo, y ahora he leído que ya se llamaba así antes de que la comprara. ¡¡¡No te acostarás sin saber una cosa más!!!
Esta Quinta fue el sitio ideal para que diera rienda suelta, entres sus muros y sin críticos, sus creaciones más críticas. Estas pinturas negras las pintó entre 1819 y 1824, que fue el año de su marcha a Francia.
Son catorce pinturas murales, es decir, pintadas sobre las paredes. Bueno, no entiendo mucho, pero me imagino que estaban pintadas sobre unas capas de preparación encima del muro propiamente dicho. Y lo curioso es que lo que hay en el Museo del Prado son pinturas sobre lienzo.
¿¿¿Perdona???... como diría mi hija.
Sí, son pinturas arrancadas del mural y colocadas después en lienzo. Según he estado investigando, hay tres maneras de hacerlo, y tienen nombres italianos: Strappo, Stacco y Massello. Según pone en la cartela del Museo, estas se arrancaron según la técnica de Strappo, que consiste, a grandes rasgos, en limpiar el muro; luego se echa encima un fijador, que actualmente algunos restauradores utilizan “resina epoxi; más tarde se cubre la pintura con unas telas empapadas en cola orgánica caliente; cuando estás secas se separan del muro, consiguiendo que la pintura se quede “pegada” en la tela; una vez extraída la pintura, se limpia de impurezas la parte de la pintura y luego se traslada al lienzo, y con agua caliente se quita las telas y el fijador sobrante. Así se sencillo, jejeje.
¿Te ha gustado la explicación, querido Diario? La verdad es que no tenía ni idea y una compañera me lo explicó. Gracias,...
Bueno, te dejo con una de las "pinturas negras". Se titula "Perro semihundido" y estaba en la planta superior de la Quinta. Y te preguntarás, querido Diario, qué pinta el autorretrato de Leonardo da Vinci junto a él. Pues eso digo yo, jejeje. Es que, te cuento, ayer lo escuché por primera vez, y espero que por última. Fueron a mi sala un grupo pequeño de orientales. La verdad, no sé si eran japoneses, chinos o coreanos. Todavía no los sé distinguir. Bueno, pues la guía de este grupo de orientales tenía un Ipad y les enseñó al autorretrato de da Vinci y señalaba la zona superior del cuadro de Goya. Como hablaba en perfecto oriental, no entendí ni papa, pero cuando terminó la explicación y le pregunté que qué tenía que ver el Leonardo con el perro semihundido de Goya. Y me dijo que el autorretrato de da Vinci se puede distinguir en la parte de arriba, en la parte amarilla del cuadro de Goya.
Querido Diario, no sé cuántas fotos hicieron en la sala, pero te prometo que me quedé un buen rato mirando el cuadro, buscando a Leonardo, entrecerrando los ojos para ver algo... y nada. Fui incapaz de ver a Leonardo da Vinci en el cuadro "Perro semihundido" de Francisco de Goya.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de los cuadros Perro semihundido - 1820-1823 -, de Francisco de Goya, que se puede contemplar en la sala 67, y Autorretrato - hacia 1513 -, de Leonardo da Vinci).
Hoy estoy contento. Te cuento... Después de escribirte en otro "cuaderno", llamado Facebook, he decidido comprar otro mucho más bonito. Es este blog. Lo voy a titular "Diario de un vigilante de salas del Museo del Prado". ¿Te gusta?
Bueno, te cuento lo que hice ayer, ya que hoy he librado en el Museo. Me tocó vigiar, entre otras obras, las "pinturas negras" de Goya.
Francisco de Goya compró en 1819 una casa de campo denominada, ya con anterioridad, la "Quinta del Sordo". Empezamos bien, querido Diario, toda la vida pensando que esta Quinta se llamaba así por Goya, porque estaba sordo, y ahora he leído que ya se llamaba así antes de que la comprara. ¡¡¡No te acostarás sin saber una cosa más!!!
Esta Quinta fue el sitio ideal para que diera rienda suelta, entres sus muros y sin críticos, sus creaciones más críticas. Estas pinturas negras las pintó entre 1819 y 1824, que fue el año de su marcha a Francia.
Son catorce pinturas murales, es decir, pintadas sobre las paredes. Bueno, no entiendo mucho, pero me imagino que estaban pintadas sobre unas capas de preparación encima del muro propiamente dicho. Y lo curioso es que lo que hay en el Museo del Prado son pinturas sobre lienzo.
¿¿¿Perdona???... como diría mi hija.
Sí, son pinturas arrancadas del mural y colocadas después en lienzo. Según he estado investigando, hay tres maneras de hacerlo, y tienen nombres italianos: Strappo, Stacco y Massello. Según pone en la cartela del Museo, estas se arrancaron según la técnica de Strappo, que consiste, a grandes rasgos, en limpiar el muro; luego se echa encima un fijador, que actualmente algunos restauradores utilizan “resina epoxi; más tarde se cubre la pintura con unas telas empapadas en cola orgánica caliente; cuando estás secas se separan del muro, consiguiendo que la pintura se quede “pegada” en la tela; una vez extraída la pintura, se limpia de impurezas la parte de la pintura y luego se traslada al lienzo, y con agua caliente se quita las telas y el fijador sobrante. Así se sencillo, jejeje.
¿Te ha gustado la explicación, querido Diario? La verdad es que no tenía ni idea y una compañera me lo explicó. Gracias,...
Bueno, te dejo con una de las "pinturas negras". Se titula "Perro semihundido" y estaba en la planta superior de la Quinta. Y te preguntarás, querido Diario, qué pinta el autorretrato de Leonardo da Vinci junto a él. Pues eso digo yo, jejeje. Es que, te cuento, ayer lo escuché por primera vez, y espero que por última. Fueron a mi sala un grupo pequeño de orientales. La verdad, no sé si eran japoneses, chinos o coreanos. Todavía no los sé distinguir. Bueno, pues la guía de este grupo de orientales tenía un Ipad y les enseñó al autorretrato de da Vinci y señalaba la zona superior del cuadro de Goya. Como hablaba en perfecto oriental, no entendí ni papa, pero cuando terminó la explicación y le pregunté que qué tenía que ver el Leonardo con el perro semihundido de Goya. Y me dijo que el autorretrato de da Vinci se puede distinguir en la parte de arriba, en la parte amarilla del cuadro de Goya.
Querido Diario, no sé cuántas fotos hicieron en la sala, pero te prometo que me quedé un buen rato mirando el cuadro, buscando a Leonardo, entrecerrando los ojos para ver algo... y nada. Fui incapaz de ver a Leonardo da Vinci en el cuadro "Perro semihundido" de Francisco de Goya.
Ahí lo dejo, querido Diario.
(Fotografía de los cuadros Perro semihundido - 1820-1823 -, de Francisco de Goya, que se puede contemplar en la sala 67, y Autorretrato - hacia 1513 -, de Leonardo da Vinci).
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