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jueves, 19 de julio de 2018

Querido Diario, 19 de julio de 2018

Querido Diario:

Como estoy de vacaciones en casa, ahora estoy aprovechando para estudiar de forma más intensiva la oposición... que tengo que aprobar, sí o sí. Ya es cabezonería propia.

Y como una parte del temario es "Cultura general" me he acordado de un suceso que me pasó en el Museo hace unos meses, que me confirma que tengo que tener más "cultura general", sobre todo en geografía.

Y es que estaba vigilando las salas 74 y 75, que son de Pintura española del siglo XIX y escultura "moderna", cuando se me acercó un señor y me dijo...

-Perdone, ¿le puedo hacer una pregunta?

-Sí, claro.

-¿Me puede decir dónde está Etruria?

-¿Ehhhh?

-Es que en este cuadro hablan de los reyes de Etruria.

-Pues me tiene que perdonar, pero no sé dónde está ese país.

-Gracias. No se preocupe.

Y se marchó. Yo, rápidamente, apunté el título del cuadro y el nombre del país en cuestión y cuando llegué a casa me puse a investigar... y ahora voy a intentar hacerte un resumen, querido Diario, a mi manera, claro.

Empiezo...

Etruria fue una antigua región histórica que estaba situada en el centro de Italia. Hoy comprendería parte de las regiones italianas de Toscana, Lacio y Umbría. Esta región fue dominante en la península itálica desde el año 650 antes de Cristo hasta su caída en el 509 a. C.

Los reyes etruscos conquistaron y dominaron Roma por un siglo, hasta que el último rey de Etruria, Tarquinio el Soberbio, fue expulsado y fue establecida la República Romana.

Se sabe que los etruscos fueron muy influyente en la difusión de la cultura griega en Roma, en los dioses del Olimpo y en el alfabeto latino, que fue tomado del alfabeto griego.

Pero en nuestro caso estamos hablando de un cuadro que habla de unos reyes de Etruria en el siglo XIX. ¿No te parece raro, querido Diario?

Pues sí, ya sé que es raro. Pero todo tiene una explicación...

El Reino de Etruria fue un Estado satélite que existió bajo la imposición y dominio de Napoleón Bonaparte. Pero empecemos desde el principio...

A finales del siglo XVIII la actual Italia estaba dividida en varios estados... el Reino de Cerdeña, la República de Venecia, la República de Génova, el Gran Ducado de Toscana, los Estados Pontificios, el Reino de Sicilia, entre otros.

En el marco de las Guerras revolucionarias francesas, en 1796 Napoleón Bonaparte tomó el mando del ejército francés contra los estados de la península italiana.

En 1801, con el Tratado de Lunéville, el Gran Ducado de Toscana pasó de ser del control de Austria al de Francia. Una vez eliminado el Gran Ducado, en marzo de 1801 se creó el Reino de Etruria, y en agosto de ese mismo año, Ludovico Francesco Filiberto de Borbón-Parma fue proclamado Rey de Etruria, con el nombre de Luis I.

¡Ah! Te tengo que decir, querido Diario, que este rey Luis I era también Duque de Parma y, ante todo, sobrino de la reina María Luisa de Parma, la mujer de Carlos IV de España.

El reinado de Luis I duró poco, menos de dos años, porque en mayo de 1803 Luis I murió. Le sucedió su hijo Carlos Luis de Borbón-Parma, con el nombre de Luis II de Etruria. Pero había un problemilla... Carlos Luis tenía solo cuatro años, por lo que el país estuvo bajo la regencia de su madre, la reina María Luisa de Borbón, que, por cierto, era hija de Carlos IV y María Luisa, los reyes de España.

Pero María Luisa de Borbón no fue muy de fiar para los intereses franceses, ya que durante su regencia permitió el asilo a varios enemigos de Napoleón, convirtió el país en un centro de contrabando y a la vez de intrigas inglesas contra Francia.

Solución... en diciembre de 1807, por el Tratado de Fontainebleau Francia declaró abolida la monarquía de Etruria. En 1808 el parlamento francés incorporó el territorio de ese antiguo reino a Francia y al año siguiente, en marzo de 1809, se restauró el Gran Ducado de Toscana, siendo administrado por Elisa Bonaparte, hermana menor de Napoleón.

Resumiendo, el Reino de Etruria duró solamente algo más de seis años y medio... desde marzo de 1801 a diciembre de 1807, con dos reyes, Luis I y Luis II, aunque hay que reconocer que el segundo nunca reinó.

Y ahora vamos al cuadro "culpable" de la pregunta del visitante y, por tanto, de todo este rollo que te acabo de dar, querido Diario...

Se titula Los reyes de Etruria y sus hijos, y lo pintó François-Xavier Fabre en el año 1804.

El cuadro lo pintó Fabre en Florencia y representa la familia del rey Luis I, que por cierto, había fallecido un año antes.

¿Y qué es lo que vemos? Pues a la izquierda, de pie, está Ludovico Francesco Filiberto de Borbón-Parma, es decir, Luis I. Y en el centro aparece su esposa, la reina María Luisa Josefina de Borbón, la que sería regente, y sus hijos, Carlos Luis, que en el momento que se pintó el cuadro ya era Luis II, y Luisa Carlota.

Como curiosidad, si el cuadro representa una familia antes de la muerte del padre, en este caso el rey Luis I, el niño Carlos Luis, que había nacido en 1799, tendría cuatro años. Y su hermana, Luisa Carlota, nacida en 1802, solamente un añito.

Si te fijas bien, querido Diario, el rey está vestido con el uniforme de Capitán general y sobre él ostenta, colgado del cuello, el Toisón de Oro. También lleva la Cruz de Santiago, una gran cruz y su banda de la Orden de Carlos III y tres grandes cruces más, la de Saint Ésprit de Francia, San Genaro y San Fernando de las Dos Sicilias.

Le reina, que está sentada en un sillón, luce la venera del Águila y la Estrella de Isabel de Austria y la Orden femenina de María Luisa, al igual que su hija Luisa Carlota, que está sobre las rodillas de su madre.

Y el príncipe Carlos Luis, tiene, al igual que su padre, el Toisón de Oro y la gran cruz y banda de la Orden de Carlos III.

Y otra curiosidad, tanto el padre como el hijo llevan una espada atada al cinto. Representa el poder... aunque poder, lo que se dice poder, tuvieron poco, ya que siempre estuvieron bajo la supervisión de Napoleón Bonaparte.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro Los reyes de Etruria y sus hijos - 1804 -, de François-Xavier Fabre, que se puede contemplar en la sala 75).

miércoles, 17 de enero de 2018

Querido Diario, 17 de enero de 2018

Querido Diario:

Ayer llegué muy cansado a casa y no tuve fuerzas para ponerme delante del ordenador a escribirte. Por eso lo hago ahora, aunque hoy no trabaje.

Y es que ayer fue un día muy insulso. Hubo muy poca gente y poco que contar. Como algo curioso, simplemente te puedo decir que media hora antes de empezar a desalojar el Museo, se sentaron una familia de coreanos en una de mis salas. Eso, sí, era una familia muy peculiar... La niña, de unos tres añitos, estaba sentada en una sillita de paseo, con un iPad viendo unos dibujos animados de unos animalitos. El padre, con su móvil, jugando a crear una granja o un pueblo, no lo sé bien. Es que no controlo esos juegos. Y la madre, empezó viendo un plano del Museo, hasta que se lo aprendió, digo yo. Luego se puso a ver cómo jugaba su marido hasta que, casi al final, sacó del bolso su móvil y se puso a jugar al mismo juego que su marido. Y los tres sin hablar entre ellos. Hasta que los tuve que informar que el Museo estaba cerrado y que tenían que desalojar la sala.

Ya ves, querido Diario, media hora, en el Museo del Prado, perdida jugando con el móvil y no disfrutando del arte. Como siempre digo, hay gente "pá" tó".

Bueno, no todo fue aburrimiento. Al principio me pegué un susto de los grandes. Te cuento... unas de las funciones del vigilante de sala es, tanto al entrar a trabajar como al terminar la jornada, realizar el control numérico de las obras de arte de cada sala que tenemos asignadas y examinarlas para confirmar que están en correcto estado. Y si vemos algún defecto o alguna anomalía se lo tenemos que comunicar a nuestros jefes.

Y yo, cuando estaba haciendo la "requisa" de entrada... ¡Ah! Requisa es como llamamos a ese control y examen de las obras de arte.

A lo que iba... cuando estaba haciendo la requisa de entrada, llego al cuadro Venus curando a Eneas, que pintó el francés Merry-Joseph Blondel entre los años 1805 y 1810, y... ¡¡¡Horror!!! En la pierna de Eneas hay un arañazo.

-¿La pierna de Eneas?

Pues sí, querido Diario. El cuadro describe un pasaje de La Eneida, de Virgilio... Eneas fue gravemente herido durante su lucha contra Turno y recibió en secreto la visita de su madre, Venus, para sanarle. Mientras el héroe era atendido por el anciano Yápige, la diosa, que estaba escondida entre oscuras nubes para no ser descubierta, le curó. Tras la intervención divina, el héroe dió muerte a su enemigo, Turno. Así terminó esta epopeya narrada en La Eneida.

Y siguiendo con mi historia en el Museo...

-Un arañazo. ¡¡¡No puede ser!!!

Y yo mirando, remirando, agachándome para ver si ese arañazo estaba por debajo del barniz, y eso significaría que ya estaba restaurado de esa manera,... y nada. Yo pensando que tendría que decírselo a mis jefes para que lo mirasen. Y si verdaderamente estaba rayado, que dieran aviso al Departamento de Restauración para que lo arreglasen.

Pues en mi descanso me acerco al despacho de nuestros jefes y se lo digo al Encargado General de los vigilantes, que es el jefe superior de nuestros jefes. Me tranquiliza y me dice que luego irá a verlo.

Pues ya estando otra vez en mi sala, llega el Encargado, en este caso era Encargada, se lo muestro, y empezamos a analizar el arañazo.

-Pues sí, parece un arañazo.

Y le saca una fotografía para luego estudiarlo bien ante el ordenador, mirando la base de datos. En estas que le comento...

-La verdad es que lo miro todos los días y no me he dado cuenta si estaba ese arañazo o no. Me llama la atención que aquí, en la tela roja, hay unas marcas de pintura como si se hubiese corrido la pintura que representa el agua. Pero, si este arañazo es un trazo de de pintura, no tiene sentido.

En ese momento la Encargada se me quedó mirando y dijo...

-¿Cómo que no tiene sentido? Ya lo he descubierto. No es un arañazo, sino una pincelada. Es el borde del agua. Si te fijas bien, Eneas está herido sobre una capa que está en un riachuelo. La capa está medio sumergida en el agua. El pintor... ¿cómo se llama?... Merry-Joseph Blondel ha representado el borde del agua con las líneas que me has comentado. Y lo de la pierna es también el borde del agua. Tiene la pierna medio hundida en el agua.

¡¡¡Caso resuelto!!!

Y es verdad, querido Diario. Cuando ya cerramos el Museo, mientras esperaba a mis jefes para entregarles el parte del día, después de hacer la última requisa, me puse a analizar este cuadro.

Le tuve que mirar muchas veces hasta que vi que en la parte de arriba del tobillo se ve la curva del agua que le hace en la pierna. Lo tuve que mirar desde la derecha, casi paralelo al cuadro para ver perfectamente el agua en la pierna.

Y es más, los dos dedos "pulgares" de los pies están de otro color, más oscuros... porque están fuera del agua.

Que susto me dio, pero, por suerte, solo fue un susto y no pasó a más.

¡Ah! Antes que se me olvide... ¿Sabes, querido Diario, que en el Titanic, ese barco que se hundió al chocar con un iceberg en la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912, había un cuadro de nuestro pintor Merry-Joseph Blondel y que, lógicamente, nunca se recuperó? Pues sí, se titulaba La Circassienne au Bain, que también era conocido como La Bañista. El empresario sueco Björnström-Steffansson consiguió escapar con vida de esa tragedia, pero no pudo salvar su valioso cuadro.

Ahí lo dejo, querido Diario.

(Fotografía del cuadro Venus curando a Enea - 1805-1810 -, de Merry-Joseph Blondel, que se puede contemplar en la sala 75).